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El langostino regalará un difícil invierno en Mar del Plata

El langostino regalará un difícil invierno en Mar del Plata

Roberto Garrone

Barcos fresqueros que operan a merluza cambiaran por la mayor rentabilidad del langostino que sigue batiendo récords de desembarques. Pero dejarán sin materia prima a las plantas procesadoras del puerto local.

El langostino es un crustáceo de ciclo corto en términos pesqueros –entre 15 y 18 meses vulnerable a las redes de pesca- que no solo mantiene en pie una sobredimensionada flota pesquera y a varios pilares donde se sostiene la mismísima industria, sino que amenaza con modificar el modelo productivo en Mar del Plata.

La sobre abundancia del marisco exhibe números que ya dejan de ser sorprendentes y animan a más armadores locales a volcarse a una pesquería que se desarrolla lejos de Mar del Plata, en un área próxima a Rawson y Camarones, y más al oeste, ya en aguas nacionales principalmente frente a Chubut.

Una pesquería en la que hace, una década atrás, se descorchaba champagne si superaba las 35 mil toneladas de captura anual, hace cuatro años que triplica ese número. Los últimos dos batió su récord precedente. Fueron 143 mil toneladas en el 2015 y 172 mil el año pasado.

Lejos de pisar el freno, en el primer bimestre del año el langostino siguió con el pie en el acelerador. Se desembarcó un 36% más de toneladas que en el mismo período del histórico 2016. Hasta ahora el puerto que acapara los desembarques es Rawson, con 25 mil de las 27 mil toneladas que se llevan desembarcadas hasta el 8 de marzo. Autoridades provinciales creen que duplicarán esa cantidad al terminar la zafra provincial.

Nadie sabe por qué de este fenómeno. El Inidep, por problemas diversos, no realiza campañas de investigación sobre el recurso desde el 2011. Con los tres barcos del organismo jaqueados por los problemas mecánicos, esta semana se puso en marcha un relevamiento a bordo del “Bogavante Segundo”, un barco de Iberconsa, que durante dos semanas colectará datos del Golfo y el litoral de Chubut, entre los paralelos 43ºS y 47ºS, financiado por casi una veintena de empresas que participan de su pesca.

Daniel Bertuche y Carina Fischbach son dos de los investigadores que más saben del recurso. El balance del 2016 fue su último informe técnico, antes de jubilarse. Sostienen que los extraordinarios rendimientos no obedecen a un manejo exitoso de la pesquería sino a cuestiones ecosistémicas que por falta de campañas, hasta ahora, se desconocen.

El documento destaca un particular cambio en la composición de la flota con aumento en la participación de los fresqueros y un alza en el último año de los rendimientos en aguas nacionales (83% de los desembarques).

Los biólogos también advirtieron que “un escenario posible, de fuerte disminución de su abundancia, provocaría circunstancias de dificultosa administración tanto en la pesquería de langostino patagónico, como en otras pesquerías importantes que han disminuido su presión de pesca al cambiar, algunos de sus barcos, su especie objetivo por el langostino”.

En Mar del Plata el año pasado una docena de barcos fresqueros que históricamente pescaron hubbsi, cuando abrió la temporada de aguas nacionales, se fueron al sur atraídos por el mayor precio del crustáceo.

Este año la peregrinación puede ser mayor. En la Cámara de Armadores de Buques Fresqueros de Altura creen que habrá unos 25 barcos colorados pescando langostino. Barcos que no pescarán merluza, con el consiguiente riesgo para los miles de obreros ligados a su procesamiento en los frigoríficos marplatenses.

En los últimos días comenzó una presión desde la Patagonia contra la llegada de la flota local a la torta del langostino. Sostienen que la captura de los fresqueros sufre deterioro en las 96 horas que transcurren desde el inicio de la captura y el desembarque.

Como contracara, los congeladores tangoneros –dominan el 60% de los desembarques- obtienen un producto procesado a bordo de mayor calidad, que se exporta entero y a un mejor precio.

Los fresqueros de altura el año pasado aportaron casi 24 mil toneladas. A Mar del Plata no lo pueden traer porque el producto llegaría en muy malas condiciones. Ya el que descargan en Comodoro Rivadavia llega roto o con melanosis, una mancha que oscurece su caparazón. Así y todo vale mucho más que la merluza.

Autoridades de Chubut se preparan para mostrar un estudio donde quedaría en evidencia que la mitad de las descargas de los fresqueros rinde apenas la mitad ya que solo se vende la cola, a un precio inferior que el entero.

Claro que ese langostino de los fresqueros, como también parte de lo que aportan los barcos costeros, genera trabajo sostenido durante todo el año en plantas de Comodoro y Rawson principalmente.

