El misterioso Titanic de Mar del Plata: navegó solo durante 15 kilómetros en medio de una tormenta

Todavía se alcanzan a divisar restos de metal entre las olas.

La nave recorrió una enorme cantidad de metros sin estrellarse.

23 de Octubre de 2026 09:14

Por Redacción 0223

PARA 0223

Durante la década de los 90, la postal de Mar del Plata lucía un imponente atractivo que capturaba la atención de turistas y marplatenses a la altura de la rotonda de la Avenida Constitución. Frente a las playas del norte yacía encallada una mole de hierro oxidado de 90 metros de eslora que parecía sacada de una película de misterio. Se trataba del Marcelina de Ciriza, un buque pesquero abandonado que se transformó en el gran barco fantasma de la ciudad.

Qué era el Marcelina de Ciriza y por qué quedó abandonado

La embarcación había sido construida en los astilleros de Bilbao durante los años cincuenta y navegó en aguas europeas hasta su traslado a la Argentina en 1977. Tras sufrir un voraz incendio en 1980 que dejó sus sistemas inutilizables, la nave quedó amarrada en los espigones del puerto marplatense. Durante más de una década, el gigante metálico permaneció olvidado y a la merced del desguace clandestino de materiales por parte de viejos marineros.

El momento cúspide de la leyenda aconteció el 20 de junio de 1991, cuando un violento sudeste golpeó la costa bonaerense con ráfagas de viento huracanadas. La fuerza del mar soltó las pesadas amarras del pesquero deshabitado, lanzando la gigantesca estructura a una travesía imposible sin tripulación ni timón. Sin motores en marcha y desafiando olas de diez metros de altura, la nave inició una navegación a la deriva en plena penumbra.

Se buscó convertir el barco en un shopping flotante.

La increíble travesía del barco y las teorías conspirativas que surgieron

Contra todo pronóstico hidrográfico, la mole de hierro recorrió 15 kilómetros a lo largo del frente marítimo sin estrellarse contra los espigones de piedra ni encallar en los bancos de arena iniciales. El navío fantasma esquivó las peligrosas restingas de Cabo Corrientes y bordeó la bahía céntrica ante la mirada incrédula de las autoridades navales. Su solitario viaje de terror finalizó al quedar varado sobre la arena frente al acceso norte.

La llegada del coloso de acero a la costa desató de inmediato una ola de mitos urbanos y curiosidades entre los vecinos de la ciudad. La versión más popular aseguraba que el único ser vivo a bordo durante el trayecto era un perro callejero bautizado como Tuque, el cual fue rescatado sano y salvo por los bomberos locales una vez que la nave encalló. En paralelo, surgieron teorías sobre un sabotaje intencional en los amarres del puerto.

Durante los años dorados de su estadía en la playa, inversores privados presentaron extravagantes proyectos arquitectónicos para transformar el barco en un shopping flotante, un casino o un boliche bailable. Sin embargo, los astronómicos costos que demandaba su reflotamiento e ingeniería terminaron por sepultar las iniciativas comerciales. La estructura quedó expuesta al azote constante del oleaje y la salinidad, sufriendo un rápido e irreversible deterioro.

Siempre se dijo que un perro fue rescatado de la nave.

Con el paso de los años, el Marcelina de Ciriza fue desmantelado de forma progresiva por cuestiones de seguridad costera hasta ser sepultado por la marea. En la actualidad, durante las jornadas de bajamar pronunciada, apenas se alcanzan a divisar pequeños restos de hierro entre las olas. Sin embargo, la historia de la nave que cruzó la tormenta sin tripulación permanece viva en el recuerdo colectivo como el Titanic marplatense.

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