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Reencuentro con La viuda de los Van Gogh de Camilo Sánchez

Reencuentro con La viuda de los Van Gogh de Camilo Sánchez

Por Bernabé Tolosa

La viuda de los Van Gogh (Edhasa  2012) nos mete de lleno en el cómo la obra de Vincent Van Gogh llega a ser lo que es hoy. Vale el reencuentro con esta novela de Camilo Sánchez, mezcla de crónica periodística con nouvelle en lenguaje poético.

“Una sombra pesada, en cada peldaño de la escalera, fue el anuncio: Théo Van Gogh entró con el fantasma de la muerte pisándole los zapatos. Johanna lo miró. En tres días había envejecido diez años. Casi no reparó en su esposa y apenas si saludó al niño. Con una parsimonia extrema, colocó bajo la cama los últimos trabajos de su hermano, una serie de rollos con lienzos de pintura aún reciente. Después, en el baúl de roble de las cartas, dejó una última que Vincent Van Gogh tenía entre sus ropas cuando se pegó el balazo y se acostó a dormir”

Así comienza La viuda de los Van Gogh de Camilo Sánchez. Extraña y fascinante nouvelle que combina las crónicas de la época con el pensar diario y las cartas que escribía Vincent Van Gogh, desnudando su espíritu y su poética. La viuda de los Van Gogh es una imagen tan potente que uno logra transitar lo que viven los protagonistas, o mejor dicho lo que vive la protagonista, pero también logra envejecer con Théo, sentir el maldito disparo y dormir el sueño del artista.

Pero la historia tiene un interés particular, especial. Se trata de Johanna Van Gogh Bonger, viuda de Théo, con 28 años y un hijo, quien irrumpe en la correspondencia que llevaron los hermanos y descubre no solo a quien tenía a su lado, sino también a un artista que, destinado al olvido, gracias a ella se convierte en universal.

Si fue casualidad o causalidad, ya no importa. Sánchez nos hace partícipe de la vida de Johanna. Su intención es claramente contar los días de quien fuera la depositaria  de la obra de Van Gogh. Vale mencionar acá que Vincent sólo vendió dos cuadros durante su vida y algunas fuentes aseguran que solo existen dos archivos con opiniones favorables a la obra durante esos años, pero a Johanna le llevaría dos años y medio para convertir a aquel ausente en un mito artístico y su propia vida en una épica de la reconstrucción y la supervivencia.

 

Hoy, el que nos conmueva una pintura de Van Gogh por razones emotivas o intelectuales, queda debajo de las peripecias que ella debió afrontar. Por ella, Van Gogh se ha hecho uno con muchos de nosotros.

Vincet Van Gogh se suicida en julio de 1890 y seis meses después Théo, su hermano, tras una larga agonía marcada por el duelo y también algo de locura, fallece. Ahí, justo en ese momento, aparece Johanna al encuentro y a dar sentido al microcosmos Van Gogh. Darle el lugar al artista para que deje de ser pura ausencia.

Pero ¿Qué produjo el cambio? ¿Qué vio ella para que necesitara demostrar al mundo quién fue Van Gogh?

No es una historia de esas que se desarrollan como si nada. Por el contrario, si bien es de aquellas que pueden leerse de un tirón, permanentemente te involucra en una misma realidad de palabras bien elegidas que dan forma a esas experiencias sin clausuras. El Sánchez poeta interviene aquí,  permanente, para entrar y salir de la historia jugando con el lenguaje, para descifrar las líneas de la historia sin contaminarla y así poder cada uno encontrar en el texto lo que busca, lo que desea o lo que ha perdido.

Johanna era la única que podía darle forma a la historia. Era la única que podía tomar la distancia necesaria de la obra de Vincent y de la relación que mantenían entre hermanos, o sea, de toda esa intensidad que los envolvía para así descifrar aquellos hilos secretos que a lo largo del tiempo a más de uno lo interpelaron.

Hay un instante que marca el quiebre de la historia. Un instante que convierte a Johanna en aquel personaje que pesa aún más que el propio artista, aún más que la propia obra. Y es ese instante donde ella intenta comprender, entender y hasta recrear la relación entre ambos hermanos, el sentimiento y aquello visceral que los unía. Así es que la historia, el contexto y el vínculo entre ellos es lo que la obliga a “convidar” la obra, el espíritu de Vincent Van Gogh a todos.