Con salarios que alcanzan los 70 mil pesos por mes, un operario en la patagonia puede ganar casi lo que un obrero marplatense en todo el año atado al garantizado. Así de tonos claroscuros ofrece el pastel productivo de la pesca nacional.

Igual las empresas del sur tienen otros interrogantes. Si el dólar se mantiene planchado, como es idea del gobierno, los incentivos por reintegros a las exportaciones, en promedio del 4% para el langostino, son insuficientes si la paritaria con los sindicatos orilla el 30%, como imaginan.

Los industriales marplatenses del pescado fresco sacan otras cuentas. Por la venta de una tonelada de merluza interfoliada reciben cerca de 3 mil dólares. Procesar esa tonelada en tierra tiene un costo de 3200 dólares.

En Mar del Plata hubo algunas experiencias en el proceso de langostino fresco. Pesquera Veraz lo hizo hace un par de años, con materia prima que trajo en camión desde Chubut a la ciudad. Los fileteros tuvieron que aprender a descabezar, pelar y devanar langostino, lo mismo que las envasadoras.

Fueron frecuentes los tironeos con el personal para acordar el precio del kilo: es que no figura en el convenio colectivo. La experiencia se discontinuó y ahora toda la actividad vinculada al marisco la centran en Chubut.

El que quiere intentarlo ahora es Antonio Solimeno como forma de reactivar el trabajo de sus obreros ligados históricamente a la merluza fresca. Ya tiene casi convencidos a los fileteros para que descabecen langostino y a las envasadoras para que lo pelen. Hicieron una prueba piloto para saber cuántos kilos procesan por hora para establecer el precio.

Solimeno tiene decidido como dadores de la materia prima a los fresqueros “Virgen María” y “Promac”. “A merluza solo seguirá yendo el “Ur Ertza”, les dijo “Tony” a sus obreros, la semana pasada. Lo mismo pueden hacer Moscuzza y Valastro, con margen para pescar langostino y mantener la paz social entre sus recursos humanos.

El problema, como casi siempre, lo tendrá el eslabón más débil de la cadena: los obreros que no gozarán de la posibilidad de reemplazar merluza por langostino en las mesadas de las fábricas marplatenses.

Los efectivos estarán condenados a un salario garantizado para seguir sobreviviendo mientras aumenta el costo de vida. Los precarizados ni siquiera tendrán esa suerte este invierno. Su destino parece sellado de manera inexorable: la calle.

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El langostino regalará un difícil invierno en Mar del Plata

Barcos fresqueros que operan a merluza cambiaran por la mayor rentabilidad del langostino que sigue batiendo récords de desembarques. Pero dejarán sin materia prima a las plantas procesadoras del puerto local.

El langostino rebalsa. Un fenómeno que tiene su lado B en Mar del Plata

El langostino es un crustáceo de ciclo corto en términos pesqueros –entre 15 y 18 meses vulnerable a las redes de pesca- que no solo mantiene en pie una sobredimensionada flota pesquera y a varios pilares donde se sostiene la mismísima industria, sino que amenaza con modificar el modelo productivo en Mar del Plata.

La sobre abundancia del marisco exhibe números que ya dejan de ser sorprendentes y animan a más armadores locales a volcarse a una pesquería que se desarrolla lejos de Mar del Plata, en un área próxima a Rawson y Camarones, y más al oeste, ya en aguas nacionales principalmente frente a Chubut.

Una pesquería en la que hace, una década atrás, se descorchaba champagne si superaba las 35 mil toneladas de captura anual, hace cuatro años que triplica ese número. Los últimos dos batió su récord precedente. Fueron 143 mil toneladas en el 2015 y 172 mil el año pasado.

Lejos de pisar el freno, en el primer bimestre del año el langostino siguió con el pie en el acelerador. Se desembarcó un 36% más de toneladas que en el mismo período del histórico 2016. Hasta ahora el puerto que acapara los desembarques es Rawson, con 25 mil de las 27 mil toneladas que se llevan desembarcadas hasta el 8 de marzo. Autoridades provinciales creen que duplicarán esa cantidad al terminar la zafra provincial.

Nadie sabe por qué de este fenómeno. El Inidep, por problemas diversos, no realiza campañas de investigación sobre el recurso desde el 2011. Con los tres barcos del organismo jaqueados por los problemas mecánicos, esta semana se puso en marcha un relevamiento a bordo del “Bogavante Segundo”, un barco de Iberconsa, que durante dos semanas colectará datos del Golfo y el litoral de Chubut, entre los paralelos 43ºS y 47ºS, financiado por casi una veintena de empresas que participan de su pesca.

Daniel Bertuche y Carina Fischbach son dos de los investigadores que más saben del recurso. El balance del 2016 fue su último informe técnico, antes de jubilarse. Sostienen que los extraordinarios rendimientos no obedecen a un manejo exitoso de la pesquería sino a cuestiones ecosistémicas que por falta de campañas, hasta ahora, se desconocen.

