Petróleo, cereal podrido y un casco destrozado: la violenta noche en que 33 marineros salvaron su vida de milagro frente a Playa Grande

El 20 de octubre de 1964, el carguero griego Navarchos Koundouriotis chocó contra un banco de arena en la salida del puerto de Mar del Plata y se partió en dos. Su trágico hundimiento desató una devastadora contaminación petrolera y de cereal en Playa Grande, arruinando la temporada turística de 1965.

Pasaron largos años hasta que los restos del carguero pudieron ser removidos parcialmente (Foto: Ángel J. Somma).

23 de Agosto de 2026 08:58

La medianoche del 20 de octubre de 1964 olía a salitre, cereal húmedo y gasoil. A las once en punto, las amarras del Navarchos Koundouriotis se soltaron de los muelles marplatenses. El coloso de acero, un veterano de la Segunda Guerra Mundial construido en los astilleros de Texas, medía unos 440 pies de eslora y cargaba más de 8.000 toneladas de peso, además de diez mil toneladas de trigo recién salido de los silos locales. Nadie a bordo imaginaba que aquel viaje hacia mar abierto terminaría convirtiéndose en la pesadilla ecológica más grande de la historia balnearia de la ciudad.

La trampa silenciosa de la escollera

El buque granelero de bandera griega comenzó a deslizarse lentamente hacia la salida del puerto. Sin embargo, en la desembocadura, la escasa profundidad y un traicionero banco de arena, el mismo fantasma que hoy vuelve a inquietar a los navegantes, aguardaban en silencio.

Con un estruendo metálico seco, el casco rozó el fondo. El impacto fue brutal y la estructura del gigante cedió: el barco se partió en dos.

Reflejos de acero y una tripulación al límite

El capitán demostró una frialdad quirúrgica. Con el barco seriamente averiado y a punto de colapsar, realizó maniobras desesperadas para evitar que la mole se hundiera justo en medio de las escolleras, lo que habría bloqueado y clausurado por completo el puerto de Mar del Plata.

Gracias a esos reflejos, la tripulación logró sacar la estructura fuera de la estación marítima antes de que el buque terminara por rendirse. Los 33 marineros fueron rescatados sanos y salvos, pero la verdadera tragedia recién comenzaba a gestarse bajo la superficie.

Como consecuencia, el Navarchos comenzó a hundirse a unos 500 metros de Playa Grande y a unos 200 metros de la salida del puerto. En ese lugar permaneció durante años hasta convertirse en una postal de la ciudad.

El verano negro de 1965

A unos quinientos metros de la costa de Playa Grande y a tan solo doscientos de la salida portuaria, el Navarchos quedó varado. Lo que siguió fue una sucesión de desastres:

  • Petróleo en la rompiente: A los pocos días, los tanques de combustible fisurados comenzaron a vaciarse. La marea empujó el hidrocarburo hacia la costa y la arena dorada de Playa Grande se tiñó de un negro espeso.
  • El olor invivible: Las diez mil toneladas de cereal atrapadas en las bodegas comenzaron a descomponerse bajo el sol, desatando una náusea generalizada en todo el barrio.
  • La ruina turística: Los concesionarios de los balnearios vivieron el peor verano de sus vidas. El paisaje estaba arruinado y ningún turista se atrevió a pisar la playa.
  • Corte de navegación: Las tradicionales lanchas amarillas debieron prohibir la pesca en el sector, mientras la fauna marina sucumbía ante la marea tóxica.

Un naufragio que quedó en la piel del barrio

Pasaron largos años hasta que los restos del carguero pudieron ser removidos parcialmente. El impacto cultural fue tan profundo en la identidad marplatense que, durante décadas, un recordado boliche de la zona heredó su nombre. Hoy, aunque la superficie del mar parezca calma, parte del esqueleto de acero del Navarchos continúa oculto en las profundidades, recordando que el canal de acceso siempre guarda viejas y peligrosas trampas.

 

Lo más

leído