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Cementerio de la loma

3 de Febrero de 2020 18:15

El origen del cementerio de La Loma, la otra ciudad

Conocé la historia del cementerio de La Loma.

Por Magalí Golfieri, especial para 0223

Visitar un cementerio es en ocasiones la mejor manera de conocer una ciudad: al indagar en el desarrollo histórico y cultural de los espacios dedicados a la muerte vemos que su construcción tiene más que ver con la visión que una determinada comunidad tiene sobre la vida que con su final.

¿Pero qué leer en una necrópolis? La respuesta sería otro interrogante: ¿qué no leer? Los cementerios, al igual que las ciudades, son conjuntos monumentales; es decir, el monumento principal (la ciudad) está compuesto por otros monumentos o elementos culturales que se interrelacionan delimitando la identidad particular del conjunto en sí, como por ejemplo, el paisaje, la arquitectura y la gastronomía.

En el caso de los cementerios, podemos citar también a la arquitectura y el paisaje, aunque también entran en juego la escultura funeraria así como la simbología, la escritura (epitafios) y los personajes históricos, entre otros factores. Al igual que pasa en la ciudad de los vivos, en la de los muertos hay una idea detrás de cada elemento material. Nada se construye por casualidad.

En el caso de Mar del Plata, el desarrollo de los espacios funerarios muestran los cambios de ideas sobre el rol que el pueblo/ciudad debía cumplir para la comunidad. El desarrollo de las costumbres mortuorias en el territorio que hoy ocupa la localidad tiene una historia muy amplia y diversa que comienza con los primeros pobladores de la zona.

Entierros en viviendas y un camposanto en la Capilla Santa Cecilia

Mar del Plata se funda en el año 1874. Su cercanía a la estancia Laguna de los Padres, -propiedad por ese entonces de la familia Zubiaurre-, el saladero y el muelle/puerto de Cohello de Meirelles la convertían en el emplazamiento ideal  del pueblo pampeano marítimo y por eso la economía se planificó centrada en la exportación portuaria de los productos.

Además del saladero y el puerto, existían otras dos construcciones de carácter social o comunitario en la zona: la fonda del huevo -primera casa de pensión y centro de reunión- y la capilla de Santa Cecilia, construida en 1873 y considerada el “punto cero” en la diagramación del plano de la ciudad. Allí también funcionó el primer lugar funerario “oficial” del pueblo. Entonces, los cementerios cumplían un rol higiénico ya que de su correcto emplazamiento y diseño dependía, en gran medida,  la supervivencia de la comunidad.  De esta manera, pensar una ciudad o un pueblo implicaba planificar un cementerio, lo cual iba de la mano con las políticas sociales iniciadas a partir de la Real cédula de Carlos III, en 1778.

Por otra parte, centralizar el espacio para los muertos definía el carácter urbano de una zona que se había ido poblando de forma espontánea a lo largo de los años. En otras palabras: establecer un lugar para el descanso final de los antepasados le daba una “mayor credibilidad” e, incluso, un impulso a la creación de la ciudad de los vivos.

La actitud no planificada de la población queda en evidencia con las modalidades de entierro en los inicios del pueblo: se inhumaban a los fallecidos en los patios de las casas, en terrenos de estancias y en las serranías. Estas costumbres salen a la luz tras la fundación de Mar del Plata y la Comuna resuelve el 24 de marzo de 1881 abrir otra sección detrás de la capilla Santa Cecilia y cercarla con alambre. Además, por ordenanza, se prohíbe el entierro de cadáveres en terrenos particulares.

Los primeros habitantes de la villa fueron sepultados en el camposanto de la capilla de Santa Cecilia y aunque no se conoce con precisión entre qué fechas funcionó, se estima que fue utilizado, por lo menos, hasta apertura del cementerio municipal.

 

El Cementerio de La Loma

Cuando se funda el cementerio municipal, los restos sepultados en el camposanto de Santa Cecilia se trasladan al de la Loma y esos se debe a dos razones fundamentales: una científica y otra ideológica.  En el primer caso, la loma de Santa Cecilia que antes estaba muy alejada del paisaje urbano, ahora se empezaba a incorporar progresivamente y, en consecuencia, la necrópolis dejaría de cumplir uno de los requisitos fundamentales de la planificación higienista de la época: estar alejada de la ciudad.

Por otro lado los camposantos eran cementerios católicos, lo que contradecía la idea de un estado laico que entendía que todos los muertos, independientemente de sus creencias en vida, merecían un espacio de descanso y memoria.

Así, la construcción de la necrópolis de La Loma suple ambas contradicciones: estaba lo suficientemente lejos del pueblo y era público, por lo tanto, laico.

Se desconoce aún la fecha exacta de fundación del cementerio y, según el historiador Roberto Cova, su impulsor fue Patricio Peralta Ramos. Incluso, el terreno ocupado por la necrópolis se emplaza en tierras de su propiedad.

Una de las primeras construcciones funerarias fue la bóveda de la familia Peralta Ramos, demolida en la década del ‘80 del siglo XX. Se estima que fue edificada en algún momento comprendido entre la fundación del cementerio y 1888,  año en que se depositaron temporalmente los restos de Eusebio Zubiaurre (dueño de la estancia Laguna de los Padres, hoy Museo José Hernández) y Pedro Urrutia (uno de los primeros hoteleros de la ciudad). Ambas familias poseen bóvedas en la actualidad y, dadas las características arquitectónicas y el desgaste temporal que presentan, son dos de las construcciones más antiguas del lugar.

Según el registro del libro de inhumaciones de la administración del cementerio, la primera persona inhumada Rosa Zappa y tenía siete meses de edad cuando fue enterrada, en octubre de 1885.

En sus inicios el cementerio ocupaba sólo una manzana (la que hoy se conoce como sector A) y la mayoría de las estructuras funerarias correspondían a sepulturas simples en tierra. La más antigua que se conserva contiene los restos de Andrés Liendo, sepultado en 1887, el último descendiente del cacique Catriel, quien tuvo una gran influencia en el impulso de la zona de Batán.

 

Visitas guiadas

Aquellos que quieran conocer más detalles de la historia del cementerio pueden sumarse a las visitas guiadas que la autora de la nota realiza por el lugar. El domingo 9 de febrero es la próxima. Anotate acá.