El documento destaca un particular cambio en la composición de la flota con aumento en la participación de los fresqueros y un alza en el último año de los rendimientos en aguas nacionales (83% de los desembarques).

Los biólogos también advirtieron que “un escenario posible, de fuerte disminución de su abundancia, provocaría circunstancias de dificultosa administración tanto en la pesquería de langostino patagónico, como en otras pesquerías importantes que han disminuido su presión de pesca al cambiar, algunos de sus barcos, su especie objetivo por el langostino”.

En Mar del Plata el año pasado una docena de barcos fresqueros que históricamente pescaron hubbsi, cuando abrió la temporada de aguas nacionales, se fueron al sur atraídos por el mayor precio del crustáceo.

Este año la peregrinación puede ser mayor. En la Cámara de Armadores de Buques Fresqueros de Altura creen que habrá unos 25 barcos colorados pescando langostino. Barcos que no pescarán merluza, con el consiguiente riesgo para los miles de obreros ligados a su procesamiento en los frigoríficos marplatenses.

En los últimos días comenzó una presión desde la Patagonia contra la llegada de la flota local a la torta del langostino. Sostienen que la captura de los fresqueros sufre deterioro en las 96 horas que transcurren desde el inicio de la captura y el desembarque.

Como contracara, los congeladores tangoneros –dominan el 60% de los desembarques- obtienen un producto procesado a bordo de mayor calidad, que se exporta entero y a un mejor precio.

Los fresqueros de altura el año pasado aportaron casi 24 mil toneladas. A Mar del Plata no lo pueden traer porque el producto llegaría en muy malas condiciones. Ya el que descargan en Comodoro Rivadavia llega roto o con melanosis, una mancha que oscurece su caparazón. Así y todo vale mucho más que la merluza.

Autoridades de Chubut se preparan para mostrar un estudio donde quedaría en evidencia que la mitad de las descargas de los fresqueros rinde apenas la mitad ya que solo se vende la cola, a un precio inferior que el entero.

Claro que ese langostino de los fresqueros, como también parte de lo que aportan los barcos costeros, genera trabajo sostenido durante todo el año en plantas de Comodoro y Rawson principalmente.

Con salarios que alcanzan los 70 mil pesos por mes, un operario en la patagonia puede ganar casi lo que un obrero marplatense en todo el año atado al garantizado. Así de tonos claroscuros ofrece el pastel productivo de la pesca nacional.

Igual las empresas del sur tienen otros interrogantes. Si el dólar se mantiene planchado, como es idea del gobierno, los incentivos por reintegros a las exportaciones, en promedio del 4% para el langostino, son insuficientes si la paritaria con los sindicatos orilla el 30%, como imaginan.

Los industriales marplatenses del pescado fresco sacan otras cuentas. Por la venta de una tonelada de merluza interfoliada reciben cerca de 3 mil dólares. Procesar esa tonelada en tierra tiene un costo de 3200 dólares.

En Mar del Plata hubo algunas experiencias en el proceso de langostino fresco. Pesquera Veraz lo hizo hace un par de años, con materia prima que trajo en camión desde Chubut a la ciudad. Los fileteros tuvieron que aprender a descabezar, pelar y devanar langostino, lo mismo que las envasadoras.

Fueron frecuentes los tironeos con el personal para acordar el precio del kilo: es que no figura en el convenio colectivo. La experiencia se discontinuó y ahora toda la actividad vinculada al marisco la centran en Chubut.

El que quiere intentarlo ahora es Antonio Solimeno como forma de reactivar el trabajo de sus obreros ligados históricamente a la merluza fresca. Ya tiene casi convencidos a los fileteros para que descabecen langostino y a las envasadoras para que lo pelen. Hicieron una prueba piloto para saber cuántos kilos procesan por hora para establecer el precio.

Solimeno tiene decidido como dadores de la materia prima a los fresqueros “Virgen María” y “Promac”. “A merluza solo seguirá yendo el “Ur Ertza”, les dijo “Tony” a sus obreros, la semana pasada. Lo mismo pueden hacer Moscuzza y Valastro, con margen para pescar langostino y mantener la paz social entre sus recursos humanos.

El problema, como casi siempre, lo tendrá el eslabón más débil de la cadena: los obreros que no gozarán de la posibilidad de reemplazar merluza por langostino en las mesadas de las fábricas marplatenses.

Los efectivos estarán condenados a un salario garantizado para seguir sobreviviendo mientras aumenta el costo de vida. Los precarizados ni siquiera tendrán esa suerte este invierno. Su destino parece sellado de manera inexorable: la calle.

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