Fue el hipermercado más grande de la ciudad, tuvo una política innovadora y la crisis lo consumió: la historia de Aragone

Fundado en 1910, sobrevivió a la gran crisis del 30, la hiperinflación de fines de los 80 y fue el primer comercio en aceptar el pago de la totalidad de la compra en patacones durante la crisis del 2001.

Solo quedan ruinas del gigante de la zona de la vieja terminal

16 de Agosto de 2026 19:28

En 1910, cuando Mar del Plata rebasaba de turistas y visitantes acaudalados, el uruguayo Félix Aragone fundó las bases de lo que crecería de forma sideral hasta convertirse décadas más tarde en uno de los principales hipermercados de la ciudad.

Felix Aragone fundó la empresa en 1910

El comercio, comenzó como un almacén en  la zona de Diagonal Pueyrredón y Belgrano y, de acuerdo al historiador Rubén Calomarde en Historia de Mar del Plata, atendía además del público local y los turistas que llegaban a la ciudad a personas de localidades vecinas. De a poco creció e incluyó el envío de mercadería, modalidad que hoy conocemos como “delivery” y que servía también de publicidad, ya que las unidades estaban pintadas con el nombre de la firma “Félix Aragone”.

Felix Aragone fundó la empresa en 1910

Cuando la dirección pasó a manos de Juan Carlos Aragone, la firma pasó a llevar el apellido familiar y comenzó una etapa de expansión: la casa central se trasladó a  la calle 3 de Febrero al 4400 y sumó sucursales en calle Sarmiento y en las localidades de Tandil, Olavarría, Necochea y Tres Arroyos y, como acostumbran las grandes firmas, atento a las necesidades del público, llegó a tener su propia marca que comercializaba productos de diversos rubros que llamó: Araplus.

La firma pasó a ser la más grande de la ciudad

Todo parecía funcionar: las sucursales y la casa central recibía clientes de manera constante, tenía presencia en todos los medios de la ciudad y la zona, realizaba actividades fuera de los comercios, incluso Norbert Degoas fue cara de sus campañas publicitarias hasta que, la crisis del 2001 sacudió al país.

Entonces, cuando el modelo económico de convertibilidad que sostenía la relación un peso- un dólar se desvanecía y el gobierno de Fernando De la Rúa autorizó como medida de salvataje ante la falta de liquidez la cuasimoneda Lecop para abonar los sueldos de los empleados estatales y el gobierno de Ruckauf hizo lo propio en la Provincia de Buenos Aires con los Patacones, los responsables de la firma lanzaron una política que fue bien recibida por los ciudadanos: fueron los primeros en aceptar el pago del 100% de la compra con cuasimonedas, en épocas en que los comercios no tomaban tales papeles o aceptaban solo un pago parcial con ellos.

La decisión fue anunciada con bombos y platillos en todos los medios de la ciudad en los que la empresa tenía pauta: “Aragone es el primer supermercado que acepta el 100% del pago con Patacones” afirmaban. Pese a la aceptación del público, había un lado b que no se tenía en cuenta: los proveedores no aceptaba el pago con cuasimonedas y las empresas de servicios, en un primer momento, tampoco.

Tenía gran presencia en los medios de la ciudad

Con este panorama y sin dar marcha atrás para no perder clientela, Aragone comenzó a menguar mercadería. Así lo reflejan los relevamientos de precios de los meses de diciembre de 2001 y enero y febrero de 2002 a los que tuvo acceso 0223. A modo de ejemplo para enero de 2002 supermercados Aragone no contaba con stock de harina Favorita, fideos Don Vicente, Arroz Gallo, salchichas Vienissima, fideos soperos y gaseosas de la línea Coca Cola.

El 16 de marzo se anuncio el cierre inminente

Los rumores de cierre comenzaron a sonar con fuerza hasta que, el viernes 14 de marzo , la empresa decretó la quiebra. Los medios de comunicación dieron a conocer la noticia el 16 de marzo. Bajo el título: La caída de Aragone, el diario la Capital daba cuenta del derrotero de la empresa que supo tener el edificio más grade de la ciudad y el primero en contar con montacargas interno.

Aragone lideraba la ciudad y la zona

“Aunque la venta es limitada, el reducido stock de productos  que se exhibe en las góndolas se reduce día a día”, indicaba el periódico local que además, informaba que las sucursales de la zona habían sido absorbidas por otra cadena de supermercados y que, en la dependencia de Necochea, tras una breve toma por parte de los trabajadores, el comercio había cerrado sus puertas.

El 16 de marzo se anuncio el cierre inminente

“En nuestra ciudad los empleados no ocultan su preocupación ante la realidad que les toca vivir”, aseguraba el periódico que detallaba que solo una parte de los trabajadores que se desempeñaban en la sucursal de calle Sarmiento fueron absorbidos por la firma que había comprado el comercio.

Ante este panorama, los delegados indicaron que la firma había optado desde el mes de noviembre por otorgar vacaciones no pedidas, al margen de los problemas provocados por las deudas con los proveedores y el pago de los sueldos en cuotas y con bonos que podían cambiar por la mercadería disponible en el hipermercado y ofreció como una posible solución transformarse en una cooperativa, algo que los empleados rechazaron de plano.

Agobiado por las deudas, presentó quiebra. Algunos de los empleados fueron indemnizados. Hoy, a 24 años del cierre, aún queda la estructura de lo que supo ser el supermercado más grande de Mar del Plata. El interior, inundado de desperdicios de palomas, sin techos, con los pisos corroídos y las paredes graffiteadas y atacadas por la humedad guarda los recuerdos de una época dorada de Mar del Plata.

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