Del semáforo de Mar del Plata a Arabia Saudita gracias al Mundial: la increíble historia de Rodrigo
Con sus jueguitos, deleita a conductores y transeúntes en la zona de Playa Grande. Por qué lo llevaron a Medio Oriente y los comienzos de una trayectoria llena de esfuerzo y talento.
Por Redacción 0223
PARA 0223
Recién llegado de Buenos Aires, donde animó con su dominio de balón las jornadas del Fan Fest que terminó con la Selección Argentina por segundo Mundial consectuvio en la Final del torneo, Rodrigo Cunqueiro dialogó con 0223 e hizo un balance de cuatro años frenéticos. Como los de la Scaloneta. "Quería ser jugador de fútbol, no se dio y un amigo malabarista me invitó al semáforo. Ahí arranqué y se me abrió un mundo", recuerda.
Rodrigo se hizo famoso en Mar del Plata por su habilidad con la pelota. Habitualmente en el semáforo de Quintana y la costa, en este video sorprendiendo en la esquina de Libertad y San Juan. Nació en Balcarce aunque venía, de chico, todos los findes por sus abuelos. Se instaló a los 19 en La Feliz. Y el despegue llegó en paralelo a los éxitos de Lionel Messi y compañía.
"Hace muchos años que hago esto. Pero en esta época se dan posibilidades por activar en las redes, salen distintos tipos de eventos. Después que Argentina salió campeón del mundo, me llevaron a Arabia Saudita porque querían artistas de acá. Este trabajo estuvo muy bueno", le dijo a este medio.
Los sueños de una carrera como futbolista se esfumaron, pero en la neblina que atrapa a algunos él encontró su vocación. Ahora, es un artista del fútbol. "Agarrá la pala", le gritaron. Él hizo caso y completó los malabares con las pelotas y la herramienta, haciendo equilibrio.
Por más que recorra el mundo gracias a la pelota, a Instagram o a los héroes de Qatar, Cunqueiro no pierde su eje y mantiene los pies sobre la tierra. Los posa en la vereda hasta que se pone en rojo. Cuando cambia la luz, su imaginación vuela como sus brazos y piernas, las cinco pelotas giran y los jueguitos imposibles se vuelven realidad. Un personaje que reconoce la ciudad y vive un presente exitoso, sin dejar de valorar el camino. Como nos enseñó la Selección.
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