Columnas

9 de Septiembre de 2020 23:21

Mar del Plata, una olla a presión

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La situación sanitaria es crítica y la de los comercios, angustiante. Foto: 0223.

Guillermo Montenegro habló 15 minutos con Axel Kicillof. A diferencia de sus charlas de los últimos seis meses no tocaron el tema de los contagios de coronavirus en Mar del Plata, ni la ocupación de camas, ni la escasez de profesionales de la salud. El reclamo salarial de la Policía Bonaerense, que mutó a una protesta inaceptable en la puerta de la casa del gobernador y la quinta de Olivos, absorbió toda la atención. “Lo bancó. Le dio su opinión sobre el conflicto a partir de su experiencia como ministro de Seguridad de la Ciudad de Buenos Aires y se puso a disposición”, resumió un estrecho colaborador del intendente, minutos antes de que el jefe comunal hiciera pública su postura a través de las redes sociales.

El conflicto con la policía de la provincia de Buenos Aires, que este miércoles llegó a su punto de máxima tensión, abrió un paréntesis en las negociaciones del Gobierno municipal con la Provincia y la Nación para lograr la apertura de tres actividades claves para la economía local, en el peor momento sanitario de Mar del Plata.

 

Por la distancia, Montenegro no acudió a la convocatoria de intendentes a la quinta de Olivos, rodeada por policías a lo largo de todo el miércoles. Sin embargo, siguió con mucha atención el conflicto. “El martes había hablado con (Carlos) Bianco. También habló con (Sergio) Berni”, contaron desde el entorno del jefe comunal. Los llamados con el jefe de la Departamental de Mar del Plata, Lucio Pintos, también fueron constantes en los últimos días.

La realidad es que el conflicto en Mar del Plata no llegó a escalar como en otros distritos de la provincia de Buenos Aires. Sin embargo, la amenaza de que se profundice estaba latente en todo momento. La decisión de la policía de ir a la quinta de Olivos fue una vía de escape para el gobierno provincial. Cosechó el rechazo de la mayor parte del arco político y cerró, al menos por unas horas, la grieta que había vuelto a ampliarse en las últimas semanas.

 

El anuncio que realizó el presidente terminó con la tregua. Con algunos intendentes de Juntos por el Cambio a sus espaldas, Alberto Fernández confirmó que le sacaría un punto de coparticipación a la Ciudad de Buenos Aires para dárselo a la provincia. El primero en salir a despegarse de la decisión fue el jefe comunal de Vicente López, Jorge Macri, uno de los que estaba sentado cerca del presidente durante la conferencia. Confirmó que se enteró del contenido del anuncio cuando Alberto lo dio a conocer.

“Obviamente, nosotros tampoco sabíamos nada. Jorge, Grindetti y Valenzuela se enteraron ahí”, dijeron desde el entorno de Montenegro quienes prefirieron evitar pronunciarse sobre la medida. Eso sí, señalaron que volvió a llevar la discusión hacia un carril que, advierten, se tomó hace algunas semanas: “Grieta, grieta y más grieta”.

 

Este conflicto, que causó conmoción en toda la provincia, llegó en el peor momento de Mar del Plata desde que comenzó la pandemia. Los casos crecen de manera exponencial, el sistema de salud está cerca del colapso y lo más preocupante es que no hay señales de que la curva frene su ascenso vertiginoso. Al mismo tiempo, los principales motores de la economía marplatense están prácticamente parados y corren riesgo de no poder encenderse nuevamente si esta situación se extiende. Así, Mar del Plata enfrenta el peor escenario posible, el que se intentó evitar desde un principio: salud vs economía.

El retroceso de Mar del Plata a fase 3 suponía el cierre de distintas actividades económicas que venían advirtiendo los problemas que esto podría aparejar. La decisión que tomó el intendente Guillermo Montenegro y que fue respaldada por el gobierno provincial tuvo como objetivo reducir la cantidad de movimiento en las calles y generar una reducción en los contagios. Pasaron 12 días desde que se implementó el retroceso y los casos siguen en aumento.

Desde el gobierno provincial están preocupados por la situación de Mar del Plata, distrito que ya equiparó al Amba en cantidad de casos. Pero para las autoridades bonaerenses la situación es más delicada: advierten que en el conurbano casi todas las ciudades tienen hospitales de alta complejidad y en situaciones muy complejas un paciente puede ser derivado a una localidad vecina.

