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"La literatura no salva a nadie"

"La literatura no salva a nadie"

Por Bernabé Tolosa

Cuando comencé a estudiar Lengua y Literatura comencé a pensar a la literatura como una “experiencia que me pasa”. O sea un acontecimiento que viene desde el exterior  y que me pasa a mí. Solo a mí.  No que pasa ante mí, o frente a mí, sino a mí, es decir, en mí. Entonces, el lugar de la experiencia soy yo. Es en mí donde la experiencia tiene lugar. Por ende, esa experiencia con la literatura conforma un “principio de transformación”. Quiero decir que el yo, sujeto sensible, racional y vulnerable, se deja transformar por esa experiencia. Es decir, me formo y me transformo por ella. Lo seguido es la huella, el rastro que esa experiencia deja en mí. Ese rastro puede ser duradero o puede ser efímero. Lo que no puede ser es inexistente. 

Es lindo pensar cada libro, cada texto bajo esa forma. Cada uno leerá y se transformará de una manera diferente. Y lo que cuenta es cuan en serio podamos tomar eso.

Sebastián Chilano lleva ya varios libros editados en su espalda. En soledad, en antologías, escritos de a pares. Él es uno de los escritores locales que más reclama su lugar en la narrativa actual. Escucharlo hablar significa notar su amor por la literatura. Significa ir descubriendo poco a poco cómo esa experiencia del contacto con los libros lo transforma permanentemente, generando esa tensión entre la pasión de la razón por la lectura, pasando por la escritura y todo lo que el lenguaje y/o el texto dice sobre nosotros.

Con el autor de En tres noches la eternidad (Vestales, 2015) hablé sobre su proceso de escritura, sin sospechar que eso nos dispararía a ver cuál es el sentido dialéctico que ha encontrado en la literatura a la hora de tomar en serio la experiencia de leer y de escribir. 

-¿El proceso de escritura para los escritores es más ritual o técnico?

-Por lo que he leído y he hablado hay muchos métodos y cada uno tiene el suyo. Hay métodos muy rituales, hay otros más laboriosos. Ejemplos como el de Stephen King o los de Aira que tienen horarios para escribir y después hay métodos muchos más caóticos, depende del entorno en el que se mueve el escritor. Creo que uno que no se dedica exclusivamente a la escritura debe ser más caótico en lograr el proceso de escribir, en eso de aislarse de la familia, del contexto, del trabajo. Cuando hablás con un escritor que vive de escribir, que es periodista por ejemplo, también le cuesta porque no logra separar su trabajo de su placer que sería escribir un libro.

-Creo que Abelardo Castillo dijo alguna vez que uno no corrige un texto, sino que se corrige a si mismo para volver renovado a la lectura de ese texto. En tu caso, ¿vos haces una corrección del texto frío o das lugar a esa fantasía romántica de la conexión entre ambos?

-Me parece muy acertado eso. No lo había pensado en el término de corregirse a uno mismo. Lo pienso más en el término de alejarte lo más posible del texto y de las influencias que tenías en el momento de escribirlo. Uno está escribiendo y a la vez leyendo y otras cosas también. A su vez mientras escribís estás buscando cómo destrabar a partir de ciertas lecturas alguna idea, entonces el libro que vos estas creando se forma a través de ciertos procesos que tiene el escritor. Cuando vos lo terminas, lo mejor que podes hacer es alejarte lo más posible y generalmente uno lo hace a través de otras lecturas. Por ejemplo,  yo estaba escribiendo una novela y justo mientras se da este proceso descubrí un nuevo escritor sueco y leí todas sus novelas, probablemente lo que escriba esté atravesado por ese escritor sueco. Entonces lo mejor es terminar y antes de corregir empezar a leer otras cosas y después vuelvo a esa corrección y ahí es donde yo creo, él se refiere a corregirse uno mismo. Porque me parece muy difícil corregirse uno mismo desde la nada, me parece que uno se corrige desde nuevas lecturas o de nuevas experiencias, pero más que nada de nuevas lecturas.

-O sea ¿una medida para lograr una superación del texto original?

