Coronavirus

5 de Agosto de 2020 14:00

Perdieron a su madre por coronavirus y ahora hacen una cruzada por la donación de plasma

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A horas de haber perdido a su madre, Favio y Mauricio piden a la gente que tomen consciencia de la gravedad de la enfermedad. Foto: archivo 0223

Mauricio y Favio son los hijos de la mujer que falleció el lunes tras haberse infectado en Houssay y junto a su papá también se contagiaron Covid-19. Ya recuperados de la enfermedad, apelan a la solidaridad y a la consciencia social para evitar más contagios.

La vida de la familia Rojo, oriunda de Villa Gesell, tuvo un giro de 360 grados en apenas tres meses. Todo comenzó cuando María Rosa Olguín (67), que había sufrido un sangrado por una colecistectomía, fue trasladada al hospital Houssay para ser operada de urgencia debido a que en el nosocomio gesellino se habían suspendido las intervenciones quirúrgicas por la pandemia de coronavirus. Así, la mujer, su esposo y dos de sus tres hijos dejaron todo y se instalaron en Mar del Plata. Nadie se imaginó que lo que iba a llevar apenas dos días iba a demorarse más de noventa y con un desenlace trágico.  

María Rosa fue operada en mayo y como consecuencia del procedimiento tuvo una trombosis y una hemorragia interna que derivó en un hematoma y terminó en terapia intensiva, medicada con morfina para sobrellevar el dolor. Dos semanas más tarde volvió a ser intervenida y todo indicaba que la situación estaba bajo control por lo que podría recibir el alta médica en cuestión de pocos días. 

Sin embargo, a comienzos de junio, la mujer empezó a tener fiebre y los médicos lo adjudicaron a una posible presencia de una bacteria en su organismo. Pero para Mauricio y Favio, sus dos hijos, se encendieron todas las alarmas: a esa altura ya se comentaba en los pasillos del Houssay que un enfermero, un traumatólogo y un trabajador de seguridad del centro médico de avenida Juan B. Justo al 1700 tenían coronavirus. “Pero nadie nos decía nada, sólo eran comentarios”, aseguran. La confirmación oficial de esos casos, los primeros de una seguidilla que convirtieron al exEmhsa en uno de los principales focos de contagio de la ciudad en cuestión de días, llegó poco después.

“El gran problema del coronavirus es que la gente lo minimiza”

El 5 de junio, María Rosa y otros tres pacientes fueron aislados en el mismo nosocomio. Al mismo tiempo, Favio, Mauricio y Arturo Rojo (73) -esposo de la mujer- también presentaban los primeros síntomas. No obstante, recién fueron hisopados cuando el test de María Rosa dio positivo para coronavirus. Hasta entonces, para las autoridades sanitarias no era necesario practicarles la prueba porque consideraban que no habían tenido un contacto estrecho con un caso de Covid, tal como lo establece el protocolo que aplican los profesionales de la salud en la pandemia. 

María Rosa, sus hijos y su marido no volvieron a verse nunca más: ella continuó internada en aislamiento, mientras que los tres hombres -también infectados- cumplieron cuarentena en el hotel Facón de Mar. Contrajeron el virus en el hospital ya que se turnaban para cuidar a la mujer las 24 horas.

Si bien durante los primeros dieciocho días María Rosa sólo tuvo fiebre pero ningún tipo de problema respiratorio, 48 horas después desarrolló una neumonía y debieron trasladarla de nuevo a terapia intensiva, esta vez, con respirador. Ante la gravedad del cuadro, los médicos recomendaron un tratamiento con plasma, el cual se pudo concretar el 23 de julio tras recibir una donación proveniente de Bahía Blanca. Si bien tuvo una primera respuesta positiva, su estado se agravó cuando le quitaron el respirador y falleció el lunes al mediodía.

"El plasma, dado a tiempo, salva vidas"

“El gran problema del coronavirus es que la gente lo minimiza”, dicen los hermanos a horas de haber perdido a su madre y mientras esperan que su padre se recupere. El hombre, que estuvo internado más de un mes en el Hospital Interzonal, también fue tratado con plasma tras sufrir neumonía bilateral y hoy recibió el alta. El lunes pasado, aún internado, se enteró por teléfono que su esposa había fallecido

Favio y Mauricio están convencidos de la eficacia del tratamiento con plasma y comenzaron una cruzada para tratar de conscientizar a quienes puedan donarlo. De hecho, ellos mismos, apenas unas horas después de la muerte de su mamá, fueron a donar. “El plasma, dado a tiempo, salva vidas. A mi papá le salvó la vida y a mi mamá le ayudó a recuperarse, más allá de que falleció por otras complicaciones”, afirman. 

Si bien pasan la mayor parte del tiempo encerrados en el departamento que alquilan desde hace tres meses, reconocen su sorpresa al ver tanta gente en la calle, a pesar de las recomendaciones de circular lo menos posible. “El día que recibimos el alta y salimos del Facón del Mar, no podíamos creer la cantidad de personas que vimos caminando por la calle sin barbijo”, comentan y ratifican que, a su criterio, ese “exceso de confianza” es lo que provoca luego los contagios masivos. Incluso, sostienen que eso fue lo que desencadenó la ola de contagios en el Houssay. “Una persona que tiene coronavirus comienza a contagiar 48 horas antes de tener síntomas y nadie toma consciencia de eso”, lamentan.

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