El entorno en el que se desarrolla la historia merece una lectura aparte. En el trajín de la narración nos cruzamos con una París que ya enamoraba, así como un contexto social y laboral que pedía soluciones  urgentes, el primer auto a motor y la sorpresa de muchos, los primero albores del feminismo y las primeras huelgas llevadas adelante reclamando el descanso dominical. El gran logro de Camilo Sánchez es poder contar todo esto como si fueran las primeras crónicas de la época, logra verlo y trasmitirlo como si se viera por primera vez. (Dicen algunas versiones que él pasó las vacaciones de dos años en el archivo de La prensa, anotando y leyendo todo lo referido a aquella época)

La viuda de los Van Gogh, híbrido de crónica periodística, libro de arte, novela y prosa poética, nos ofrece un espejo de Vincent Van Gogh iluminado por su cuñada Johanna Van Gogh Bonger. Una historia que no solo descifra parte de una época, sino también que extiende un horizonte de percepción sobre nuestra mirada de los cuadros de Vincent Van Gogh o de la lectura de sus cartas, donde uno no solo encuentra al Ser humano, sino también a aquel gran escritor que fue y a toda su poética. 

Camilo Sánchez nació en Mar del Plata, en 1958, y ejerció el periodismo durante casi cuarenta años. En 1986 fue coautor de Haroldo Conti con vida, libro reeditado en el 2002 y 2006. Integró las redacciones que fundaron el diario Página 12 (1987) y la revista Viva del diario Clarín (1994). En el 2008, su trilogía poética Del viento en la ventana, fue finalista del concurso Olga Orozco, con un jurado integrado por Juan Gelman, Gonzálo Rojas, Antonio Gamoneda y Jorge Boccanera. En el 2012 fue socio fundador de la revista Dang Dai, primera publicación de intercambio cultural entre Argentina y China. Su novela, La viuda de los Van Gogh (Edhasa, 2012) fue editada en España, Alemania, Italia, México y Francia. En Buenos Aires actualmente dirige su sello editorial independiente, El Bien del Sauce, organiza laboratorios de escritura y dicta en TEA las materias Entrevista y Estilo para futuros periodistas.

 

Su última novela: La feliz (Edahsa 2017)

Aquel verano en Mar del Plata, el de 1988, parecía uno más. Aunque eso, en Argentina, sea mucho decir. La temporada artística vestía sus galas como tantas veces y los turistas descontaban las horas para ganar el descanso, peleando por unos metros frente al océano. La situación económica abundaba en nubarrones: la inflación se desperezaba con salvajismo, una nueva transición política acechaba los ánimos. Era seguro que algún escándalo ocuparía durante semanas las tapas de los diarios.

Quizás por ello nadie estaba preparado para lo que vendría. Enero presentó las primeras señales de inquietud. Malos presagios. Una electricidad en el aire, potenciada por la facilidad con que se conseguían ciertas drogas. En febrero comenzó el derrumbe: El Campeón, el más exitoso boxeador argentino de todos los tiempos, asesinó a su mujer. Tres semanas después, El Claun, el gran cómico nacional, en un acto inexplicable, cayó del balcón de un piso once y murió frente al mar. Entre ellos, El Langa, un actor menor, un sujeto ambiguo y espeso, que queda ligado por la entrañable amistad de la noche y la sospechosa cercanía con ambas tragedias.

De la mano de tres personajes impares, que en estas páginas son figuras míticas, recorriendo sus vidas desde el origen hasta el final, Camilo Sánchez escribió una novela extraordinaria. Con una ductilidad asombrosa, su escritura  reposa en los momentos de ternura y es seca y precisa en lo feroz. Ilumina con mano compasiva la soledad, los crueles entresijos de la fama, el desconcierto y el dolor de un país azorado. Narra lo sucedido, pero sobre todo descubre la realidad insomne que descansa detrás de los hechos. La Feliz retrata el fin de una época en la Argentina

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Reencuentro con La viuda de los Van Gogh de Camilo Sánchez

La viuda de los Van Gogh (Edhasa  2012) nos mete de lleno en el cómo la obra de Vincent Van Gogh llega a ser lo que es hoy. Vale el reencuentro con esta novela de Camilo Sánchez, mezcla de crónica periodística con nouvelle en lenguaje poético.

