Refinanciar ya no alcanza: crece la cantidad de familias que vuelven a caer en el incumplimiento de pagos
El endeudamiento de los hogares continúa en niveles elevados y el fenómeno genera preocupación entre bancos y consultoras, mientras los indicadores que habían mostrado señales de estabilización vuelven a quedar bajo la lupa.
Por Redacción 0223
PARA 0223
La situación financiera de los hogares continúa bajo presión y suma un nuevo dato que genera inquietud en los bancos: cada vez aparecen más casos de personas que, después de haber refinanciado sus deudas, vuelven a incumplir con los pagos.
El fenómeno pone nuevamente bajo la lupa la efectividad de las refinanciaciones. Es que, si bien estos mecanismos permiten reordenar los compromisos y evitar que la deuda siga acumulándose en el corto plazo, una parte de los clientes no logra sostener el nuevo esquema y termina nuevamente en situación irregular.
En algunas entidades estiman que cerca de tres de cada diez clientes que accedieron a una refinanciación vuelven a caer en mora. La cifra adquiere especial relevancia porque se conoce justo cuando distintos indicadores comenzaban a mostrar que el deterioro del crédito podía estar llegando a un límite.
De acuerdo con los últimos datos del Banco Central, la morosidad de las familias llegó al 12,9% en julio, apenas por encima del 12,8% registrado durante junio. En el conjunto del sector privado, en tanto, la irregularidad del crédito alcanzó el 7,7%.
A pesar de estos niveles, el Banco Central destacó que el ritmo de crecimiento del saldo correspondiente a los créditos en situación irregular continuó moderándose. Esa evolución había comenzado a alimentar la expectativa de que el aumento de la mora pudiera estar cerca de estabilizarse.
Una señal que vuelve a encender las alarmas
Otro de los indicadores que siguen de cerca las entidades es la mora temprana, que contempla aquellos préstamos con atrasos inferiores a los 90 días. El indicador había superado los 6 puntos en noviembre de 2025, pero posteriormente comenzó a retroceder y se ubicó cerca de los 4 puntos en julio de este año.
La mejora había sido interpretada como una señal positiva y algunas entidades esperaban que la situación comenzara a normalizarse hacia el cierre de 2026. Sin embargo, el regreso a la mora de clientes que ya habían reestructurado sus deudas introduce una nueva dificultad y obliga a revisar esas proyecciones.
El deterioro responde a una combinación de factores. Entre ellos aparecen la pérdida de poder de compra de los ingresos, el fuerte crecimiento del financiamiento registrado durante los primeros meses de expansión del crédito y una flexibilización de las condiciones de otorgamiento en medio de la competencia entre entidades.
El financiamiento por fuera de los bancos también preocupa
El escenario se vuelve todavía más complejo cuando se incorpora el crédito no bancario. Las consultoras que siguen la evolución del endeudamiento de los hogares advierten que el problema excede al sistema financiero tradicional.
En este segmento, los niveles de mora son considerablemente superiores. Según estimaciones recientes, la irregularidad se mueve entre el 25% y el 30% muy por encima de los registros del sistema bancario.
Al mismo tiempo, el financiamiento no bancario continúa ganando terreno. En agosto registró un crecimiento del 1,5% real mensual y llegó a un stock de $16,3 billones, mientras que el crédito otorgado por los bancos cayó 0,8% en términos reales.
La explicación está, en parte, en el perfil de quienes recurren a estas alternativas: son hogares que, después de acumular incumplimientos o deteriorar su perfil crediticio, encuentran cada vez más dificultades para obtener un préstamo dentro del circuito bancario tradicional.
Pero acceder a ese financiamiento tiene un costo. Las tasas suelen ser más elevadas y, para quienes ya arrastran problemas de endeudamiento, tomar nuevos créditos puede terminar profundizando la situación.
El efecto sobre el acceso al crédito
El aumento de la morosidad también tiene consecuencias para quienes todavía cumplen con sus obligaciones. Una cartera con mayor nivel de incumplimiento obliga a las entidades a elevar la cautela a la hora de prestar. Eso puede traducirse en montos más bajos, mayores requisitos o condiciones financieras menos favorables para acceder a un nuevo crédito.
El impacto termina alcanzando al consumo. En un contexto en el que los ingresos de los hogares todavía enfrentan dificultades para recuperar poder adquisitivo, contar con menos financiamiento disponible puede convertirse en un obstáculo adicional para sostener el nivel de gasto.
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