Si, como superación y como distancia de ese texto. Porque ese texto se formó junto a lo que leía en ese momento. Porque si yo no escribía nada y leo tres libros de Julio Verne y me siento a escribir, voy a escribir, no como Julio Verne, pero si algo con cierto aire a Julio Verne. Lo ideal sería que dejes ese texto y lea a Emilio Salgari y me ponga a corregir. Y esa distancia es corregirse a uno mismo. Creo que es a través de las lecturas que vos te corregís, más si vos sos escritor.

-A raíz de esto último entonces, ¿uno se corrige y busca luego la perfección de ese texto? Quiero llegar a esto en realidad, ¿qué idea de perfección de un texto tenés vos?

-Son varias, pero con el paso del tiempo encuentro una característica que generalmente no me falla y es que, “si me aburre a mí, aburre a cualquier lector”. El texto perfecto no me aburre, perfecto dentro de lo que uno puede alcanzar. Pero si yo lo leo y me aburre, ese texto aún necesita trabajo. El aburrimiento viene más que nada de la fluidez de la lectura. Si un párrafo me resulta denso, pesado, no funciona.
-No quiero caer en la palabra entretenimiento, porque he leído tus textos, pero la idea de perfección no es lo atrapante que tenga la historia solamente…
-No, porque a mi idea de aburrimiento no la enfrento con entretenimiento. Aburrirse no es una mala palabra, aburrirse está perfecto. El aburrimiento es que no me dé ganas de seguir leyendo. Pero eso no es entretenimiento. Hay libros que uno lee porque están perfectamente bien escritos y uno prescinde de la historia, pero vos sabes que el cuidado de la palabra en el texto es importante. A eso me refiero.

- Entiendo, ¿y el otro método?

-Eso es uno, el aburrimiento. Y el otro, que es lo más difícil, es, yo generalmente corrijo por párrafos, y es aquel que cuando lo leo a ese párrafo, no le falte ninguna palabra. Le puede sobrar, eso es parte del proceso de corrección, es más, cada vez más corrijo borrando, pero cuando no hay que agregarle nada ya que explique lo que quise decir me parece que ya estamos cerca del texto final. Y cuando leés de corrido y  fluye, yo digo que tiene su propia música, tiene su propio ritmo, para mí el texto ya está. 

- ¿Te sorprende lo que sale de vos, las historias que encontrás para contar?

-Para salir rápido de la pregunta, podría decir que eso es lo que busca uno siempre. Uno dice, voy a contar una historia, e inmediatamente se tiene que preguntar ¿para qué voy a contar esa historia habiendo tantas?  Y en algún momento durante el proceso de escritura me suele pasar que digo: “guau… ¿cómo llegue acá? ¿Cómo fue que esto no existía si yo no me hubiese sentado a trabajar en este texto, nunca hubiese pensado las cosas que estoy pensando, estos personajes no hubiesen hecho esto, este ensayo no hubiese llegado a este lugar? Y creo que ese, me resulta a mí, uno de los momentos más gratos, porque es el momento en que vos decís, bueno creé algo, realmente esto es una creación, es un producto que ni siquiera yo sabía que iba a lograr. Cada vez que uno empieza un proyecto nuevo, inconscientemente busco eso, ese momento de decir, bien, llegué a algo que nunca pensé que iba a llegar. A veces funciona más, a veces te funciona menos y, lo engancho con lo anterior, si no pasa eso es parte del aburrimiento.

A lo largo de la producción literaria de Chilano, sus intereses y sus historias han ido cambiando. No así el respeto por el lenguaje y del estado de la realidad de su imaginación. Logra ponerle dinámicas diferenciadas según el texto, así como personajes que hacen eco en la realidad. Pero detrás está Chilano, el lector, el escritor, el médico, el padre de familia y otros tantos. Pero ¿cuánto tienen sus historias de él? “Todo y nada” responde rápido. Y agrega “Algunos tienen más otros menos, algunos tienen más las vivencias, como usar una escena familiar y otros tienen más de lo que yo pienso. Generalmente trato que el personaje lo diga. A veces tienen cosas que he pensado y he cambiado porque me he puesto en otra postura, los personajes entonces están discutiendo algo que yo me planteé conmigo mismo. Sí, uso muchas escenas familiares y de anécdotas de amigos, pero soy muy cuidadoso para que no se den cuenta. No me gusta que se den cuenta. Si hasta ahora vengo cumpliendo con aquello de no usar cosas del trabajo”.

