Columna de miércoles

30 de Septiembre de 2020 23:43

La rebelión marplatense

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Los bares y cafés de Mar del Plata abrieron en rebeldía. Foto: 0223.

El sol y el calor invitaban a sentarse a contemplar el mar. Y eso hizo la mamá con sus dos hijos. La pareja de jóvenes, a pocos metros, decidió sentarse en el pasto de la plaza España a tomar unos mates. Sin caminar demasiado, el café ubicado en el vértice en el que la avenida Independencia se une con la costa, tiene buena parte de sus mesas al aire libre, ocupadas. El martes, a las 16, en La Perla, nada hace pensar que la ciudad atraviesa su peor momento sanitario desde que comenzó la pandemia. Hartos del aislamiento y con un control prácticamente inexistente, por estas horas Mar del Plata vive una rebelión.

La fase 3 que establece el gobierno provincial para el distrito de General Pueyrredon debido a la alta cantidad de casos de coronavirus que tiene el distrito solo se ve en el Boletín Oficial. En la calle, en los últimos días, se ven cafés abiertos, locales comerciales que reciben gente, obreros en edificios y los mejores restaurantes de la ciudad anuncian por las redes sociales que reabrirán sus salones. Los gimnasios también trabajan, ya se prepara el retorno de turnos de fútbol entre amigos y hasta los shoppings abrirán en las próximas horas. Para todos ellos, la fase 3 es una categoría inexistente.

Con estas descripciones, el intendente Guillermo Montenegro empezó a profundizar en las últimas horas el discurso para reclamarle al gobierno provincial que discuta un nuevo modelo de aislamiento para Mar del Plata. “Duplicamos en desocupación a la media nacional. La gente  necesita trabajar”, planteó el jefe comunal. No desconoce la alta cantidad de contagios que se dan en Mar del Plata, pero creen que las fases ya no tienen impacto. "Ya llevamos un mes en fase 3. Pasamos dos períodos de 14 días y los casos se mantienen entre 300 y 350 por día", plantean. 

 

 

El pedido del municipio fue respondido con una versión que circuló en las últimas horas y que, en el entorno del intendente, se la atribuyen al gobierno provincial. A lo largo del día, incluso ameritó un comunicado de la Ucip, circuló el rumor: Mar del Plata está más cerca de la fase 1 que de lograr autorizaciones para nuevas aperturas.

Según pudo saber 0223, desde el gobierno provincial miran con mucha preocupación la situación de Mar del Plata. Incluso, fuentes consultadas por este medio, confirmaron que en estas horas comenzaron a pedir información pormenorizada sobre algunos indicadores sanitarios. “Están pidiendo detalles bien finitos sobre la ocupación de camas, de terapia, respiradores”, contó una fuente cercana al gobierno provincial.

A su vez, para tener un panorama más acabado de la situación, podría anunciarse en las próximos días el desembarco de un plan de testeos masivos en distintos distritos de la Costa Atlántica, pero con el foco puesto en Mar del Plata. ¿Se puede retroceder a fase 1? Nadie se atreve a afirmarlo, pero es real que desde la cartera sanitaria deslizaron esta idea. “Hay que cerrar todo algunas semanas para que aflojen los casos”, señalaron. Claro que las decisiones, finalmente, se toman con una mirada combinada entre lo  sanitario y lo político.

“Ni siquiera lo tomamos en cuenta”, fue la respuesta de las autoridades municipales consultadas por el reclamo. “Te asustan con el hombre de la bolsa para que después pienses que lo que tenés no es tan malo”, graficó un hombre cercano a Montenegro.

Un dirigente que no pertenece a ninguno de los  dos espacios mayoritarios lo analizó desde un modo más pragmático. “Si ahora la gente no cumple la fase 3 que dispuso la provincia y el municipio no controla, ¿qué te hace pensar que en fase 1 pasaría algo distinto?”, preguntó.

 

En el municipio creen que el sistema de fases, tal como está diseñado, ya se tornó inaplicable. Al menos para una ciudad con las características y las necesidades de Mar del Plata. Recuerdan el mazazo del 26% de desocupación y este miércoles lo refrendan con el fuerte aumento de la pobreza: creció más de un 50% y ya afecta a más de 250 mil vecinos.

