Desde la escollera: el primer material de Desalmar que demuestra que el tango sigue vivo en las nuevas generaciones de nuestra ciudad

El sexteto Desalmar Tango presenta su álbum debut, Desde la escollera, una obra que fusiona la tradición del tango con la identidad portuaria marplatense. Bajo la dirección de Damián Carracedo, el proyecto consolida además una Orquesta Escuela que renueva el género y forma nuevas generaciones.

Desde la escollera se compuso y grabó durante el 2025 y ya tuvo se presentación en la ciudad.

11 de Abril de 2026 18:04

El primer disco de Desalmar Tango fue la culminación natural de algo más de tres años de hacer música juntos. Entonces, ese álbum inicial vino a reflejar la esencia orgánica del proyecto.

Desde la escollera fue el título elegido para este trabajo de presentación del sexteto de tango dirigido por el músico Damián Carracedo. Un nombre que lo sitúa de pleno en la ciudad y en sus orillas, cerca del mar. “El título surgió mientras charlábamos y tirábamos ideas a partir de esta mirada de la ciudad en relación con el mar. No es solo una mezcla: es una gran urbe, con todo su cemento, y al mismo tiempo está el mar, inmenso, salvaje. Esa unión, ese límite, es un lugar de encuentro, pero también de tensión. El título tiene que ver con eso. Creo que la música que hacemos dialoga con esa idea. No todas las obras, pero varias, están atravesadas por esa sensación de inmensidad. A mí siempre me impresionó lo imparable del mar y quise llevar esa fuerza a una música muy urbana, porque el tango es, ante todo, música de ciudad. En los temas aparece esa energía: el movimiento constante, los cambios, lo que empuja hacia adelante y luego se frena. Hay mucho de eso en la música. Pero al mismo tiempo es una propuesta profundamente urbana, con instrumentos ligados a las grandes metrópolis, como lo es el tango, que nace de ahí”, comienza diciendo Carracedo mientras recuerda el proceso de composición y grabación de Desde la escollera en 2025.

— ¿Y eso se logró instalar enseguida en el grupo?

— Fue algo muy natural. Empezamos a juntarnos y, como todos los que integramos el grupo somos músicos profesionales, con experiencia en distintos proyectos y escenarios, la conexión surgió enseguida. Venimos del tango, aunque algunos también están vinculados a la música clásica, pero en general todos hemos tocado mucho el género, así que el encuentro fluyó sin esfuerzo. Desde el inicio hubo una propuesta mía: trabajar con la música que compuse. Salvo un tema, todo el repertorio nació acá en Mar del Plata, inspirado en la dinámica de vida de esta ciudad y en mi propio momento creativo, distinto al de hace diez años, cuando recién empezaba a componer. Ahora tenía más claro lo que quería: una formación con piano, bandoneón, contrabajo y una cuerda completa, y pensé la música para ese ensamble. El concepto del grupo estaba definido desde el principio. Después, la música fue tomando forma acá, componiendo y compartiendo con los demás. Siempre fluyó de manera espontánea, sin grandes cambios ni reformulaciones. El trabajo en los ensayos fue colectivo, con propuestas y aportes, pero siempre en función de lo que yo iba trayendo con los temas.
 


 

— En base a eso, ¿cómo ves que dialoga la orquesta con la tradición del tango? Sin quedar atrapado en la nostalgia ni en las raíces, ¿cómo ves esa conexión?

— Yo siento que todo se dio de manera natural, sin forzar nada. Me gusta trabajar así, sin presiones, y creo que eso se nota: no buscamos imponer una “música nueva” ni tampoco repetir la postal clásica del género. Simplemente hacemos lo que nos sale más genuino: música, tango, nuestro lenguaje, el que conocemos y amamos. No es una decisión estratégica, es lo que sentimos como propio. Hacemos tango nuevo porque, en realidad, ¿por qué no hacerlo? En otros géneros nadie se sorprende cuando una banda empieza a componer sus propios temas. En el rock, por ejemplo, es lo más común. En el tango, en cambio, a veces cuesta más, aunque históricamente los grandes músicos del género siempre hicieron su propia música o la de colegas contemporáneos. Para mí, eso es lo natural. Además, cuando la música es propia, la defendés de otra manera. Es inédita, no se escuchó antes y, aunque tenga la dificultad de que guste o llegue, la vas a sostener con más fuerza porque es tu versión, tu creación. No es una interpretación más de un tema que ya hicieron miles de orquestas. Eso te compromete distinto. Claro que también disfruto tocar tangos tradicionales y piezas de otros autores, lo sigo haciendo y me encanta. Pero componer algo propio tiene otro sabor. Es como comparar una comida rápida, deliciosa pero fácil de digerir, con un plato más elaborado que requiere tiempo y atención. La música inédita puede costar más asimilarla, pero el resultado y la sensación que deja son distintos, más profundos.