-¿Cuándo tomaste la escritura en serio?

-Te diría a partir del cambio de lectura. Creo que yo durante muchos años leí mucha narrativa, novela más que nada, y en algún momento empecé, más que nada por charlas, a sentir curiosidad por los ensayos, por la filosofía. Y empecé a tomar más en serio, más drásticamente la escritura. Digamos, uno publica su primera novela con todo el entusiasmo, decimos ya está la primera, qué nos depara el destino ahora y en general es un mazazo y vos ves que el juego es publicar dos, tres, cuatro novelas y  podés publicarlas, pero después no hay más que eso. Y uno se pregunta entonces ¿por qué estoy haciendo esto? Porque publico cuatro novelas y los lectores son más o menos los mismos, voy  formando lectores de a  puchos, pero ¿cuál es el sentido de lo que estoy haciendo, cuál es la importancia de lo que estoy haciendo? Y comenzás a replantearte la escritura de otra manera. A mí se me dio ese replanteo con un cambio de lecturas y ese cambio de lecturas me hizo tomarla mucho más enserio. Quizás lo que pueda pasar en Ningún otro cielo (su última novela editada por Letra Sudaca) es que quizás no es de una lectura tan fácil, tan ágil o tan simple. Hay algo más de complejidad. Y es difícil y me representa un desafío más importante.

 

-¿Y la literatura más en serio?

-Creo que el “en serio” antes era decirse voy a presentar un buen producto, una historia que esté buena y que uno lo haga porque quiere sorprender o porque querés contar una historia bien contada, bien hecha y eso te puedo decir que es Méndez (Vestales, 2014). Tomarme la literatura bien en serio es el aspecto de, no solo entretenimiento, sino decir que la historia es lo bueno, los personajes igual y podría a partir de Méndez que está publicada en un orden cronológico que no es el de su escritura, está escrito mucho antes.

-¿Cuántos años?

-Méndez se publicó hace cuatro años.

-O sea, ¿hace cuatro años tomaste en serio la literatura y ahora la escritura?

-Sí y luego de Méndez vino En tres noches la eternidad que es mi novela menos vendida, o sea la menos leída y que fue para mí el gran cambio y también fue aceptar que yo quería ir hacia esto y es probable que con esa novela uno pierde lectores, más que ganarlos, pero va de la mano con el cambio y Ningún otro cielo en el cambio, es la continuidad de En tres noches la eternidad.

Las experiencias de lectura y de escritura como aquello que te pasa, entonces. Las experiencias con los libros que logran dejar una huella para que vos revises determinadas respuestas de tu día a día. De tu existencia. Experiencias que logran por instantes des-sujetar al sujeto de toda aquella respuesta que creía poseer. Experiencia de lectura que no te dejará ser el mismo luego de ella. 

-La literatura como algo que trasciende la comunicación, así entonces, vos, Sebastián Chilano lector y escritor, ¿depositarías la fe en la literatura?

-No, en la literatura no. La literatura no salva a nadie. Por suerte, pero eso está bueno. No tener la fe en la literatura porque vamos a negar más si cada vez depositamos menos la fe en menos cosas. Me parece que cuando más fe ponemos en algo, más te defrauda, porque nada es perfecto, todo es perfectible. Yo tuve una formación católica. Pero ser ateo o agnóstico, me llevó mucho tiempo porque desde chico adquirí eso que es la fe. Que se arraiga más que el dogma y la fe la vas reemplazando. Y yo la fe en la religión la cambié por la fe en la ciencia y algo ya intuía que en la ciencia no se podría mucho, si no suena todo demasiado sabatiano. Y la literatura debería carecer de fe. Yo si soy dogmático o milito por un tiempo a los autores que me gustan, pero por suerte los podes correr con el tiempo y nadie se ofende y si se ofende, bueno ya está….

