La Escuela Municipal de Danzas y el sello de un padrino histórico como Julio Bocca
Durante décadas, el nombre de Julio Bocca fue un verdadero amuleto en la Escuela Municipal de Danzas de Mar del Plata. Lo que comenzó como un gesto simbólico, un cuadro firmado con afecto, se convirtió en un compromiso académico concreto: la entrega de tres becas a los mejores promedios, oficializada en la colación de grado de este pasado lunes con la presencia de las autoridades de la Fundación Julio Bocca.
La historia no es nueva, pero sí su fuerza. Hay que retroceder más de veinte años para encontrar las primeras huellas de esta unión, cuando la Escuela Municipal de Danzas Norma Fontenla, que este julio celebra sus flamantes 58 años, abría sus puertas para las audiciones de las célebres Becas PI, otorgadas por la Fundación Julio Bocca. En aquel entonces, jóvenes del interior llegaban con el sueño de instalarse en Buenos Aires para formarse con los mejores. Por esos mismos días, también se concretaba la gira de despedida del bailarín argentino. Fue entonces cuando Lino Patalano, representante de Julio Bocca, selló un pacto silencioso al entregar un cuadro con una dedicatoria del artista a la institución. Desde ese instante, el salón más grande del establecimiento llevó su nombre y él se convirtió, por aclamación emocional, en el padrino de la casa.
Sin embargo, el tiempo y las distancias hicieron que el contacto se diluyera, hasta que el impulso de las familias de la escuela volvió a encender la chispa. Curiosidad, necesidad de perfeccionamiento y ese recuerdo latente del padrinazgo fueron el motor para retomar el diálogo con la Fundación Julio Bocca.
Del símbolo a la firma
Lo que comenzó como una consulta por seminarios de invierno terminó en una mesa de trabajo con Carlos Repetto, director general de la Fundación. Al recordar que Julio ya era considerado el padrino de la institución marplatense, la respuesta fue inmediata: "Eso lo cambia todo". Aquella frase fue el punto de partida para una gestión administrativa que cruzó los despachos de la Secretaría de Educación y la Municipalidad de General Pueyrredon, buscando darle un marco legal a lo que el corazón ya había dictado años atrás.
Finalmente, el 8 de octubre de 2025, se formalizó el Convenio de Padrinazgo y Cooperación. No fue solo un trámite burocrático, fue la institucionalización de un puente que permitirá que los mejores promedios de los profesorados locales accedan a una formación de excelencia en Capital Federal.
Un premio al esfuerzo
Este 2026 marca un antes y un después. Por primera vez, tras la firma del convenio, la entrega de becas se hace efectiva en la colación de grado, contando con la presencia de las autoridades de la Fundación para dar inicio formal a esta etapa de trabajo conjunto.
La generosidad de la institución se ha materializado en tres oportunidades académicas invaluables: una Beca “Nancy Bocca”: en un emotivo homenaje a la madre del bailarín, esta beca cubre el 100 % del valor académico de todo el ciclo lectivo 2026 (de abril a diciembre inclusive). La egresada Zoe Oliver, por su desempeño sobresaliente y mejor promedio, será quien inaugure este beneficio. Y dos Becas “Experiencia Buenos Aires”: que constan de una inmersión intensiva de una semana con clases diarias para las egresadas Lola Gutiérrez Rey y Gabriela Ábrego, quienes también destacaron por su excelencia académica.
"Nuestra escuela cumple 58 años en Mar del Plata y desde hace dos décadas mantenemos un vínculo muy especial con la Fundación Julio Bocca. Ellos venían a tomar audiciones aquí para otorgar becas a jóvenes del interior, las cuales incluían un año de formación en Buenos Aires con hospedaje. Fue un sueño para muchos. En ese tiempo, Julio estaba en sus giras de despedida y, a través de su representante, nos envió un cuadro con una dedicatoria. Desde entonces, lo sentimos como el padrino simbólico de nuestra institución", recuerda Marina Saavedra, directora de la escuela, quien ingresó al establecimiento en el año 1989 como pianista y ha desarrollado gran parte de su carrera allí, ahora desde la dirección.
La escuela y su historia
Desde aquel 1 de julio de 1968, la institución ha sido el faro de la danza en la ciudad. Con una historia que ya suma casi seis décadas, la Escuela Municipal de Danzas Norma Fontenla es la entidad oficial más antigua de Mar del Plata en su tipo, un título que ostenta con la responsabilidad de haber moldeado a casi todas las pioneras y referentes de la danza en la región.
Ubicada hoy en la calle México 1742, sus inicios fueron distintos. La mudanza a este inmueble y su posterior ampliación marcaron hitos de crecimiento. Una de sus joyas arquitectónicas es, precisamente, el Salón Julio Bocca, un espacio que, aunque ya cuenta con sus años, sigue siendo el símbolo de la modernización de una escuela que nunca dejó de expandirse.
Para los cerca de 500 alumnos que transitan sus aulas, la "Norma Fontenla" es mucho más que un centro de estudios: es su segundo hogar. El camino comienza temprano, a los 8 o 9 años; apenas terminando el segundo grado de la primaria, las niñas y niños ingresan a lo que los docentes llaman "alfabetización del movimiento".
"Es casi un doble turno de vida", explica su directora. “Mientras sus compañeros de colegio regresan a casa, ellas y ellos inician una jornada que se intensifica con los años. Es un esfuerzo titánico donde la vocación se pone a prueba cada tarde, transformando el juego inicial de los ciclos preparatorios en una carrera profesional sólida al terminar el secundario”, agrega.
La escuela no solo educa en la técnica, forma investigadores y docentes. Su estructura académica es un pilar de la educación pública marplatense, ofreciendo trayectos que definen el futuro de las artes del movimiento: Profesorados, con especialidades en Danza Clásica y Danza Contemporánea; y Tecnicaturas, carreras técnicas orientadas a la interpretación profesional en ambas disciplinas.
Marina Saavedra se entusiasma con el presente del establecimiento: "En la formación básica, muchos ingresan con distintas motivaciones: algunos descubren que será su profesión, otros lo viven como una experiencia que queda grabada en el cuerpo y en la memoria. Ese camino se va afinando como una pirámide. Pero cuando llegan al profesorado y toman la decisión de dedicarse a esto, los números se mantienen estables. La verdad es que la deserción es mínima".
Hoy, la Escuela Municipal de Danzas Norma Fontenla atraviesa un presente vibrante. Sus 58 años de trayectoria no son una carga, sino el impulso para seguir innovando en la escena cultural marplatense. Este nuevo capítulo, sellado con la Fundación Julio Bocca, no solo jerarquiza su perfil académico, sino que abre una puerta de oro para sus estudiantes, un símbolo de una institución que sabe honrar su historia mientras construye puentes hacia la excelencia profesional.
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