Desde su llegada a Mar del Plata, Damián Carracedo también fundó y dirige la Orquesta Escuela que funciona en el Teatro Auditorium. Él mismo asegura que fue un proyecto para “ver qué pasaba” al principio, pero que luego los mismos músicos fueron sosteniendo: “Lo primero que confirmé con esta experiencia es algo que ya intuía, y que muchos también piensan: el tango es una música que se puede tocar. Existe cierta idea de sacralización, de ponerlo en un altar, como si fuera intocable, difícil, reservado solo para algunos. Y claro, no es algo que se aprende de un día para otro: requiere estudio, ensayo y dedicación. Pero con trabajo honesto, el género es perfectamente ejecutable. Este proyecto lo demuestra. Ya vamos por la tercera camada de la orquesta, con músicos y músicas que en su mayoría nunca habían tocado tango, o apenas habían tenido alguna experiencia breve. Para muchos, participar en la Orquesta Escuela fue la primera vez que formaron parte de un proyecto estable y organizado. Y lo hicieron: saben tocar y se suman con entusiasmo. El nivel es variado. En general, son estudiantes de conservatorio o de instituciones musicales con formación intermedia: leen música, manejan lo básico, pero vienen a aprender qué significa tocar tango y, sobre todo, a hacerlo en un espacio colectivo. Porque no es lo mismo tocar solo en tu casa que compartir con 12, 13 o 14 personas al lado, con todo lo que implica esa dinámica de grupo. Hoy estamos armando una tercera orquesta, con mucha gente anotándose. Hace cinco años esto no existía en Mar del Plata. Los músicos estaban, pero no tenían un proyecto que los convocara. Y ver que ahora se suman tantos me reafirma que había que hacerlo, que era necesario crear este espacio”, asegura el pianista.

La pregunta primigenia sobre cómo es posible que Mar del Plata, con su inmensa relevancia cultural y su profunda historia ligada al tango, careciera de una propuesta de este tipo, desbordando talento y músicos de primer nivel, fue respondida por el entusiasmo de los participantes: era el momento de hacerlo.

El camino hacia la concreción de este espacio comenzó a gestarse formalmente en 2022, cuando el Fondo Nacional de las Artes otorgó una beca de creación para diseñar el proyecto. Lo que inicialmente se planteó como una propuesta de un año para sentar las bases, pronto encontró un terreno fértil para expandirse. Con el respaldo nacional, el proyecto fue presentado ante las autoridades del Teatro Auditorium. La recepción fue inmediata y entusiasta, el centro cultural no solo abrió sus puertas, sino que se involucró activamente en la coordinación junto al Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires. Lo que comenzó como una apuesta cargada de incertidumbre para evaluar la respuesta local, se ha transformado hoy en una realidad consolidada que sigue creciendo con fuerza.

— ¿Qué creés de la música? ¿Qué pensás con respecto a su origen?

— No sé por qué apareció, pero creo que la música tiene dos características profundamente humanas: el tiempo y la abstracción. La música es un arte temporal, su materia prima no es solo el sonido, sino el manejo del tiempo, la idea de que el tiempo pasa. Eso la hace única y muy cercana a lo humano. Hoy, sin embargo, siento que esa dimensión está en crisis: se piensa la música más en lo vertical, en acordes o sonidos aislados, y se pierde lo más interesante, que es el desarrollo a lo largo del tiempo, el discurso, las tensiones y expectativas que se construyen. La otra característica es la abstracción. La música no tiene que explicar nada, no necesita un significado literal. En un mundo saturado de explicaciones y justificaciones, la música se planta como algo distinto: va directo a lo humano, a lo que no se puede poner en palabras. Por eso también puede ser una forma de resistencia frente a la homogeneización actual. Hoy todo parece necesitar una explicación, incluso lo más humano, como equivocarse o enojarse. La música, en cambio, no explica nada, no sirve para nada en términos utilitarios, y eso es lo que la hace valiosa. En tiempos donde todo debe producir y rendir, la música reivindica lo inútil, lo gratuito, lo que simplemente sucede. Es paradójico: nunca hubo tanto acceso ni consumo de música, pero al mismo tiempo se escucha menos de manera consciente. Escuchar música de verdad, con otros, en vivo, en un momento irrepetible, se ha vuelto marginal. Y, sin embargo, ahí está la resistencia: sostener y potenciar esos espacios donde la música se comparte, se escucha y se vive en el instante. Eso, en estos tiempos, me parece increíble y necesario.

Desalmar Tango hoy se presenta con su disco debut, Desde la escollera. El título suena ya como una declaración de principios. En sus temas, la orquesta logra capturar la dualidad única de Mar del Plata, transitando por el pulso frenético de lo urbano, pero deteniéndose siempre ante la inmensidad y la cercanía del mar. Escuchar este disco es recorrer la ciudad con otros oídos. En su sonoridad convive el espíritu del tango histórico, todo aquello que define al género, con una vitalidad y un aire joven que lo proyecta hacia el futuro.