Opinión

24 de Mayo de 2020 12:46

Sin precedentes

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Licenciado en Educación (UNQUI). Profesor de Filosofía. Militante político y social.

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Desde la antigüedad, las civilizaciones que se plantearon de manera más o menos metódica sus formas de gobierno de tinte democráticas, adoptaron sistemas y estructuras que oscilan entre dispositivos de participación popular más directa y otros más bien representativos.

Dice el politólogo argentino Eduardo Rinesi, que muchas veces en los procesos de conmoción política y social, lo que se nos conmueve son las maneras del pensar. Es decir, las categorías con las cuales pensamos lo real, pero también el modo en cómo pretendemos que lo real funcione.

La verdad es que hoy lo real de la política en Mar del Plata y Batán, parece no condecirse con lo que debe funcionar y de la manera en que debiera funcionar. Porque, o muchas cosas no funcionan, por el efecto entendible de la cuarentena en lo institucional, o más bien, porque aparecen como un tanto más efectivas, ágiles y fluídas, estructuras y sujetos que hasta antes de la pandemia no vislumbrabamos.

Esta semana se cumplieron 50 días de existencia de los primeros Comités Barriales de Emergencia (CBE). En menos de un mes y medio ya estaban conformados los 34 CBE, que abarcan todo el territorio del Partido de General Pueyrredon en sus zonas de mayor vulnerabilidad. El equipo de sistematización de la información de los Comités, logró reunir datos de cantidad de comedores (304) que producen 27.394 viandas semanales, sin contar los aportes de bolsones de alimentos a familias enteras.

El despliegue territorial e incluso tecnológico (por los grupos de redes sociales de los CBE), hace que cualquier información de interés para las comunidades barriales, se logre distribuir efectivamente en toda la ciudad en minutos. La logística del reparto del alimento fresco donado, los elementos de higiene, los protocolos de actuación en materia de violencia de género y en violencia institucional, las capacitaciones en salud y en asistencia a adultos mayores, los aportes de grupos de profesionales de la salud mental en el apoyo a los grupos humanos que trabajan a diario en tareas esenciales, el impulso a las huertas familiares, la reactivación del sistema de reparto de garrafas a comedores, las ferias a cielo abierto, las vacunaciones y el sistema de información de abajo hacia arriba sobre necesidades referidas a servicios (calle, luminarias, agua) hace que los CBE representen un actor fundamental en este contexto, en lo que refiere a la calma social en sectores vulnerables y a maneras creativas de resolver necesidades comunes.

Se estableció, con gran sabiduría y reacción de los sectores de la política, una mesa social pedida por las organizaciones sociales, las iglesias, sociedades de fomento, las universidades y organizaciones de la sociedad civil en la cual se articulan acciones con los diversos estamentos del Estado. El dinamismo de la comunidad y la reacción popular de organizarse en una estructura inédita, apura procesos, exige resoluciones y muchas veces es más efectiva que una administración municipal que, en algunos temas, parece no haber tomado dimensión de la problemática y el riesgo social y sanitario que significa esta cuarentena.

En los CBE, resuenan las estructuras diseminadas del poder de los de abajo, de la participación democrática y popular, del clamor de tener la palabra y decidir de la gente de a pie. En los CBE está el recuerdo de las unidades básicas del peronismo, de los comités radicales, de los centros socialistas, de las comunas, las juntas o delegaciones, de las asambleas del 2001, los clubes del trueque. Un poder distribuido, un brazo largo y profundo que nos hace seña de otras estructuras posibles de la vida democrática en ciudades como la nuestra. Mar del Plata y Batán están reclamando modos nuevos e institucionales de resolver la vida en común.

La conciencia de que “nadie se salva solo” flota como un leiv motiv en las rondas que se realizan semana a semana en las sedes barriales. Para todas las instituciones que participan implica un esfuerzo de generosidad y trabajo, saber que las soluciones no es de alguno en particular sino de la creatividad colectiva puesta en juego.

La transformación de la vida política doméstica de la ciudad puede venir de la mano de un sujeto inesperado. Será tarea de todos su cuidado y crecimiento.

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