Además, insisten que el problema de Mar del Plata no es cómo será la temporada. “Para llegar a enero tenemos que pasar octubre, noviembre y diciembre. Y los sectores económicos y productivos no dan más”, marcan. La referencia busca rebatir los dichos que se plantearon distintos funcionarios del gobierno provincial en los últimos días, quienes afirmaron que para que Mar del Plata tenga una buena temporada es indispensable que bajen los casos en las próximas semanas.

“Mar del Plata no es 100% turismo, como pueden ser otros distritos de la costa. Tuvimos el mejor febrero de la historia y sin embargo el desempleo y la indigencia son de los peores de la historia”, argumentan.

Montenegro, poco a poco, sube el tono de sus declaraciones para pedirle a la provincia que permita la apertura de algunas actividades. El reclamo se centraliza en la obra privada, la gastronomía al aire libre y el ingreso de a un cliente a locales de indumentaria. La provincia parece no estar dispuesta a ceder. Se afinca en la crítica situación sanitaria (que es real) y no da lugar a los argumentos que plantean los dirigentes locales y los propios actores del sector. “Están plantados en que no se puede y ahí se traba todo”, resumen desde el municipio. Aclaran, por las dudas, que Montenegro no está dispuesto a hacer “la gran Tandil” (crear su propio sistema) ni firmar un decreto con autorizaciones, si no hay un respaldo político de la oposición en Mar del Plata.

En medio de la postura inflexible de la provincia y de la espera del intendente de un respaldo que le permita compartir el riesgo que implicar tomar una decisión sin el aval de Kicillof, se generó un viento a favor de la ilegalidad que empujó a los distintos actores a abrir bares, restaurantes, cafés, gimnasios, comercios y más.

El municipio ya avisó que no infraccionará a nadie que quiera trabajar. La “huelga a la japonesa” es el paraguas mediante el que se cuidan de que el rompimiento del aislamiento no los salpique. “Nunca intervenimos ante una protesta y no lo haremos ahora”, dicen desde el Ejecutivo y remarcan que no habrá clausuras por las aperturas. Lo peligroso de esa decisión es que todas las aperturas que se dan en este marco se realizan con menos cuidados y protocolos.

Algunos actores esperan que la sesión que continuará este jueves, luego del escándalo del viernes, pueda funcionar como una válvula de escape de la olla a presión que es Mar del Plata. Es más una expresión de deseo que una realidad concreta. Será difícil igualar el exabrupto del viernes, cuando Horaco Taccone le dijo a Marcos Gutiérrez que “si quería hacerlo desaparecer”  y tenía “testículos”, el único modo era “comprar una 45” y darle “un tiro en la frente”. Sin embargo, para el debate de fondo, nada cambió.

El proyecto de Acción Marplatense que desató el escándalo propone que se abra cualquier actividad que cuente con el aval de la Secretaría de Salud municipal. El Frente de Todos planteó el viernes que se abstendría por entender que la situación sanitaria no está dada para avanzar en esa línea. Salvo algún cambio extraordinario de último momento, repetirá eso mismo el jueves. Los 9 votos del principal bloque opositor (diez con el de Ariel Ciano del Frente Renovador) no son suficientes para sepultar un proyecto, pero la iniciativa de Acción Marplatense no fue tratada por ninguna comisión por lo que requiere de una mayoría especial (16 votos) para ser aprobada sobre tablas.

La alternativa podría ser pedir que el expediente sea girado a comisiones para que tenga un trámite legislativo normal y pueda ser aprobado por mayoría simple. Sin embargo, Taccone ya anticipó que prefiere que el proyecto quede archivado para dejar expuesto a quienes no permiten la apertura económica.

Así, no asoma un proyecto que le dé a Montenegro el guiño político que decidió esperar para firmar las aperturas. La Provincia, a su vez, sostiene su discurso acerca de la necesidad de reforzar una fase 3, pero no adopta una postura contundente para rechazar las aperturas de fase 5 que se dan en la práctica. ¿Qué pasaría si en los próximos días existiese un acuerdo, por ejemplo, para que la obra privada pueda trabajar como en fase 4 y los locales de indumentaria permitan el ingreso de un cliente a la vez? ¿Cerrarían los gimnasios y los shoppings desistirían de la apertura? ¿Los bares y restaurantes tendrían la paciencia para esperar su turno? El problema de fomentar la rebelión es que la bola de nieve puede crecer tanto que ya nadie la pueda parar. 

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