Dostoievski o tantas vidas como personajes

El próximo mes de noviembre se cumplen doscientos años del nacimiento de Fiódor Mijáilovich Dostoievski. Dejó un legado impresionante en textos e influencias. Con una vida sufrida y literaria en partes iguales, buscó lograr sus personajes como símbolo de lo propio y de lo de todos.

La vida y obra del autor ruso se involucran como la vida y el sueño, como lo profundo y lo oscuro.

31 de Octubre de 2021 08:06

Fiódor Mijáilovich Dostoievski murió el 28 de enero (calendario juliano o 9 de febrero para el Gregoriano) de 1881. Tenía 59 años y ya gozaba de su fama. Anna Grigorievna, su segunda esposa, estuvo con él todo el tiempo hasta el final y fue quien se hizo cargo luego de su obra.

Desde el día de la muerte de Dostoievski, Anna Grigorievna iba diariamente al cementerio con los niños. Siempre, según cuenta Henri Troyat, al regresar a su  casa se encontraba con el salón repleto de gente extraña. Entre ellos se repetían día tras día: un diácono que no se iba hasta que no se le daba alguna moneda, distintos editores que querían los derechos de las obras de su marido y un tal profesor Wagner de la Universidad de San Petersburgo, conocido espiritista, que buscaba su permiso para invocar el alma del escritor.

Todo este movimiento diario, más el golpe anímico que significó la muerte de Dostoievski, mantenía a Anna en un estado de debilidad y de extremo nerviosismo. Pero también vio a través de ellos lo que la obra de su marido significaba para muchos otros con distintos intereses. Por eso, en lo sucesivo, solo vivió para organizar la gloria póstuma de él.

Dostoievski nació el 30 de octubre (calendario Juliano, 11 de septiembre para el Gregoriano) de 1821 en Moscú. El lugar fue un asilo, que según leen muchos, fue una señal del lugar que ocupará en el mundo: el del desprecio, el lugar apartado.

Tuvo una vida que puede, tranquilamente, confundirse con algunas de sus novelas. Participó de la historia más importante de su país y hasta conoció a algunos de los sobrevivientes “decembristas” en los campos donde estuvo prisionero por formar parte del grupo intelectual liberal Círculo Petrashevski, bajo el cargo de conspirar contra el zar Nicolás I.

La temprana muerte de su madre, el asesinato de su padre en manos de los ciervos, la detención en Siberia, un falso fusilamiento y el destierro hacen que su vida y su obra se involucren como la vida y el sueño, como lo profundo y lo oscuro. Sufría de ataques de epilepsia. Su primera esposa falleció en 1864 (María Dmítriyevna Isáyeva).

Detrás de cada uno de sus personajes y de cada una de sus historias uno fácilmente puede identificar algunos de sus días sobre esta tierra. Por dicha vida, Dostoievski muestra y hace sentir el cargo del ser humano en sus textos. “La vida de Dostoievski es la de un personaje del Antiguo Testamento, heroica, en nada moderna ni burguesa. Está obligado eternamente a luchar con el ángel como Jacob, a rebelarse contra Dios y a doblegarse como Job. Sin un instante de seguridad ni de reposo, debe sentir siempre la presencia de Dios, que lo castiga porque lo ama. Para que el camino llegue al infinito no puede descansar feliz un solo minuto. A veces parece que el demonio de su destino contiene su cólera y le permite seguir como a los demás por la senda común de la vida, pero la poderosa mano vuelve siempre a levantarse para empujarlo de nuevo a la maleza, entre zarzales ardientes” explica Stefan Zweig.

Ya había comenzado a escribir su obra Los hermanos Karamazov, que sería la última, y acarreaba con el reconocimiento del público, sobre todo después de la publicación de Diario de un escritor. El 10 de junio de 1880 se despediría triunfador y alegre de Moscú, a pesar de sentirse muy cansado.

Ya en San Petersburgo se entera de una serie de críticas negativas sobre su presencia en Rusia, esto, sumado a su estado de salud, le provoca dos ataques de epilepsia que lo dejan inmovilizado durante un par de semanas. La inquietud de sus lectores y el interés de muchos por su nueva novela logran entusiasmarlo y comienza a redactar el final de Los hermanos Karamazov y sacarlo de su mal estado.

En el mes de noviembre de ese año, el epílogo de su novela llega al diario El mensajero ruso. Fueron tres años de trabajo de escritura y, en forma folletinesca, se publicó en dos. Esta sería su última publicación en vida.

La noche del 25 de enero de 1881 intenta mover un mueble para tomar una pluma que se le había caído y en el esfuerzo siente una bocanada de sangre. La hemorragia es leve, no le da importancia. Pero al día siguiente se repite. Mientras lo revisa el médico vuelve a sangrar y pierde el conocimiento. Cuando vuelve en sí le dice a su mujer: “Anna, te lo ruego, manda a llamar a un sacerdote inmediatamente. Quiero confesar y comulgar” cuenta la crónica de Henri Troyat.

