El crucero que inauguró los viajes a Mar del Plata y su trágico final

Inauguró la época dorada del turismo marítimo a Mar del Plata y se convirtió en el símbolo del lujo fluvial. Sin embargo, la historia del buque Ciudad de Buenos Aires cerró con una tragedia inolvidable: un naufragio de solo 19 minutos en el Río de la Plata.

Los veraneantes de la época disfrutaban de cenas a bordo y de primicias tecnológicas como la transmisión de música en vivo por altavoces.

15 de Agosto de 2026 08:05

El turismo en Mar del Plata no siempre se midió en rutas o autovías ni en boletos de tren. Durante la década de 1920, la forma más elegante de llegar a la perla del Atlántico era cruzando las olas. En el centro de esa época dorada brilló una embarcación legendaria: el Ciudad de Buenos Aires, el primer gran buque de pasajeros que amarró en el puerto local y redefinió la relación de la ciudad con el mar.

El barco de la alta sociedad marplatense

Construido en astilleros ingleses en 1914 por el armador Nicolás Mihanovich, este buque de 110 metros de eslora, tres hélices y dos turbinas de vapor representaba la cima del lujo naval de la época. Aunque inicialmente cubría el servicio nocturno entre Buenos Aires y Montevideo, en enero de 1922 marcó un hito histórico: inauguró las travesías marítimas de placer hacia Mar del Plata. Según las crónicas de la época, aquella primera travesía con destino a Mar del Plata tuvo lugar a mediados de enero de 1922, partiendo el martes 17 de enero desde la Dársena Sud de Buenos Aires para que la prensa local registrara su llegada en la edición del jueves 19 de enero.

Para recibir semejante mole de acero, las autoridades locales construyeron un muelle de cabotaje en la Escollera Norte que, inicialmente, contaba con unos 190 metros de extensión, pero proyectaban alcanzar los 2234 metros.

El trayecto era un acontecimiento social. Los veraneantes de la época disfrutaban de cenas a bordo y de primicias tecnológicas como la transmisión de música en vivo por altavoces en cubierta mientras navegaban en alta mar. Con salidas los martes y viernes desde la Dársena Sud, el barco se convirtió en el transporte predilecto de las familias acomodadas que elegían la costa atlántica.

El costo de la elegancia: frecuencias y pasajes

Viajar hacia La Feliz por mar se convirtió rápidamente en un hábito de estatus y confort con un cronograma perfectamente aceitado: el Ciudad de Buenos Aires partía de la Dársena Sud porteña los martes y viernes a las 16:30 hs, mientras que los regresos desde el muelle de cabotaje marplatense se emprendían los miércoles y domingos a las 19:00 hs. En aquellos años veinte, el pasaje de primera clase para la ida costaba $29,00 moneda nacional, aunque existía una conveniente opción de ida y vuelta exclusiva por vapor a $27,00, o una tarifa combinada con el ferrocarril por $52,20. La segunda clase ofrecía pasajes desde $12,00 a $18,00, y las familias contaban con interesantes promociones por volumen que reducían el costo por plaza a $47,00 para grupos pequeños y a $42,00 para comitivas de cuatro o más personas, haciendo del viaje en crucero una experiencia tan exclusiva como accesible para el turismo de la época.

Orgullo de la flota nacional

Con el paso de los años, la nave pasó a manos de la empresa Dodero y, posteriormente, durante la presidencia de Juan Domingo Perón, se integró a la Flota Argentina de Navegación Fluvial. Tras décadas de servicio glorioso conectando puertos, en los años cincuenta fue destinado a realizar recorridos entre la capital y las costas del Río Uruguay, manteniendo su distinción a pesar del paso del tiempo.

Minutos de terror en el "mar dulce"

El destino de la emblemática nave dio un vuelco dramático la noche del 27 de agosto de 1957. Mientras navegaba hacia Concepción del Uruguay con más de 200 personas a bordo, una densa niebla redujo la visibilidad a cero a la altura del kilómetro 136 del Río de la Plata. En medio de la oscuridad, la nave se encontró de frente con el carguero estadounidense Mormacsurf.

Pese a las maniobras de rigor, un viraje inesperado provocó la colisión. El carguero impactó de lleno contra el lateral del buque de pasajeros. El agua irrumpió a raudales en las salas y camarotes, desatando el pánico.

Tras el choque inicial, el capitán del Mormacsurf ejecutó una maniobra temeraria y desgarradora: volvió a embestir intencionalmente al Ciudad de Buenos Aires. El objetivo de esta acción era utilizar la propia proa del carguero como un "tapón" para cerrar el boquete, reducir la vía de agua y, al mismo tiempo, empujar al barco de pasajeros hacia una zona menos profunda del canal (que allí superaba los 20 metros de profundidad). Aunque desesperado e infructuoso por la magnitud del daño, fue un intento extremo por evitar el naufragio inminente.

Muestra de una entrega heroica, tripulantes y comisarios a bordo repartieron sus propios chalecos salvavidas hasta el último segundo, mientras el capitán Silverio Brizuela intentaba coordinar la evacuación antes de desaparecer en medio del desastre.

Las labores de salvamento que desplegaron embarcaciones de Carmelo, Tigre, Zárate y la zona fueron un auténtico infierno. La absoluta oscuridad de la noche se combinó con fuertes corrientes que arrastraban a los náufragos lejos del sitio del siniestro. Para empeorar el panorama, el combustible derramado sobre el río cubrió a los sobrevivientes, haciendo que sus cuerpos estuvieran tan resbaladizos que resultaba casi imposible sujetarlos para sacarlos del agua. El trágico saldo sumó cerca de 100 muertos y desaparecidos; al día siguiente, lo único que emergía del "mar dulce" eran las puntas de dos palos y la pantalla de radar del naufragado coloso.

En apenas 19 minutos, el orgulloso gigante que alguna vez inauguró el turismo marítimo en Mar del Plata se hundió en el lecho del río. La tragedia dejó cerca de un centenar de muertos y desaparecidos, poniendo un punto final oscuro y sobrecogedor a la historia del barco que enseñó a los argentinos a llegar a La Feliz por el mar.





 

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