“Mar del Plata tiene un solo hospital y además recibe a los pacientes graves de toda la región sanitaria. Menos mal que se pidió el Modular para la ciudad. Originalmente no figuraba en el plan”, planteó una fuente del gobierno provincial.

Las clínicas y sanatorios privados aseguran que están saturadas y no tienen lugar para atender a pacientes con Covid. Los hospitales públicos, que todavía tienen camas intensivas disponibles, no poseen el recurso humano suficiente para atender esas camas. La ocupación de camas intensivas crece y las respuestas no llegan. La posibilidad de que arriben médicos de otros lugares es remota y hasta el momento no se concretó el traspaso de médicos municipales a los hospitales para hacer de auxiliares de los intensivistas.

En medio de esa crisis, el municipio decidió reducir la atención en los centros de atención primaria con el argumento de reducir la circulación de gente y preservar al personal sanitario. Este miércoles los gremios de la salud que prestan servicio en el Higa pidieron que se revea la decisión porque la demanda que no se canaliza en los Caps termina en el hospital y agrava la situación.

Para el municipio, esta situación crítica del sistema sanitario no es impedimento para el regreso de tres actividades claves en Mar del Plata: la gastronomía, la obra privada y los comercios textiles. Aclaran que no es un regreso con las mismas reglas que durante la fase 4. En todos los casos, hay protocolos más restrictivos. La obra privada es solo con tareas al aire libre; la gastronomía, con mesas en la calle y los locales de indumentaria con el 50% del ingreso permitido en fase 4.

La primera apuesta del oficialismo fue lograr un permiso provisorio en la comisión especial de reactivación económica. Sin embargo, no hubo consenso para avanzar. El jefe del bloque del Frente de Todos Marcos Gutiérrez planteó que, más que nunca, era necesario el respaldo sanitario para plantear la posibilidad de una reapertura. Dicen que le pidió esa definición a la secretaria de Salud Viviana Bernabei. “Dijo que habían pasado muy pocos días para saber si el retroceso de fase tenían un impacto en la reducción de contagios”, contó una fuente opositora consultada por este medio.

Desde el oficialismo y otros sectores insistieron en avanzar con los permisos. El concejal del Frente de Todos anunció, entonces, que su espacio se retiraba de la comisión. La ausencia del partido del gobernador y el presidente le quita peso específico al grupo. La legalidad del instrumento siempre fue el punto más flaco de la comisión, pero con representantes de todas las fuerzas políticas en ella no había mayor riesgo. Sin el Frente de Todos, el intendente asume todo el costo político, al firmar decretos sin el respaldo de los representantes de Kicillof y Alberto Fernández en Mar del Plata.

En el oficialismo no se resignan a que la comisión explote. “Necesitamos que siga funcionando. En este momento entendemos la postura del Frente de Todos, pero a futuro, de cara a la temporada, es importante que podamos seguir discutiendo en ese ámbito”, señaló una fuente del Ejecutivo.

Desde el Frente de Todos, sin embargo, parecen resueltos en su determinación. “La comisión se creó en un contexto determinado, cuando la situación sanitaria de Mar del Plata era muy distinta y algunas decisiones del gobierno provincial demoraban más de lo recomendable. Pero hoy ese contexto cambió totalmente. Es momento de apoyarse en una comisión de expertos sanitarios”, confiaron desde el espacio.

Como sea, la comisión se quedó sin margen para “sugerirle” al intendente que autorice las obras privadas, la gastronomía y los comercios textiles. Aún si decidieran hacerlo sin el aval del Frente de Todos. El objeto de la comisión era generar autorizaciones provisorias, mientras el gobierno provincial estudiaba los protocolos. Este miércoles la provincia ya dio su veredicto. “Tendríamos que presentar protocolos distintos y dar un dictamen para el mientras tanto. Pero sin consenso con provincia no hay chance”, se sinceró un concejal del oficialismo.

Esta situación aumenta el malestar entre el sector empresarial y productivo. Representantes de todos los sectores involucrados plantearon que no tienen margen para aguantar ni un minuto más sin funcionar. La desesperación es entendible: algunos de ellos llevan meses con un derrumbe en la facturación. Y la ayuda (que llegó, más allá de que algunos planteen lo contrario) no reemplaza el trabajo habitual. 

Cuando al inicio de la pandemia se planteaba la dicotomía salud vs economía parecía difícil imaginar que seis meses después se llegar a este escenario: la salud y la economía están al rojo vivo.