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26 de Junio de 2020 15:26

Misión cumplida para la cárcel más segura del mundo, Alcatraz

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Alcatraz, la cárcel más famosa del mundo.

Pasan los años y todos hemos oído hablar sobre la prisión de Alcatraz, la más famosa del mundo. Tal vez porque te contó un amigo, viste una película o documental, leíste un libro y si no fue así, este es el momento para conocer su historia.

“La Roca”, de dos kilómetros cuadrados, se ubica en una pequeña isla frente a la costa de San Francisco y está rodeada de fuertes corrientes de agua fría, lo que provocaba que fuese imposible escapar… al menos eso pensaban. En este lugar iban a parar aquellos que el sistema federal no podía controlar, los más peligrosos como Al Capone, "Doc" Barker, Alvin "Creepy" Karpis, George "Machine Gun" Kelly, Floyd Hamilton o Robert Stroud "El hombre pájaro". Sus primeros prisioneros llegaron en 1861 pero recién en 1943, pasó a manos del Ministerio de Justicia y se convirtió oficialmente en una prisión federal de máxima seguridad.

No llegó a los 30 años de funcionamiento ya que en marzo de 1963 sus puertas fueron cerradas y los últimos 27 convictos fueron trasladados a otras cárceles de los Estados Unidos. En 1969, durante 19 meses, activistas indios de diversas tribus ocuparon la isla pidiendo por su reconocimiento como tierra propia. Pero esto finalizó cuando en 1973 el Servicio de Parques Nacionales comenzó a desarrollar programas interpretativos, y así empezaron a llegar las visitas turísticas a este lugar impenetrable.

 

La vida en la prisión de Alcatraz

Este gran edificio, de infraestructura imponente y un tanto tenebrosa, albergaba 336 celdas. A lo largo de su historia, estuvieron detenidos allí 1.545 prisioneros por causas de robos a bancos, asesinatos, estafas o contrabandistas. Todos aquellos que eran los más peligrosos y problemáticos, tenían su celda asegurada en Alcatraz.

Las condiciones de vida eran casi inhumanas. Dentro de la cárcel, el silencio reinaba y entre los prisioneros prácticamente no podían hablar, ni tampoco tener contacto. Los guardias ante el alto nivel criminal que había, eran muy violentos. Realizaban castigos físicos y visitas de los presos en los calabozos del fondo, más conocidos como “El agujero”. A este lugar, oscuro, angosto y alejado del resto era donde nadie quería ir. El preso podía estar allí por meses, solo, sin luz de ningún tipo y desnudo.

 

El clima represivo y tenso provocaba que tampoco tenga contacto durante las comidas y que no existieran actividades recreativas. Cuando comenzaron a aumentar casos de intentos de suicidios y automutilaciones, los presidiarios pudieron comenzar a realizar otras actividades como ver películas o escuchar música, aunque lo hacían de manera esporádica.

La única comodidad con la cual contaban era poder bañarse con agua muy caliente.

Los controles para verificar que estén todos los presos y ninguno haya escapado, eran de manera constante. Se realizaban 6 controles grupales diarios y 13 individuales por día. La cárcel contaba con un ejército de guardias armados, varias torres de vigilancia, iluminación del faro, protocolo antiescapes, puertas de rejas para clausurar el acceso y la comunicación entre los distintos sectores y el Océano pacífico que rodeaba la bahía. Se contaba que quienes pudieran fugarse, no iba a llegar a su destino debido al frío del agua, las corrientes y sus tiburones, que para algunos era un simple mito.

El cierre de la cárcel, en 1963 por Robert Kennedy, se dio por varios motivos. Su imagen era muy mala, había decaído mucho en los últimos años debido a la crueldad, violencia y maltrato permanente. También, era muy costoso mantener semejante edificio para pocos reclusos. Las condiciones climáticas se sumaban a la antigüedad de la cárcel, generando una necesidad de constante mantenimiento. Otra de las causas del cierre, fueron los intentos de fuga, que no solo se quedaron en una idea o deseo de los presos. Un caso en particular fue el que puso en jaque el sistema de seguridad de la isla.

 

Los que quedaron en el camino

De Alcatraz solo podían salir si ya habían cumplido con su condena, por una enfermedad como Al Capone, o muerte. Sin embargo, las duras condiciones de vida, la vista de “tierra firme” tan cerca, las ganas de libertad llevaron a que en 14 intentos, 36 de los prisioneros intentaran escapar. 23 de ellos fueron descubiertos en pleno acto, 2 se ahogaron, 5 permanecen desaparecidos y 6 murieron por disparos de los guardias.

En 1936 se intentó el primer escape y quien lo hizo fue Joseph Bowers. Durante una actividad al aire libre, cuando noto una distracción de los guardias, salió corriendo hacia una cerca sin ser visto. Al llegar a la cima, fue iluminado por un reflector, se escuchó la voz de alto y una orden para que desistiera. A los pocos segundos, Bowers se había desplomado en el suelo a causa de un disparo.

 

Un año después, dos reclusos lograron traspasar los alambrados de aproximadamente 15 metros. Ellos fueron Ralph Roe y Theodore Cole que con herramientas caseras lograron limar barrotes y salir al exterior. En una noche muy fría y de tormenta, se lanzaron al agua y nunca más se los vio. La información oficial determinó que ambos murieron en el agua por una hipotermia.