Sebastián Chilano nació en 1976. Publicó las novelas Riña de gallos (2010), Las reglas de Burroughs (2012), Tan lejos que es mentira (Letra Sudaca, 2013), Méndez (2014), En tres noches la eternidad (2015) y Ningún otro cielo (Letra Sudaca, 2017). Además escribió, en coautoría con Fernando del Rio, las novelas Furca. La cola del lagarto (2009) y El geriátrico (2011).
 

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"La literatura no salva a nadie"

Cuando comencé a estudiar Lengua y Literatura comencé a pensar a la literatura como una “experiencia que me pasa”. O sea un acontecimiento que viene desde el exterior  y que me pasa a mí. Solo a mí.  No que pasa ante mí, o frente a mí, sino a mí, es decir, en mí. Entonces, el lugar de la experiencia soy yo. Es en mí donde la experiencia tiene lugar. Por ende, esa experiencia con la literatura conforma un “principio de transformación”. Quiero decir que el yo, sujeto sensible, racional y vulnerable, se deja transformar por esa experiencia. Es decir, me formo y me transformo por ella. Lo seguido es la huella, el rastro que esa experiencia deja en mí. Ese rastro puede ser duradero o puede ser efímero. Lo que no puede ser es inexistente. 

Es lindo pensar cada libro, cada texto bajo esa forma. Cada uno leerá y se transformará de una manera diferente. Y lo que cuenta es cuan en serio podamos tomar eso.

Sebastián Chilano lleva ya varios libros editados en su espalda. En soledad, en antologías, escritos de a pares. Él es uno de los escritores locales que más reclama su lugar en la narrativa actual. Escucharlo hablar significa notar su amor por la literatura. Significa ir descubriendo poco a poco cómo esa experiencia del contacto con los libros lo transforma permanentemente, generando esa tensión entre la pasión de la razón por la lectura, pasando por la escritura y todo lo que el lenguaje y/o el texto dice sobre nosotros.

Con el autor de En tres noches la eternidad (Vestales, 2015) hablé sobre su proceso de escritura, sin sospechar que eso nos dispararía a ver cuál es el sentido dialéctico que ha encontrado en la literatura a la hora de tomar en serio la experiencia de leer y de escribir. 

-¿El proceso de escritura para los escritores es más ritual o técnico?

-Por lo que he leído y he hablado hay muchos métodos y cada uno tiene el suyo. Hay métodos muy rituales, hay otros más laboriosos. Ejemplos como el de Stephen King o los de Aira que tienen horarios para escribir y después hay métodos muchos más caóticos, depende del entorno en el que se mueve el escritor. Creo que uno que no se dedica exclusivamente a la escritura debe ser más caótico en lograr el proceso de escribir, en eso de aislarse de la familia, del contexto, del trabajo. Cuando hablás con un escritor que vive de escribir, que es periodista por ejemplo, también le cuesta porque no logra separar su trabajo de su placer que sería escribir un libro.

-Creo que Abelardo Castillo dijo alguna vez que uno no corrige un texto, sino que se corrige a si mismo para volver renovado a la lectura de ese texto. En tu caso, ¿vos haces una corrección del texto frío o das lugar a esa fantasía romántica de la conexión entre ambos?

-Me parece muy acertado eso. No lo había pensado en el término de corregirse a uno mismo. Lo pienso más en el término de alejarte lo más posible del texto y de las influencias que tenías en el momento de escribirlo. Uno está escribiendo y a la vez leyendo y otras cosas también. A su vez mientras escribís estás buscando cómo destrabar a partir de ciertas lecturas alguna idea, entonces el libro que vos estas creando se forma a través de ciertos procesos que tiene el escritor. Cuando vos lo terminas, lo mejor que podes hacer es alejarte lo más posible y generalmente uno lo hace a través de otras lecturas. Por ejemplo,  yo estaba escribiendo una novela y justo mientras se da este proceso descubrí un nuevo escritor sueco y leí todas sus novelas, probablemente lo que escriba esté atravesado por ese escritor sueco. Entonces lo mejor es terminar y antes de corregir empezar a leer otras cosas y después vuelvo a esa corrección y ahí es donde yo creo, él se refiere a corregirse uno mismo. Porque me parece muy difícil corregirse uno mismo desde la nada, me parece que uno se corrige desde nuevas lecturas o de nuevas experiencias, pero más que nada de nuevas lecturas.

