Creía conocer su historia, hasta que descubrió quiénes eran sus abuelos: "Lo necesitaba para saber quién soy yo"
A Juan Raúl Bourg lo secuestraron el 5 de septiembre de 1977 y a su mujer, Alicia Rodríguez, dos días después. En diálogo con 0223, la integrante de Nietes Mar del Plata Maite Bourg Cirelli reconstruyó la historia de sus abuelos y contó cómo la atraviesa en su vida.
Por Redacción 0223
PARA 0223
A Juan Raúl Bourg lo secuestraron el 5 de septiembre de 1977 en Mar del Plata y a su mujer, Alicia Rodríguez, dos días después. Tenían 34 y 30 años y militaban juntos en el Partido Comunista Marxista Leninista. Vivían en el campo junto a sus cinco hijos, en una quinta que más de una vez se convirtió en escondite para amigas y amigos.
Los recuerdan como personas muy solidarias. Alicia era artesana y trabajaba el cuero. Le gustaban mucho los botones y usaba los de cerámica para decorar los bolsillos de sus jeans. Raúl tenía un sentido del humor muy particular que, según su familia, heredó a su hijo mayor, quien "se ríe de los chistes malos", explicó Maite Bourg Cirelli, la menor de la siguiente línea sucesoria.
Aunque su nieta no los conoció, desde hace muchos años intenta reconstruirlos en su cabeza: "Lo necesito para saber quién soy yo. Ser nieta es una parte fundamental de mi identidad, de cómo pienso, cómo interpreto lo que está a mi alrededor". La historia se fue armando de a poco: si bien supo siempre que sus abuelos estaban desaparecidos, durante bastante tiempo esa palabra no significaba nada. "Era simplemente saber que no están y que jamás iban a estar", expresó Maite.
En las casas de otros familiares de desaparecidos el tema se habla con total naturalidad. A los desaparecidos se los nombra en las anécdotas, se citan sus frases y se los honra en las costumbres. "A mi papá le costó poder hablarlo. Cuando mi hermano estaba en primer grado se puso a reconstruir la historia familiar y ahí mi viejo entendió la necesidad de saber qué teníamos", expresó Maite. Así fue como de a poco las palabras se fueron cargando de sentido.
Vinieron los trabajos escolares, las charlas familiares y el relato completo de su papá en el marco de un proyecto de Jóvenes y Memoria y allí entendió que la ausencia de sus abuelos formaba parte de algo mucho más grande. Estaban desaparecidos "porque hubo gente que se sintió con la impunidad de decidir sobre sus vidas y todo fue parte de un plan sistemático de represión llevado adelante por el Estado".
La militancia de los nietos
Desde chica, Maite acompañaba a su papá a las marchas del 24 de marzo y a las actividades en las que participaba como militante de organizaciones de Derechos Humanos. "Aprendí a gatear en una mesa de H.I.J.O.S.", graficó. Sin embargo, durante mucho tiempo ese territorio era propio de su padre, algo ajeno.
El involucramiento más concreto se dio en el 2023, cuando ella tenía 17 años. Una nieta de La Plata la contactó para impulsar la creación de una regional de "NIETES" en Mar del Plata. Después de las elecciones de noviembre de ese mismo año, el espacio empezó a tomar forma. Se organizaron como un grupo horizontal y apartidario, donde no era necesario ser nieto de desaparecidos para participar. “La idea era militar los derechos humanos, con todo lo que eso implica”, explicó Maite.
Pero en esos diálogos también encontró la posibilidad de compartir experiencias con otras personas atravesadas por historias similares. Infancias marcadas por preguntas que se repiten, identidades que se construyen a partir de recuerdos: “Ser nieta de desaparecidos es una búsqueda constante. Necesito saber quiénes eran, para saber quién soy; pero es también saber que jamás les pude dar un abrazo, que no me pudieron llevar a la plaza o irme a buscar a la escuela. En Nietes pudimos ver que muchas de esas búsquedas y sentimientos eran compartidos”.
Para Maite la memoria no es solamente mantener vivo el pasado, sino también una herramienta para entender el ahora: “No es algo solo anclado en lo que pasó, sino una construcción desde el hoy. Sirve para pensar el futuro, pero también para poder transitar el presente”. Esa mirada también implica discutir los sentidos que se le dan a la historia y hubo momentos en los que "la militancia de los desaparecidos era un tema tabú, algo que se evitaba nombrar". Luego, dice, surgieron procesos que buscaron recuperar esas trayectorias como parte de una identidad colectiva.
En el contexto actual, la preocupación está en el regreso de los discursos que relativizan lo ocurrido o que responsabilizan a las víctimas. Y frente a eso, hay dos cuestiones que resultan inadmisibles. La primera, dice Maite, es que la magnitud del terrorismo de Estado no depende de una cifra exacta. “No importa si fueron o no 30.000. Con que el Estado decida llevarse a una sola persona de su casa, detenerla ilegalmente, torturarla y desaparecerla, ya es un crimen atroz. Pero lo hicieron con miles”.
La segunda, es que las consecuencias de la dictadura siguen vigentes. “Hay pibes de mi edad que son Nietos y no lo saben, porque sus padres fueron apropiados y todavía no recuperaron su identidad. Hay familias que siguen esperando encontrar restos. Y hay genocidas que tienen información y no la dan”.
La memoria en Mar del Plata
En Mar del Plata, la dictadura tiene un peso particular. Es una de las ciudades con mayor cantidad de desaparecidos en relación a su población y también una de las que más avanzó en los juicios por delitos de lesa humanidad. "Fue una ciudad muy golpeada por el plan represivo, los desaparecidos del Puerto, la Noche de Las Corbatas... Son solo un par de ejemplos sobre la violencia que sufrió la ciudad", contó Maite.
Cada año, las marchas del 24 de marzo convocan a multitudes más y más grandes. Al mismo tiempo, en la ciudad se convive con espacios de memoria que muchas veces pasan desapercibidos. "El faro, por ejemplo, fue un centro clandestino de detención al que hoy muchas personas ingresan sin conocer su historia", continuó Maite.
En tiempos adversos y muchas veces desgastantes, para Maite la organización colectiva sigue apareciendo como una respuesta posible y dice que este año percibe algo distinto: "Creo que hay mayor necesidad de participación, incluso entre personas que antes no solían movilizarse por nada".
A 50 años del último golpe cívico-militar en Argentina, en las calles de Mar del Plata se espera una convocatoria súper masiva y eso, dice Maite, "lo vivo con esperanza. Veo en muchos sectores ganas de salir a la calle y de seguir organizándose”.
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