En mayo de 1946, se produjo la conocida “Batalla de Alcatraz”. Un intento de escape terminó en un sangriento episodio donde seis reclusos tomaron el control de la cárcel. La violencia era su manera de actuar. Primero tomaron el cuarto de armas, luego obtuvieron las llaves del patio principal y tomaron a guardias de rehenes. Su plan original era tomar a algún oficial y usarlo como escudo para cruzar en bote hacia el otro lado. Pero nada ocurrió como esperaban. Al no conseguir las llaves de la puerta principal, quedaron encerrados y combatiendo durante varios días. Finalmente asesinaron a los rehenes y el grupo se dividió. Por un lado tres de ellos continuaron luchando, y los otros tres al ver que la situación empeoraba cada vez más, optaron por regresar a sus celdas. Para volver a tener el control, el Gobierno envió soldados, frente a los que murieron los reclusos que seguían peleando.

Quien tuvo un plan de escape más ingenioso fue John Gilles. Durante meses, se encargó de robar y esconder pequeños retazos de tela para confeccionar un traje de Coronel del ejército. Logró traspasar controles usando su disfraz pero lo descubrieron subiendo a la embarcación que lo dejaría en San Francisco.

 

Misión cumplida

El 11 de junio de 1962 la historia sobre esta prisión de máxima seguridad, dio un giro de 180 grados. En el primer control de la mañana, los funcionarios de la prisión se encontraron con que 3 prisioneros no se despertaban. Cuando fueron a sacarlos violentamente de las camas, una pelota que simulaba ser una cabeza, rodó por el piso. Habían dejado en sus camas muñecos con pelo natural para que creyeran que estaban durmiendo. Una sirena estridente sonó en todo el perímetro de la cárcel y a partir de ese momento se inició una persecución masiva de agentes federales, botes de guardacostas, helicópteros militares y más de 100 efectivos armados.

 

Mediante este plan ingenioso y muy estudiado, Frank Morris y los hermanos John y Clarence Anglin, le sacaron mucha ventaja a los oficiales de Alcatraz. Debieron analizar cada movimiento por realizar. El grupo, también integrado por Allen West, había comenzado a trazar su plan de escape el diciembre anterior cuando uno de ellos encontró hojas de sierras viejas. A través de rústicas herramientas, lograron aflojar las rejillas de ventilación. Por detrás de las celdas, había un pasillo común de servicios sin vigilancia. Por medio de este, avanzaron y treparon al techo de su celda donde instalaron un taller clandestino. Desde allí vigilaban a los guardias nocturnos y construyeron todo lo que necesitaban para escapar. Robaron más de 50 impermeables y armaron chalecos salvavidas y una balsa de goma de 1,8 metros de ancho y 4 de largo. También construyeron remos de madera.

En la noche del 11 de junio, esperaron al último registro y llegaron al tejado para salir. Todos menos West, que no le dio el tiempo y regresó a su celda, se durmió y para no ser castigado, confesó frente a los agentes.

Cuando accedieron a un techo aún más alto, los guardias escucharon un gran estruendo pero no le prestaron atención ya que no escucharon nada más. Los reclusos debían actuar de manera rápida y silenciosa. Con su balsa casera, se deslizaron por una tubería exterior hasta el agua luego de cortar el alambre de púas de la valla.

El FBI redactó un informe que notificaba todas las pruebas de la desaparición: piezas de madera con forma de remo, un paquete de cartas selladas y relacionadas con los hombres y la aparición de un chaleco salvavidas casero en la playa de Cronkhite.

Este escape provocó que salgan a la luz muchos rumores y mitos incomprobables. Algunos dicen que a la madre de los hermanos Anglin, le llegaban misteriosas postales y que a su velorio concurrieron dos extrañas mujeres, muy altas que parecían disfrazadas.

También se dice que un recluso al tiempo recibió una carta con sólo dos palabras: Gone fishing, que en el lenguaje carcelario significaba misión cumplida. Hay testimonios de policías que sostienen que tres hombres fueron visto robando un auto y saliendo a gran velocidad, el mismo día de la fuga.

El FBI se vio obligado a reabrir el caso cuando en 2013 llegó una carta firmada por John Anglin que decía: “Mi nombre es John Anglin. Escape de Alcatraz en junio de 1962 con mi hermano Clarence y Frank Morris. Tengo 83 años y estoy en mal estado. Tengo cáncer. Sí, todos pudimos escapar esa noche, ¡pero por poco! Si anuncian en TV que iré a prisión por no más de un año y que tendré atención médica, entonces les escribiré de nuevo y les dejaré saber el lugar exacto donde estoy. No es una broma”.

Por el momento, todo queda en la incertidumbre de muchas personas; la historia ocurrida en la prisión de Alcatraz parece sacada de una película de ciencia ficción. La manera de estar cerca de estas vivencias, es visitando la Bahía de San Francisco y paseando por los pasillos, patio y todas las instalaciones tal cual como lo hacían los antiguos reclusos.

 

 

 

           

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