La otra guerra de Malvinas: torturas, silencio y un reclamo que aún espera justicia
Soldados de entre 18 y 23 años experimentaron más que el temor por el fuego enemigo cerca de la trinchera. Enterramientos, estaqueamientos, picaneo y golpizas fueron parte de las "sanciones disciplinarias" a las que los sometieron durante 74 días.
Por Redacción 0223
PARA 0223
En los 74 días que duró la Guerra de Malvinas, los combatientes, soldados de entre 18 y 23 años en su mayoría, experimentaron más que el temor por el fuego enemigo cerca de la trinchera junto con el hambre y el frio de las islas. Vivieron algo que no esperaban por parte de sus propios jefes.
Tras la rendición, llegaron a Campo de Mayo y comenzó una segunda guerra para ellos, de la que nadie habló públicamente hasta 2006. La Jefatura de las Fuerzas Armadas desplegó acciones de inteligencia y de operación psicológica para evitar que las denuncias sobre torturas y vejámenes sufridos por los soldados a manos de sus propios jefes se hicieran públicas y los hicieron firmar una cláusula de silencio.
Lo que no tuvieron en cuenta los superiores de los soldados fue que varios ex combatientes consignaron estos padecimientos en las fichas de recepción que debieron completar en ese recinto militar. Ese fue el germen de la denuncia que permitió que 26 años más tarde militares fueran procesados por delitos de lesa humanidad.
En la causa N° 1777/07 “Pierre Pedro Valentín y otros s/ imposición de torturas”, un grupo de ex combatientes denunció “estaqueamientos”, “enterramientos” y otros tormentos. Entre los denunciantes figura el nombre de un ex combatiente marplatense, hoy radicado en Necochea: Darío Gleriano.
Según consta en el expediente, Gleriano fue estaqueado por salir a buscar algo para comer para él y sus compañeros de trinchera que llevaban 48 horas sin recibir ningún tipo de alimento. Fue al aeropuerto y volvió con dos bolsas de comida, escondió una a 500 metros de su puesto para que ningún superior note lo que había hecho. No funcionó.
Al descubrir que había dejado su puesto, sus superiores inmediatos lo insultaron y decidieron que el mejor castigo por su falta era el “estaquemiento”. Lo llevaron al lugar donde guardaban tanques de combustible (había unos 150), pusieron un paño de carpa (no impermeables en aquel tiempo) en el piso nevado, lo acostaron y abierto de pies y manos lo “clavaron al suelo”. Pasó ocho horas a la intemperie, inconsciente, expuesto al frío, la lluvia y el peligro que significaba la posibilidad de un ataque. Se congeló. No habían dado la orden de desatarlo, pero sus compañeros fueron a medianoche y lo rescataron en silencio. Estaba hipotérmico, trataron de darle calor con los pocos elementos que tenían pero al ver que no mejoraba lo llevaron a la tienda de campaña. Sobrevivió “de milagro”. Tenia 18 años.
Su relato, es uno más entre los casi 200 que constan en el expediente. También hay testimonios que describen que, los altos mandos consideraban entre sus prácticas disciplinarias el enterramiento bajo temperaturas extremas durante varias horas, amenazas con arma de fuego, golpizas, pasaje de corriente eléctrica, sumersión de la cabeza en agua helada, y hambre extrema.
En 2020 se produjo el primer procesamiento de cuatro militares por torturar a los soldados que se encontraban bajo sus órdenes. Entonces fue la jueza Mariel Borruto consideró que durante el conflicto bélico los militares realizaron todo tipo de tortura hacia sus propios soldados como forma de castigo para controlar supuestas indisciplinas que generaban las penurias que padecía la tropa a causa de, principalmente, la falta de alimento y abrigo y los estragos eran “delitos de Lesa Humanidad”.
“Los imputados actuaron en conocimiento y bajo el amparo de un sistema que había suprimido la garantías de los ciudadanos en general y que impedía la posibilidad de reclamar contra las acciones ilegítimas de las Fuerzas Armadas”, indica el fallo.
En 2023, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos admitió un recurso contra el Estado argentino por su demora en garantizar justicia y, dos años más tarde, en marzo de 2025, la Cámara Federal de Casación Penal hizo lugar a un reclamo histórico de los excombatientes y habilitó un recurso extraordinario para que la Corte Suprema de Justicia decida si los hechos constituyen o no crímenes de lesa humanidad. El alto tribunal lleva acumulados a la fecha 13 recursos por resolver.
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