“Una sombra pesada, en cada peldaño de la escalera, fue el anuncio: Théo Van Gogh entró con el fantasma de la muerte pisándole los zapatos. Johanna lo miró. En tres días había envejecido diez años. Casi no reparó en su esposa y apenas si saludó al niño. Con una parsimonia extrema, colocó bajo la cama los últimos trabajos de su hermano, una serie de rollos con lienzos de pintura aún reciente. Después, en el baúl de roble de las cartas, dejó una última que Vincent Van Gogh tenía entre sus ropas cuando se pegó el balazo y se acostó a dormir”

Así comienza La viuda de los Van Gogh de Camilo Sánchez. Extraña y fascinante nouvelle que combina las crónicas de la época con el pensar diario y las cartas que escribía Vincent Van Gogh, desnudando su espíritu y su poética. La viuda de los Van Gogh es una imagen tan potente que uno logra transitar lo que viven los protagonistas, o mejor dicho lo que vive la protagonista, pero también logra envejecer con Théo, sentir el maldito disparo y dormir el sueño del artista.

Pero la historia tiene un interés particular, especial. Se trata de Johanna Van Gogh Bonger, viuda de Théo, con 28 años y un hijo, quien irrumpe en la correspondencia que llevaron los hermanos y descubre no solo a quien tenía a su lado, sino también a un artista que, destinado al olvido, gracias a ella se convierte en universal.

Si fue casualidad o causalidad, ya no importa. Sánchez nos hace partícipe de la vida de Johanna. Su intención es claramente contar los días de quien fuera la depositaria  de la obra de Van Gogh. Vale mencionar acá que Vincent sólo vendió dos cuadros durante su vida y algunas fuentes aseguran que solo existen dos archivos con opiniones favorables a la obra durante esos años, pero a Johanna le llevaría dos años y medio para convertir a aquel ausente en un mito artístico y su propia vida en una épica de la reconstrucción y la supervivencia.

 

Hoy, el que nos conmueva una pintura de Van Gogh por razones emotivas o intelectuales, queda debajo de las peripecias que ella debió afrontar. Por ella, Van Gogh se ha hecho uno con muchos de nosotros.

Vincet Van Gogh se suicida en julio de 1890 y seis meses después Théo, su hermano, tras una larga agonía marcada por el duelo y también algo de locura, fallece. Ahí, justo en ese momento, aparece Johanna al encuentro y a dar sentido al microcosmos Van Gogh. Darle el lugar al artista para que deje de ser pura ausencia.

Pero ¿Qué produjo el cambio? ¿Qué vio ella para que necesitara demostrar al mundo quién fue Van Gogh?

No es una historia de esas que se desarrollan como si nada. Por el contrario, si bien es de aquellas que pueden leerse de un tirón, permanentemente te involucra en una misma realidad de palabras bien elegidas que dan forma a esas experiencias sin clausuras. El Sánchez poeta interviene aquí,  permanente, para entrar y salir de la historia jugando con el lenguaje, para descifrar las líneas de la historia sin contaminarla y así poder cada uno encontrar en el texto lo que busca, lo que desea o lo que ha perdido.

Johanna era la única que podía darle forma a la historia. Era la única que podía tomar la distancia necesaria de la obra de Vincent y de la relación que mantenían entre hermanos, o sea, de toda esa intensidad que los envolvía para así descifrar aquellos hilos secretos que a lo largo del tiempo a más de uno lo interpelaron.

Hay un instante que marca el quiebre de la historia. Un instante que convierte a Johanna en aquel personaje que pesa aún más que el propio artista, aún más que la propia obra. Y es ese instante donde ella intenta comprender, entender y hasta recrear la relación entre ambos hermanos, el sentimiento y aquello visceral que los unía. Así es que la historia, el contexto y el vínculo entre ellos es lo que la obliga a “convidar” la obra, el espíritu de Vincent Van Gogh a todos.

El entorno en el que se desarrolla la historia merece una lectura aparte. En el trajín de la narración nos cruzamos con una París que ya enamoraba, así como un contexto social y laboral que pedía soluciones  urgentes, el primer auto a motor y la sorpresa de muchos, los primero albores del feminismo y las primeras huelgas llevadas adelante reclamando el descanso dominical. El gran logro de Camilo Sánchez es poder contar todo esto como si fueran las primeras crónicas de la época, logra verlo y trasmitirlo como si se viera por primera vez. (Dicen algunas versiones que él pasó las vacaciones de dos años en el archivo de La prensa, anotando y leyendo todo lo referido a aquella época)

La viuda de los Van Gogh, híbrido de crónica periodística, libro de arte, novela y prosa poética, nos ofrece un espejo de Vincent Van Gogh iluminado por su cuñada Johanna Van Gogh Bonger. Una historia que no solo descifra parte de una época, sino también que extiende un horizonte de percepción sobre nuestra mirada de los cuadros de Vincent Van Gogh o de la lectura de sus cartas, donde uno no solo encuentra al Ser humano, sino también a aquel gran escritor que fue y a toda su poética. 

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