-O sea ¿una medida para lograr una superación del texto original?

Si, como superación y como distancia de ese texto. Porque ese texto se formó junto a lo que leía en ese momento. Porque si yo no escribía nada y leo tres libros de Julio Verne y me siento a escribir, voy a escribir, no como Julio Verne, pero si algo con cierto aire a Julio Verne. Lo ideal sería que dejes ese texto y lea a Emilio Salgari y me ponga a corregir. Y esa distancia es corregirse a uno mismo. Creo que es a través de las lecturas que vos te corregís, más si vos sos escritor.

-A raíz de esto último entonces, ¿uno se corrige y busca luego la perfección de ese texto? Quiero llegar a esto en realidad, ¿qué idea de perfección de un texto tenés vos?

-Son varias, pero con el paso del tiempo encuentro una característica que generalmente no me falla y es que, “si me aburre a mí, aburre a cualquier lector”. El texto perfecto no me aburre, perfecto dentro de lo que uno puede alcanzar. Pero si yo lo leo y me aburre, ese texto aún necesita trabajo. El aburrimiento viene más que nada de la fluidez de la lectura. Si un párrafo me resulta denso, pesado, no funciona.
-No quiero caer en la palabra entretenimiento, porque he leído tus textos, pero la idea de perfección no es lo atrapante que tenga la historia solamente…
-No, porque a mi idea de aburrimiento no la enfrento con entretenimiento. Aburrirse no es una mala palabra, aburrirse está perfecto. El aburrimiento es que no me dé ganas de seguir leyendo. Pero eso no es entretenimiento. Hay libros que uno lee porque están perfectamente bien escritos y uno prescinde de la historia, pero vos sabes que el cuidado de la palabra en el texto es importante. A eso me refiero.

- Entiendo, ¿y el otro método?

-Eso es uno, el aburrimiento. Y el otro, que es lo más difícil, es, yo generalmente corrijo por párrafos, y es aquel que cuando lo leo a ese párrafo, no le falte ninguna palabra. Le puede sobrar, eso es parte del proceso de corrección, es más, cada vez más corrijo borrando, pero cuando no hay que agregarle nada ya que explique lo que quise decir me parece que ya estamos cerca del texto final. Y cuando leés de corrido y  fluye, yo digo que tiene su propia música, tiene su propio ritmo, para mí el texto ya está. 

- ¿Te sorprende lo que sale de vos, las historias que encontrás para contar?

-Para salir rápido de la pregunta, podría decir que eso es lo que busca uno siempre. Uno dice, voy a contar una historia, e inmediatamente se tiene que preguntar ¿para qué voy a contar esa historia habiendo tantas?  Y en algún momento durante el proceso de escritura me suele pasar que digo: “guau… ¿cómo llegue acá? ¿Cómo fue que esto no existía si yo no me hubiese sentado a trabajar en este texto, nunca hubiese pensado las cosas que estoy pensando, estos personajes no hubiesen hecho esto, este ensayo no hubiese llegado a este lugar? Y creo que ese, me resulta a mí, uno de los momentos más gratos, porque es el momento en que vos decís, bueno creé algo, realmente esto es una creación, es un producto que ni siquiera yo sabía que iba a lograr. Cada vez que uno empieza un proyecto nuevo, inconscientemente busco eso, ese momento de decir, bien, llegué a algo que nunca pensé que iba a llegar. A veces funciona más, a veces te funciona menos y, lo engancho con lo anterior, si no pasa eso es parte del aburrimiento.

A lo largo de la producción literaria de Chilano, sus intereses y sus historias han ido cambiando. No así el respeto por el lenguaje y del estado de la realidad de su imaginación. Logra ponerle dinámicas diferenciadas según el texto, así como personajes que hacen eco en la realidad. Pero detrás está Chilano, el lector, el escritor, el médico, el padre de familia y otros tantos. Pero ¿cuánto tienen sus historias de él? “Todo y nada” responde rápido. Y agrega “Algunos tienen más otros menos, algunos tienen más las vivencias, como usar una escena familiar y otros tienen más de lo que yo pienso. Generalmente trato que el personaje lo diga. A veces tienen cosas que he pensado y he cambiado porque me he puesto en otra postura, los personajes entonces están discutiendo algo que yo me planteé conmigo mismo. Sí, uso muchas escenas familiares y de anécdotas de amigos, pero soy muy cuidadoso para que no se den cuenta. No me gusta que se den cuenta. Si hasta ahora vengo cumpliendo con aquello de no usar cosas del trabajo”.

