El enigma del hotel fantasma en Mar del Plata: la lujosa construcción que desapareció sin dejar rastro
Los trabajos se detuvieron abruptamente cuando la obra se encontraba prácticamente terminada.
Por Redacción 0223
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El imponente Hotel Saint James se erige como el misterio más fascinante de Mar del Plata, una estructura colosal que nunca llegó a recibir a un solo huésped. Ubicado sobre las rocas de la actual Playa Varese, sus cuatro manzanas de construcción prometían ser el refugio más lujoso del país a finales del siglo 19. Sin embargo, cuando la obra estaba casi terminada y con los interiores decorados, los trabajos se detuvieron abruptamente dejando una mole de ladrillos vacía frente al mar. El abandono repentino de semejante inversión alimentó durante décadas las teorías más oscuras entre los vecinos de la joven ciudad balnearia.
Una de las leyendas más persistentes asegura que el ingeniero a cargo de la obra se quitó la vida ahorcándose entre las vigas del edificio tras un error de cálculo fatal. Según los registros de la época, la estructura se habría levantado por equivocación en terrenos adyacentes que no pertenecían a los financistas irlandeses responsables del proyecto. A este trágico relato se suma la misteriosa desaparición del contratista italiano Domingo Santini, quien huyó con el dinero de los sueldos y nunca regresó de Europa. La quiebra del Banco Nacional en 1890 terminó de sepultar las esperanzas de terminar un palacio que nació bajo el signo de la desgracia.
Qué pasó con el Hotel Saint James
Durante más de 30 años, el hotel fantasma dominó el paisaje costero como una ruina romántica y aterradora que sufría el azote constante del salitre y el viento. Los techos colapsaron y las paredes comenzaron a desmoronarse, convirtiendo al Saint James en un peligro para los curiosos que se acercaban a explorar sus pasillos desiertos. Finalmente, en 1923 se tomó la decisión de demolerlo por completo, borrando del mapa una historia que ni siquiera tuvo un comienzo oficial para el turismo. Hoy, las Torres de Manantiales ocupan ese mismo suelo, pero el recuerdo de la edificación persiste en el imaginario de los historiadores.
Como únicos testigos mudos de aquel naufragio arquitectónico, dos esculturas que adornaban el paseo cercano aún se conservan en la Plaza Colón de la ciudad. Las réplicas de la Venus de Milo y la Mujer Bañándose son las piezas de un rompecabezas que la modernidad no logró destruir del todo. La historia del Saint James recobra vida entre quienes buscan rastros de ese pasado aristocrático y trunco: es el legado de un sueño ambicioso que terminó convertido en escombros, dejando solo preguntas sin respuesta en las profundidades de la historia local.
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