La obra maestra secreta que fascinó a Borges: Atávica Editora relanza las Fábulas de Stevenson con dos textos inéditos
Atávica Editora publica una nueva edición de las Fábulas de Robert Louis Stevenson, celebradas por Jorge Luis Borges. Con traducción de Diego Forte, ilustraciones de Catalina Kobelt y el rescate histórico de dos textos inéditos hallados en Yale, el volumen recupera la faceta más irónica, filosófica y vigente del célebre autor escocés
Jorge Luis Borges calificó las Fábulas de Robert Louis Stevenson como “una breve y secreta obra maestra”. El autor de El Aleph consideraba que en ellas se concentraba toda la magia, la paradoja, la economía narrativa y el coraje intelectual del autor escocés. Borges situó a las Fábulas al mismo nivel de maestría que sus cuentos y ensayos breves, señalando la capacidad de Robert Louis Stevenson para destilar dilemas éticos profundos en apenas un par de páginas.
¿Por qué la referencia a Jorge Luis Borges y a las Fábulas de Robert Louis Stevenson? Porque Atávica Editora acaba de publicar una nueva edición y traducción de este libro con el agregado de las últimas dos fábulas rescatadas por la Universidad de Yale en 2006.
La edición, que cuenta con la traducción de Diego Forte y las ilustraciones de Catalina Kobelt, busca complementar aquellas que editó Jorge Luis Borges, no solo por el agregado de estas recientemente rescatadas, sino también por los matices en la traducción de cada una de las más de veinte historias.
Las Fábulas (Fables) de Robert Louis Stevenson son una de las joyas más singulares, breves e insólitas de su obra. Comenzó a escribirlas alrededor de 1874 (en su juventud) y las continuó hasta los últimos años de su vida en Samoa. Fueron publicadas recién de manera póstuma en 1895 (un año después de su muerte) en la revista Longman’s Magazine y luego tomaron forma de libro.
A diferencia de las fábulas tradicionales (como las de Esopo, Jean de La Fontaine o Tomás de Iriarte), las fábulas de Robert Louis Stevenson rompen con la moralina simple o el aleccionamiento dogmático. No buscan enseñar una norma social rígida ni premiar al “bueno” de la historia. Lo que hace el autor es tomar las convenciones del género (animales que hablan, caballeros, reyes, demonios, dioses) y las revierte mediante la ironía, el absurdo y la paradoja. Por consiguiente, en lugar de dar una respuesta clara sobre cómo actuar, las fábulas dejan al lector con preguntas incómodas sobre la ética, la ilusión del heroísmo y la vacuidad de las certezas humanas, convirtiéndose en una antimoraleja.
El célebre escritor y crítico británico Gilbert Keith Chesterton dedicó un estudio monográfico a Robert Louis Stevenson en 1927. En él, destacaba cómo Robert Louis Stevenson lograba en sus fábulas una combinación única de ligereza técnica e ironía filosófica profunda. Para Chesterton, Stevenson era un moralista que no caía en el dogmatismo, sus fábulas funcionaban como “paradojas sutiles” donde el lector esperaba una lección convencional de catecismo o fábula de Esopo, pero terminaba encontrándose con un choque de lógica devastador sobre la naturaleza humana.
De las Fábulas hay que destacar la precisión quirúrgica del lenguaje y el resultado final, donde las breves piezas morales y fantásticas obtenidas no quedan como mero entretenimiento “infantil”, sino como ejercicios de altísima orfebrería estilística donde cada adjetivo cumplía una función estructural limpia y sin artificios sobrantes.
Dentro de los núcleos temáticos que fascinaron a Jorge Luis Borges, destacan tres grandes ejes: la dualidad humana, la crítica a la religión y el azar. Al igual que en El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, a Robert Louis Stevenson le obsesionaba la coexistencia de la virtud y la bajeza en un mismo individuo, de ahí que los héroes tengan motivos egoístas y los villanos lucidez filosófica, sumado a una implacable burla del rigorismo victoriano y de la piedad burguesa, todo ello cruzado por un universo implacable donde el destino de los personajes raras veces depende de su propia virtud.
Las Fábulas de Robert Louis Stevenson siguen siendo un libro vigente: no ofrecen consuelos fáciles ni lecciones masticadas, sino un espejo irónico sobre la condición humana. Atávica Editora ha logrado con este título ampliar su colección con un nuevo rescate de este autor que le da continuidad a lo comenzado con su volumen de ensayos Memento vivere y, por otro lado, con este recobro, no solo amplía nuestro catálogo de lectura, sino que nos devuelve a ese Robert Louis Stevenson más íntimo y desafiante, el que prefería incomodar con una paradoja antes que adoctrinar con una moraleja.
En tiempos de certezas rápidas y discursos inflexibles, volver a las fábulas esterlinas de Robert Louis Stevenson es un ejercicio de salud mental e intelectual. Un recordatorio elegante de que, frente a las grandes respuestas del mundo, la literatura siempre preferirá el territorio fértil de las buenas preguntas.
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