Era el boliche más lujoso de Mar del Plata y un feroz temporal lo hundió en una noche de terror

El lugar podía albergar hasta a 300 personas en simultáneo.

La construcción ofrecía un salón elegante y amplio.

19 de Octubre de 2026 12:51

Por Redacción 0223

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Un trágico desastre olvidado de la historia costera ocurrió en Mar del Plata cuando un feroz temporal terminó por hundir las instalaciones del mítico boliche y confitería flotante Faunamar. La majestuosa estructura flotante construida sobre un enorme pontón amarrado en las dársenas del puerto local no soportó el embate de una marejada histórica y terminó completamente sumergida bajo el océano ante la mirada atónita de los vecinos.

Faunamar, el boliche dirigido a la aristocracia marplatense

Durante las décadas de 1930 y 1940, la lujosa confitería se convirtió en el punto de encuentro predilecto para la aristocracia y las familias acomodadas que elegían la ciudad balnearia en cada temporada de verano. La imponente construcción ofrecía un elegante salón con amplios ventanales en trescientos sesenta grados que permitían disfrutar de distinguidas cenas de gala, eventos sociales y el tradicional té de las cinco a metros del agua.

Hacia finales de la década del cuarenta, el refinado establecimiento cambió de dueño tras ser adquirido por los directivos del Club de Regatas de la ciudad para convertirlo en su sede social. Con una capacidad que albergaba a más de 300 personas en simultáneo, el predio flotante pasó a ser el epicentro de grandes fiestas nocturnas, bailes de fin de semana y reuniones de deportistas náuticos en la zona portuaria.

El temporal fue uno de los peores de la historia de la ciudad.

Cómo fue el temporal que destruyó la confitería bailable

El principio del fin para este ícono de la noche marplatense se desató el 8 de marzo de 1950 con la llegada de un temporal de vientos huracanados y gigantescas olas que azotaron toda la Costa Atlántica. Las violentas marejadas destruyeron importantes paseos de la franja e ingresaron con una fuerza inusual dentro del área resguardada por las escolleras, donde permanecía amarrado el emblemático recinto de entretenimiento.

Durante la fatídica jornada de destrucción, las pesadas amarras de hierro cedieron por la violencia del mar y la mole flotante comenzó a chocar sin control contra las estructuras de la dársena. Los fuertes impactos generaron fisuras críticas sobre el pontón principal que provocaron el rápido ingreso de toneladas de agua, acelerando de manera inevitable el colapso y el posterior hundimiento de todo el edificio.

Las maderas finas, los ventanales aristocráticos y el costoso mobiliario del club quedaron desintegrados bajo el mar en cuestión de pocas horas. Las fotos de la época tomadas por reporteros locales registraron la triste imagen de los techos colapsados flotando entre los escombros de la mítica confitería que fue declarada con pérdidas materiales totales mientras la ciudad observaba el trágico desenlace.

Todo el mobiliario quedó desintegrado bajo el agua.

Con el paso de las décadas, la historia de la confitería que fue traccionada hacia las profundidades marinas pasó a formar parte del folclore y los recuerdos más impactantes de la región. Aunque las aguas del puerto devoraron la icónica plataforma de hormigón, la memoria colectiva conserva intacta la leyenda del refinado salón flotante que un temporal destruyó para siempre.

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