Fue un florista respetado y su trágica muerte dio origen a uno de los barrios más aspiracionales de Mar del Plata
A principios de la década de 1910 compró 18 hectáreas delimitadas por las calles Juan B Justo, Matheu, Córdoba y Mitre.En 1935 tomó una drástica decisión agobiado por las deudas.
Por Redacción 0223
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Francisco Chauvín, nació en Uruguay y, cuando se instaló en Mar del Plata comenzó con un emprendimiento que prosperó al punto de ser el lugar predilecto de la aristocracia para disfrutar de sus tardes de ocio.
Cuenta la historia que, a principios de la década de 1910 Chauvin compró 18 hectáreas delimitadas por las calles Juan B Justo, Matheu, Córdoba y Mitre.
En el gran predio, Chauvin, contrajo matrimonio con Leopoldina Schreiber, construyó su hogar y comenzó su negocio de cultivo de árboles y flores al tiempo que diseño jardines que eran dignos de ser visitados.
Dentro de los grandes jardines, Chauvin había instalado un innovador sistema para favorecer el cultivo forzado de especies. Consistía en un conjunto de calderas encargadas de llevar calor a los viveros mediante túneles subterráneos que mantenían la temperatura en los jardines Azul y Rojo y en el chalet del caracol.
El chalet principal se levantaba en la manzana hoy rodeada por Córdoba, San Luís, Azcuénaga y Larrea. Y sobre Córdoba, desde Azcuénaga a Juan B. Justo, las habitaciones para el personal, los galpones y las caballerizas. Desde la casa hasta el Jardín Francés, o Rojo (cuyo estanque para plantas acuáticas todavía existe), un camino de exposición mostraba confieras y arbustos de flor o follaje rojo.
Y el Jardín Azul hacía lo propio con los azules: delphinium, verbena, campánulas, y alrededor eucaliptus cinérea, cedros azules. Más allá, una fuente circular, con camino de piedras trabajadas y una Venus que pasó luego a la fuente de la Plaza San Martín.
Cova aseguraba que llegaron a trabajar allí aproximadamente, 60 personas. Además de importar especies forestales y flores, contrataba especialistas alemanes, japoneses, daneses, suecos, quienes, dependiendo de la especie, se encargaban de atenderla.
El emprendimiento de Chauvín era próspero, incluso llegó a abastecer a jardines de Buenos Aires. Pero, la llegada de la Gran Crisis del 30 y sus repercusiones lo acorralaron. Agobiado por las deudas, en 1935 se suicidó.
Sin herederos, los terrenos fueron loteados, los árboles centenarios que subsisten en la zona fueron sembrados por Chauvín. Las esculturas y maceteros de los jardines Azul y Rojo fueron trasladas a diferentes plazas de la ciudad y el vivero pasó a ser un recuerdo.
Aún hoy, el vivero es una referencia: el barrio donde estaba emplazado el emprendimiento, que de acuerdo al ejido municipal llevaba el nombre de Chacra 101 y actualmente el de San Carlos, es popularmente denominado Chauvin.
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