La Titanic de la Bristol: el secreto de las ruinas ocultas de un exclusivo club en Mar del Plata
La institución era exclusiva, pero se desvaneció por el avance del turismo social y las crisis económicas.
Por Redacción 0223
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El Mar del Plata Club fue inaugurado en 1910 como el epicentro absoluto de la aristocracia porteña frente a la Playa Bristol. Diseñado con un estilo francés refinado por el arquitecto Carlos Agote, el fastuoso edificio contaba con muebles importados, cristalería de Baccarat y los salones más exclusivos del país. Durante sus años dorados, fue el escenario predilecto donde las familias patricias celebraban las temporadas de verano con banquetes y música de orquesta.
Sin embargo, la exclusividad de la institución comenzó a desvanecerse ante el avance del turismo social y las crisis económicas de mediados de siglo. Tras ser expropiado por el Estado Nacional en 1948, el recinto fue destinado a fines educativos y culturales, perdiendo definitivamente su perfil elitista original. El proceso de decadencia culminó trágicamente el 10 de febrero de 1961, cuando un devastador incendio consumió por completo la estructura durante el aniversario de la ciudad.
El incendio derivó en la posterior demolición del edificio
Las llamas ardieron durante tres días y requirieron la intervención de bomberos de diversas localidades vecinas para poder sofocar el siniestro. Tras el desastre, la Municipalidad determinó que la recuperación era técnicamente inviable, ordenando la demolición total de lo que quedaba del imponente edificio. Así, lo que alguna vez fue el símbolo máximo de la Belle Époque marplatense desapareció físicamente de la postal urbana, quedando solamente en el recuerdo de los ciudadanos.
A pesar de que el paso del tiempo y las máquinas buscaron borrar cualquier huella, la historia del club permanece latente bajo el nivel del mar. Hoy en día, cuando la marea baja significativamente en la zona de la Playa Bristol, es posible observar los restos de sus ruinas ocultas entre las rocas. Estos fragmentos de cimientos y columnas actúan como un testimonio sumergido que emerge brevemente para recordarnos la magnificencia de aquel palacio perdido.
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