-¿Cuándo tomaste la escritura en serio?

-Te diría a partir del cambio de lectura. Creo que yo durante muchos años leí mucha narrativa, novela más que nada, y en algún momento empecé, más que nada por charlas, a sentir curiosidad por los ensayos, por la filosofía. Y empecé a tomar más en serio, más drásticamente la escritura. Digamos, uno publica su primera novela con todo el entusiasmo, decimos ya está la primera, qué nos depara el destino ahora y en general es un mazazo y vos ves que el juego es publicar dos, tres, cuatro novelas y  podés publicarlas, pero después no hay más que eso. Y uno se pregunta entonces ¿por qué estoy haciendo esto? Porque publico cuatro novelas y los lectores son más o menos los mismos, voy  formando lectores de a  puchos, pero ¿cuál es el sentido de lo que estoy haciendo, cuál es la importancia de lo que estoy haciendo? Y comenzás a replantearte la escritura de otra manera. A mí se me dio ese replanteo con un cambio de lecturas y ese cambio de lecturas me hizo tomarla mucho más enserio. Quizás lo que pueda pasar en Ningún otro cielo (su última novela editada por Letra Sudaca) es que quizás no es de una lectura tan fácil, tan ágil o tan simple. Hay algo más de complejidad. Y es difícil y me representa un desafío más importante.

 

-¿Y la literatura más en serio?

-Creo que el “en serio” antes era decirse voy a presentar un buen producto, una historia que esté buena y que uno lo haga porque quiere sorprender o porque querés contar una historia bien contada, bien hecha y eso te puedo decir que es Méndez (Vestales, 2014). Tomarme la literatura bien en serio es el aspecto de, no solo entretenimiento, sino decir que la historia es lo bueno, los personajes igual y podría a partir de Méndez que está publicada en un orden cronológico que no es el de su escritura, está escrito mucho antes.

-¿Cuántos años?

-Méndez se publicó hace cuatro años.

-O sea, ¿hace cuatro años tomaste en serio la literatura y ahora la escritura?

-Sí y luego de Méndez vino En tres noches la eternidad que es mi novela menos vendida, o sea la menos leída y que fue para mí el gran cambio y también fue aceptar que yo quería ir hacia esto y es probable que con esa novela uno pierde lectores, más que ganarlos, pero va de la mano con el cambio y Ningún otro cielo en el cambio, es la continuidad de En tres noches la eternidad.

Las experiencias de lectura y de escritura como aquello que te pasa, entonces. Las experiencias con los libros que logran dejar una huella para que vos revises determinadas respuestas de tu día a día. De tu existencia. Experiencias que logran por instantes des-sujetar al sujeto de toda aquella respuesta que creía poseer. Experiencia de lectura que no te dejará ser el mismo luego de ella. 

-La literatura como algo que trasciende la comunicación, así entonces, vos, Sebastián Chilano lector y escritor, ¿depositarías la fe en la literatura?

-No, en la literatura no. La literatura no salva a nadie. Por suerte, pero eso está bueno. No tener la fe en la literatura porque vamos a negar más si cada vez depositamos menos la fe en menos cosas. Me parece que cuando más fe ponemos en algo, más te defrauda, porque nada es perfecto, todo es perfectible. Yo tuve una formación católica. Pero ser ateo o agnóstico, me llevó mucho tiempo porque desde chico adquirí eso que es la fe. Que se arraiga más que el dogma y la fe la vas reemplazando. Y yo la fe en la religión la cambié por la fe en la ciencia y algo ya intuía que en la ciencia no se podría mucho, si no suena todo demasiado sabatiano. Y la literatura debería carecer de fe. Yo si soy dogmático o milito por un tiempo a los autores que me gustan, pero por suerte los podes correr con el tiempo y nadie se ofende y si se ofende, bueno ya está….

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