El 28 de enero se despierta a las once de la mañana. Al intentar incorporarse sufre una nueva hemorragia. Su mujer, junto a él, logra escuchar que dice: “Pobre querida, con qué preocupaciones te dejo. Que difícil te será vivir”.

Toda esa noche el sangrado continúa. Fiódor Mijáilovich sigue susurrando frases incoherentes que su mujer anota en un papel: “Los estoy arruinando con mi enfermedad… Tacha lo que no te parezca… ¿Qué dicen de mí?... El fin, el fin… Me voy a sumergir”.

La tarde del otro día lo encuentra sin sentido. La casa está llena de amigos y parientes. Anna y sus hijos lo rodean;  él, en un sillón con sus ojos cerrados. Ya llegan telegramas de pésames de todos lados. A las ocho de la noche llega el médico a verlo. Ya nada hay por hacer. A las 20.36 expira.

Hay gritos, llantos. Anna Grigorievna no puede soportar el dolor y a tanta gente, pero todos quieren despedir los restos de Fiódor Mijáilovich Dostoievski. Entre ella y él hay muchos. Él ya es de todos, se lo arrebataron.

Según Troyat, el traslado del cadáver tiene lugar el 31 de enero. La calle frente a su casa está inundada por una muchedumbre. Alzan el ataúd y lo llevan en hombros hasta el convento. Treinta mil personas acompañan los restos del escritor. Dicen que son setenta y dos las delegaciones portadoras de coronas que asisten y quince los coros que participan. Tardan dos horas de marcha hasta llegar al centro de la capilla del Espíritu Santo. Aún al otro día, sigue llegando gente. La policía tiene que cerrar las puertas de la iglesia. Anna se ve impedida de entrar hasta que la reconocen y lo logra. Según las autoridades, “Ya muchas han dicho que eran la viuda de Dostoievski para poder ingresar”.

El ataúd en andas es llevado al cementerio. Es un día muy frió y la nieve lo cubre todo. En su lápida se lee un versículo del Evangelio según San Juan, el mismo que figura como epígrafe en Los hermanos Karamazov: “En verdad, en verdad os digo que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere produce mucho fruto”.

A las cuatro de la tarde todo termina. Anna busca regresar a su casa, agotada. Comenzaba una nueva vida para ella. También para la figura de Dostoievski. Bela Martinova sostendrá que “Convencido de que solo la belleza salvaría al mundo, hasta el final de sus días luchó utilizando la vía literaria, imitando inconscientemente a su admirado Quijote, prendado de la belleza el ideal que la nobleza obliga a defender”.

Desde aquel día, quizás antes también, su influencia ha sido enorme. Una influencia que no solo se dio en la literatura, igualmente se dio en lo espiritual y en lo vital. Se ha leído y se lee a Dostoievski no como un autor de ficciones, sino como un autor de estudios sobre el alma humana. “Dostoievski no nos cuenta lo que pasa. Sino que nos obliga a descender al subsuelo para que veamos qué es lo que está pasando realmente: nos obliga a vernos a nosotros mismos. Dostoievski es nuestro contemporáneo porque adivinó cuáles iban a ser los dramas y conflictos de nuestra época” argumenta Octavio Paz.

Su muerte generó una fascinación mucho más grande por el escritor. Los hermanos Karamazov se agotó enseguida y eran muchos los editores que pedían reeditar su obra. Anna, agotada por todo, decidió ella personalmente hacerse cargo del legado de Dostoievski. Editó una vez más su obra completa, a la que sumó una pequeña biografía y una serie de recuerdos y anécdotas a cargo de Miller y Strajov, con quien tiempo después tendría muchas diferencias. Se recaudaron 75.000 rublos, la misma cantidad que el director del periódico Niva pagó en 1893 para publicar las novelas en forma de suplemento gratuito. El número de suscriptores, en poco tiempo, pasó de 70.000 a 190.000.

Las críticas a Anna Grigorievna fueron muchas y variadas: desde que simplificó la obra de su marido, hasta que logró evitar que se reescribieran mentiras sobre él.

La obra de Dostoievski, novelas y cuentos, abarca una temática muy variada y exquisita. Los personajes son muchos y todos obedecen a su deseo de mostrar la complejidad del alma rusa, que según él, sintetizaba el alma del ser humano. La impresión que deja su obra es que nadie puede permanecer indiferente al leerla.

Al decir del propio Troyat, “La obra de Dostoievski no es una contestación, sino una pregunta. Nos ha enriquecido no con una certeza, sino con una infinita inquietud”.

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