Golpe a la nostalgia: el parque temático de Mar del Plata que hoy es una ruina de cemento
El imperio del complejo se terminó el año pasado tras más de tres décadas.
Por Redacción 0223
PARA 0223
En 2026 se cumplió el primer año desde que uno de los complejos más icónicos de Mar del Plata cerró sus puertas para siempre tras tres décadas de gloria, pero bajo mucha controversia. Lo que supo ser uno de los motores del turismo hoy es un esqueleto de cemento donde el silencio reemplazó a los aplausos de los visitantes.
El conflicto por el contrato de alquiler con los propietarios del predio terminó por sentenciar a un gigante que no continuó con su legado de más de tres décadas.
Qué pasó con los delfines y la tortuga Jorge
El destino final de los diez delfines nariz de botella presentes en el Aquarium, que fueron protagonistas de una disputa ambiental sin precedentes, terminó en un operativo cinematográfico hacia el otro lado del mundo. Zaiko, Lara y el resto del grupo fueron trasladados en cajas diseñadas a medida hacia un acuario en las cercanías del Mar Rojo, en Egipto. Aunque el plan original apuntaba al Caribe, la logística internacional decidió que el desierto sea el nuevo hogar de los embajadores marinos que ya no nadan en la costa.
Mientras los mamíferos cruzaban el globo, la tortuga "Jorge" logró recuperar su hábitat natural tras completar una rehabilitación que fue de lo poco rescatable en medio del colapso. El cierre no solo implicó el fin de los shows recreativos, sino también el desmantelamiento de un centro de fauna que estuvo repleto de polémicas y fuertes críticas por parte de los proteccionistas. Las 9 hectáreas frente al mar son un botín que desvela a los desarrolladores inmobiliarios en pleno boom de la construcción privada.
Caminar por la zona es enfrentarse a la decadencia de un imperio que parecía eterno y que hoy se desmorona. Los carteles despintados y las piletas con agua estancada son los únicos testigos de una alegría que se evaporó entre deudas y falta de inversión. La nostalgia de los 90 se oxida al ritmo del mar: incluso los clásicos de las grandes ciudades pueden caer en desgracia.
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