Fue responsable del robo de bebés, fingió su muerte para evadir la cárcel y murió en domiciliaria: "Que no descanse en paz"
Fue responsable de la desaparición de los adolescentes de la Noche de los Lápices y de más de 300 torturas ocurridas en el Pozo de Banfield.
Por Redacción 0223
PARA 0223
En la mañana del viernes murió en Mar del Plata el genocida Juan Miguel "El Nazi" Wolk. Tenía 92 años y cumplía prisión domiciliaria en un dúplex de Punta Mogotes, que era custodiado 24/7 por agentes de Prefectura tras el registro de distintas violaciones a la restricción.
Los vecinos contaron a 0223 que en la noche del jueves se presentaron dos ambulancias en el lugar y que durante la jornada del viernes se retiró la garita de seguridad que estaba ubicada en el frente. Wolk fue jefe responsable del centro clandestino de detención "El pozo de Banfield" y estuvo procesado por más de 300 torturas y por el robo de bebés durante la dictadura.
Aunque murió en prisión, el genocida se fue sin decir dónde están los restos de los adolescentes desaparecidos en la Noche de los Lápices. "Me enteré de la muerte de Wolk hoy a la mañana por las abogadas querellantes en la Justicia, que habían recibido el informe", contó Marta Úngaro a este medio, la hermana de Horacio, uno de los diez jóvenes secuestrados el 16 de septiembre de 1976 en La Plata.
"Fue muy fuerte, porque aunque estaba condenado en su casa nunca informó dónde está cada uno de los niños -ya hombres y mujeres- secuestrados y nacidos en el Pozo de Banfield. Él sabía dónde están los restos de los chicos de la Noche de los Lápices, porque él era el que estaba al mando y el que ayudaba a entregarlos", expresó.
El genocida que se hizo pasar por muerto para evadir la cárcel
Wolk era llamado "El Nazi" o "El Alemán" en el centro clandestino en el que estuvieron detenidos los jóvenes secuestrados en la Noche de los Lápices. En la década del 80 el represor había sido condenado a 25 años de prisión, pero evitó la cárcel gracias a las leyes de impunidad.
En el año 2000 fue requerido por el juez español Baltasar Garzón para su extradición y juicio en la Audiencia Nacional de Madrid por la desaparición de la ciudadana española Ángela López Martin, pero el entonces presidente Fernando de la Rúa no atendió la solicitud.
El Juzgado Federal 3 lo convocó poco después para dar testimonio en los "Juicios de la Verdad", pero el genocida hizo llegar un acta de defunción trucha y lo dieron por muerto. Su mentira fue descubierta 25 años después por Marta: "Me llamaba la atención que siempre figuraba en el padrón e hice un oficio a la caja de Policía, a ver quién cobraba la pensión de viudez. Con sorpresa, el 4 de julio de 2007 me informaron que lo que cobraba era su jubilación".
"Ahí empezó el peregrinar en los diferentes juzgados para que sea citado", relató Marta y recordó que una vez que lo citaron, "le dieron arresto domiciliario y lo mandaron a su casa en el Bosque Peralta Ramos". Tras ello, el genocida se volvió a profugar durante casi tres años: "La garante de su libertad era Verónica Wolk, su hija, que pertenecía a la Policía y era quien tenía que controlar su domiciliaria en Mar del Plata".
Después de años de lucha persistente, la querella constituída por familiares de desaparecidos y organismos de Derechos Humanos logró que agentes de Prefectura custodiaran a toda hora la casa del represor, para que cumpliera la prisión domiciliaria. Este viernes murió encerrado. "Que no descanse en paz", sintetizó Úngaro.
El pozo de Banfield
El Pozo de Banfield fue una dependencia de la Brigada de Investigaciones de la Policía de la Provincia de Buenos Aires donde funcionó un centro clandestino de detención entre noviembre de 1974 y octubre de 1978. "Fue un lugar siniestro como todos los centros clandestinos, pero este funcionó desde antes de la dictadura, fue donde el Plan Cóndor estuvo a full y se trajo a uruguayos, chilenos y argentinos que nacieron ahí", expresó Marta.
El edificio es de tres pisos y está ubicado en las calles Siciliano y Vernet de Villa Centenario, en la localidad bonaerense de Banfield. "Está en el centro de la ciudad y funcionaba con un monoblock enfrente y con una escuela al lado", contó Úngaro. En la planta baja se encontraba la oficina de Wolk y una sala de torturas. En el primer piso había calabozos, oficinas, el comedor y casino del personal, cocinas y baños, y en el segundo había más calabozos y un baño.
"Funcionó durante muchos años, hay testigos del '75, '76, '77 y '78. Hoy es un lugar de memoria donde todavía permanecen las celdas como estaban, como eran, con los tiros de impacto en las paredes", expresó Marta y contó que su hermano y el resto de los adolescentes que fueron secuestrados en la Noche de los Lápices estuvieron allí desde septiembre de 1976 hasta los primeros días de enero de 1977, "cuando el Pozo es vaciado y fueron asesinados".
"Es un lugar muy siniestro para ir, pero hay que visitar para que se sepa lo que ocurrió y que no vuelva a ocurrir, porque si no hay castigo vuelve a ocurrir", remarcó Marta. "Creo que Wolk tuvo su castigo a medias, porque mi triunfo fue encontrarlo, pero la victoria fue a medias porque no dijo dónde está cada uno de los bebés apropiados ni cada uno de los que pasaron por el Pozo y han sido asesinados".
Horacio Úngaro
En menos de un mes se cumplen 50 años de la Noche de los Lápices. Para ese entonces, Horacio Úngaro tenía 17 años y junto a nueve compañeros de militancia en la UES, reclamaba por el boleto estudiantil secundario. El 16 de septiembre de 1976, en un operativo militar coordinado, los diez estudiantes fueron secuestrados. "Primero fueron llevados al pozo Arana y después fueron llevados a Banfield, donde permanecieron más de tres meses", contó Marta.
Horacio estaba cursando 5to año en la Escuela Normal 3. "Quería estudiar Medicina, era muy buen alumno", recordó su hermana y contó que además participaba en espacios de ayuda social, que era un gran jugador de ajedrez y un excelente nadador.
"Era un profesor elemental de francés, muy solidario y extremadamente lector. El día que lo secuestraron tiró del quinto piso los libros que tenía en la mesita de luz y los conservo hasta hoy. Son el Manual de Filosofía de Víktor Afanásiev y el diario del Che", contó Marta y agregó: "Lo recuerdo vivo en cada uno de los chicos que veo el día de la marcha. Mi primer hijo se llama Horacio y le puso Horacio a su primer hijo, el círculo de los Horacio en la familia Úngaro se cerró".
"Lo siento y lo extraño cada día. Faltó desde el 16 de septiembre de 1976 y fracasé porque todavía no lo he encontrado. Gracias a los sobrevivientes pudimos reconstruir los lugares en los que estuvieron y sobre todo en el Pozo de Banfield con el testimonio tan valorable de Pablo Díaz, quien compartió con ellos hasta diciembre del 1976", cerró la hermana de Horacio.
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