El déficit financiero de la Administración Central se duplicó en 2025 y además perdió el ahorro corriente
Neme presentó la Rendición de Cuentas 2025 ante el Concejo Deliberante. La ejecución presupuestaria muestra un deterioro en las cuentas y los ingresos corrientes no alcanzaron para cubrir los gastos de funcionamiento. Fuerte caída del gasto en bienes de uso y consumo.
La situación económico-financiera de la Administración Central de la Municipalidad de General Pueyrredon mostró en 2025 un claro y alarmante deterioro respecto al año anterior, con un déficit financiero que se amplió de manera significativa y un dato clave que enciende alertas: la pérdida del ahorro corriente.
De acuerdo al reporte de la Situación Económica-Financiera presentado este martes por el intendente Agustín Neme al Concejo Deliberante en el marco de la Rendición de Cuentas 2025, el resultado financiero del ejercicio 2025 cerró con un rojo de $10.286 millones, más del doble del déficit registrado en 2024, que había sido de $4.533 millones. El salto no solo refleja el impacto de la dinámica inflacionaria sobre las cuentas públicas, sino también una aceleración del gasto por encima del crecimiento de los ingresos, ya que la Comuna gastó un 58% por encima del 2024, cuando la inflación anual fue del 31,5%.
Sin embargo, más allá del resultado final, el dato más relevante aparece en la estructura misma de las cuentas. En 2024, el Municipio todavía mostraba un ahorro corriente positivo, es decir, los ingresos habituales alcanzaban para sostener el funcionamiento diario y dejaban un margen para inversión o amortización de deuda. Ese escenario cambió en 2025: el ahorro corriente pasó a ser negativo en $5.329 millones –en 2024 había sido un positivo de $3.297 millones-, lo que implica que los recursos corrientes ya no cubren los gastos básicos.
En términos simples, el Municipio empezó a gastar más de lo que le ingresa para funcionar, con un doble déficit tanto financiero como corriente que enciende alarmas también desde lo político, habida cuenta de la relevancia que le da el gobierno nacional de Javier Milei a la administración equilibrada de las cuentas del Estado.
Ingresos y gastos: crecimiento desigual
Según la Cuenta Ahorra Inversión Financiamiento, durante 2025, los ingresos totales alcanzaron los $333.843 millones, mientras que los gastos treparon a $344.130 millones. Si bien ambos rubros crecieron respecto al año anterior, el gasto lo hizo a un ritmo mayor, ampliando la brecha.
En 2024, en cambio, los ingresos habían sido de $215.467 millones frente a gastos por $220.000 millones, una diferencia mucho más acotada.
Pero sin embargo, el problema no es solo el tamaño del gasto, sino su composición.
El peso del gasto en personal
Uno de los principales motores del incremento del gasto es el rubro personal. En 2025, la Municipalidad destinó $176.485 millones a salarios, lo que representa una suba muy marcada frente a los $108.089 millones ejecutados en 2024.
Si bien desde el gobierno municipal se mantiene un discurso que reivindica la disminución en la cantidad de agentes municipales, lo cierto es que el gasto en este rubro crece no solo en términos reales (62% frente al 31,5% de inflación), sino fundamentalmente en la participación del gasto total. En 2024, el gasto en personal había sido del 43% sobre el total, subiendo al 47% en solo un año.
A esto se suma el crecimiento de los servicios no personales -contrataciones a terceros-, que en 2025 se ubicaron cerca de los $95.600 millones, un 64% más de los $58 mil millones del año anterior, consolidando un esquema de gastos fuertemente concentrado en el funcionamiento cotidiano del Estado.
Este tipo de estructura es la que impacta directamente sobre el ahorro corriente: cuando los gastos rígidos crecen más rápido que los ingresos, el margen operativo desaparece.
Un Estado con menos recursos para funcionar
Tal vez uno de los datos más preocupantes sea el referido a los gastos en bienes de uso y bienes de consumo. Los primeros son los activos físicos que el Estado adquiere para usar en el tiempo y los segundos son para uso en el corto plazo. Un ejemplo práctico, en el Cema un bien de uso es un equipo de rayos X y un bien de uso medicamentos y gasas; en una escuela un pizarrón o un banco entre los primeros, tizas y alimentos en el segundo.
Siempre según la documentación oficial, el gasto en bienes de uso disminuyó año a año, no sólo en términos reales sino también nominales. Mientras que en 2024 se devengaron gastos por $3.504 millones, en 2025 fueron $2.652 millones, un 25% en términos nominales pero un 42% menos en términos reales (sumándole la inflación).
La situación en los bienes de consumo pasó de un gasto de $5.131 millones en 2024 a $5.759 millones en 2025, un aumento nominal del 11%, pero una caída real del 14,6%. El gasto en estos rubros expone un contraste con otras prioridades establecidas por el Ejecutivo: por caso, en 2025 el Emturyc gastó $6,3 mil millones en publicidad y propaganda.
La menor inversión en recursos para el funcionamiento cotidiano del Estado municipal, con su correspondiente prestación de servicios, se expone en la participación de ambos rubros. Sumados, los bienes de consumo y de uso pasaron de ser el 3,4% del gasto total en 2024 al 2,3% en 2025.
Como contraparte, no solo crece el gasto en personal y servicios no personales, sino también los servicios de deuda y disminución de otros pasivos, es decir, el pago de deudas. Con $9.488 millones en 2024 fue el 3,8%, mientras que los $19.329 de 2025 fueron el 5,2% del total.
Resultado patrimonial y señales de fondo
El deterioro también se refleja en el resultado patrimonial. En 2025, el ejercicio cerró con un resultado negativo de $21.875 millones, por encima del rojo de $15.919 millones registrado en 2024.
Se trata de otro indicador que confirma una tendencia: el desbalance no es solo financiero, sino también estructural, donde el Estado está perdiendo valor.
Caja: mejora nominal, caída en términos reales
En paralelo, el saldo de caja mostró una mejora en términos nominales. El ejercicio 2025 cerró con $10.520 millones, frente a los $8.457 millones de 2024.
No obstante, ese crecimiento debe leerse en el contexto inflacionario, lo que relativiza su impacto real. Además, la suba del saldo final en un escenario de déficit sugiere la utilización de financiamiento o arrastre de ejercicios anteriores para sostener el funcionamiento.
Un cambio de escenario
La comparación entre ambos ejercicios deja una conclusión clara: mientras que en 2024 la Municipalidad aún conservaba cierto margen de maniobra en sus cuentas corrientes, en 2025 ese equilibrio se perdió.
El paso de un ahorro corriente positivo a uno negativo marca un punto de inflexión en la dinámica fiscal. A partir de allí, el Municipio ya no solo enfrenta un déficit global, sino que también necesita recursos adicionales para sostener su operatoria diaria.
En ese contexto, el desafío hacia adelante no pasa únicamente por reducir el déficit, sino por recomponer la relación entre ingresos y gastos corrientes, en un contexto donde los Municipios enfrenta serias complejidad ya no solo para mejorar la recaudación de tasas y recomponer transferencias de Nación y Provincia, sino incluso para sostenerlas en sus niveles recientes.
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