Columna de miércoles

3 de Febrero de 2021 22:08

¿La peor temporada de la historia o la mejor temporada posible?

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Mar del Plata cerró enero con una caída del 40% en la cantidad de turistas con respecto al mismo mes del año pasado. 832.000 en 2021 contra 1.382.000 en 2020. La estadística fue lo que les permitió redondear a algunos sectores una lapidaria definición: “Es la peor temporada de la historia”. ¿Es la peor temporada de la historia o es la mejor temporada que se podía tener en medio de una pandemia que todavía sacude al mundo?

Los números permiten avalar la primera hipótesis. En enero 2002, en medio de una crisis política, social y económica fenomenal, llegaron a Mar del Plata casi 970.000 visitantes. “Si ves los números fríos, sí, es la peor temporada de la historia. Pero también es la única en pandemia, no se puede comparar con ninguna otra. Y encima la temporada anterior fue muy buena”, admiten desde el Ejecutivo municipal, quienes se muestran más cercanos a la otra hipótesis: “Es la mejor temporada posible”.

Desde que el 1º de diciembre se abrió el turismo en la provincia de Buenos Aires hubo tres picos turísticos: el fin de semana largo del 8 de diciembre, Año Nuevo y el fin de semana del 22 al 24 de enero. “Los tres fines de semana tuvieron una característica común: fueron los que tuvieron mejor clima. Me atrevería a decir que el resto de los fines de semana estuvo feo”, analiza otro funcionario municipal que abona la idea de “la mejor temporada posible” aunque pone un asterisco en el clima: “Si nos hubiera ayudado un poquito en vez de un 40% menos de turistas podríamos haber tenido un 35 o un 32%”, plantea.

El balance del Ente Municipal de Turismo del primer mes del año mostró como un punto positivo una estadía más larga de lo habitual: casi 8 días de promedio. Sin embargo, analizan que eso también está vinculado a la caída de visitantes. ¿Cómo? Muchos de los turistas son propietarios no residentes o gente que venía a inmuebles de amigos o conocidos. “Esa gente se queda más tiempo”, explican.

Desde el entorno de Montenegro recuerdan que prácticamente no hubo micros ni aviones; la mayoría de los hoteles sindicales estuvieron cerrados y durante buena parte de la temporada estuvo latente la amenaza de un cierre total por el incremento de casos. “Antes de la temporada muchos no creía que se pudiera habilitar el turismo. Cuando se permitió otros decían que si la temporada era un 50% menos que la anterior, estaba bien. Por ahora estuvo por encima de eso”, sostienen. Y también encuentran un punto de comparación con lo que ocurrió en Europa: la reactivación del turismo en plena pandemia alcanzó apenas el 30% en comparación a años normales.

En otros distritos los números fueron algo mejores. Pinamar, por caso. Sin embargo, en el Emtur aseguran que no es comparable. “Pinamar no tiene River – Boca, no tiene recitales de Divididos, fiestas electrónicas, tampoco tiene a Fátima Florez. Todo lo que nosotros no tuvimos este año”, indican. También marcan que otros distritos más pequeños tampoco tuvieron una gran performance. “Pinamar recibió mucha gente que habitualmente va a Punta del Este. Pero el resto estuvimos parejos”, dicen.

El otro caso llamativo fue el del Partido de la Costa, un municipio que desde hace tiempo trabaja para instalarse como una alternativa turística, algo que lugares tradicionales como Mar del Plata no necesitan hacer con tanta intensidad. Sin embargo, algunas fuentes consultadas creen que ese trabajo de instalación, combinado con una oferta de turismo tranquilo, de playas amplias y poca cantidad de gente, le dio un impulso inesperado. 

Las características de la temporada de esta temporada de verano afectaron a aquellos que habitualmente vienen en micro a Mar del Plata y se alojan en hoteles sindicales o alquilan un pequeño departamento del microcentro. Y ese público también golpeó a actividades asociadas. “La actividad gastronómica en Rivadavia fue un desastre y en San Martín cayó a la mitad”, precisa un empresario gastronómico, que admite que en zonas de mayor poder adquisitivo, como Alem, Güemes y Olavarría se trabajó “un poco mejor”.

Los hoteleros exhiben la realidad más dramática de todos los actores vinculados al turismo. De los 500 establecimientos de la ciudad, 150 directamente no abrieron. En el resto, la ocupación rondó el 30% y hoy plantean un escenario crítico si el Estado no realiza un aporte para sostener esas empresas. Los ATP, que en algún momento se consideraron insuficientes, hoy se piden como agua en el desierto.

La incertidumbre que se generó apenas comenzó enero tampoco ayudó al desarrollo de la temporada. Las versiones de cierre total, que el gobierno provincial se las adjudicó a la “prensa maliciosa” pero que en parte fue alentada por los propios funcionarios de Axel Kicillof, tuvo repercusiones en la llegada de visitantes.

También, la restricción a la nocturnidad. Muchos creen que el crecimiento de contagios se generó por desbordes en las fiestas de fin de año y no por las actividades nocturnas, que también tuvieron sus excesos. Este martes el gobernador autorizó la extensión hasta las 2 de la mañana, una medida que todavía no se reglamentó, pero que se supone comenzará a regir en las próximas horas.

De todos modos, febrero no comenzó con mucho ímpetu. Todas las miradas están puestas en los feriados de carnaval que podría convertirse en el cuarto punto destacado de la temporada que podría darles cierto aire a los empresarios del sector. Después de ese fin de semana habrá que pensar en distintas estrategias para lograr que los turistas vengan de manera sostenida a lo largo de un año que seguirá signado por la pandemia. Aunque más allá de esos planteos, funcionarios y empresarios del sector coinciden en un diagnóstico: la temporada se termina después de carnaval.   

 

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