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Arroyo vs municipales, los riesgos de una disputa con final abierto

Arroyo vs municipales, los riesgos de una disputa con final abierto

Por Mariano Suárez

Carlos Arroyo está por comenzar la última temporada de verano de su primer mandato como intendente (¿el último?) inmerso en una disputa con el Sindicato de Trabajadores Municipales (STM). La situación dista mucho de ser la ideal, pero la gran duda que por estas horas se analiza en el entorno del jefe comunal es si resulta más conveniente mantener el diálogo para tratar de cerrar un acuerdo o volver a la carga con una fuerte embestida contra la cúpula del STM.

Luego del encuentro de este miércoles, en el que las autoridades del sindicato se retiraron y anunciaron un paro desde el jueves por tiempo indeterminado, el intendente Arroyo -que recibió críticas por no participar de la reunión- juntó a su equipo en el despacho principal de la comuna para analizar opciones.

Desde hace tiempo, en el entorno del jefe comunal asoman dos bandos: un sector más dialoguista y otro más combativo. Y en este conflicto cada cual tiene su opinión.

"El tema es que nos corren el arco todo el tiempo. Empezaron el conflicto pidiendo una cosa, después pidieron otra y ahora ya ni siquiera hacen una contrapropuesta, solo rechazan", indicó un hombre de confianza del jefe comunal.

En ese marco, buscan potenciar algunas situaciones para tratar de exponer al STM, como fueron las pintadas que aparecieron el martes en distintas calles de Mar del Plata y una presunta frase de Rubén “Cholo” García. “Si no arreglan este problema, no van a tener temporada. No es una amenaza, es una promesa. Les voy a cortar la ruta, no va a entrar un solo turista”,  habría lanzado el titular de la Federación de Sindicatos Municipales de la Provincia (Fesimubo) durante la reunión con los funcionarios municipales.

Esas dos acciones fueron suficientes para que el intendente emita comunicados en las redes sociales en los que responsabilizó a quienes que perdieron sus privilegios (la cúpula del STM), los acusó de llevar a cabo una extorsión y tener intencionalidades políticas.

La estrategia tiene algunos puntos favorables para el gobierno municipal: va en línea con los gobiernos nacional y provincial, que en distintas oportunidades confrontaron con gremios y buscaron exponer a sus referentes.

Sin embargo, también tiene un riesgo: la Provincia y la Nación dan las batallas que eligen y no compran ajenas. Y otro riesgo mayor: que esta puja salarial entre el municipio y el STM escale y Mar del Plata inicie la temporada con un conflicto de envergadura. Y ni a la Provincia ni a la Nación les sirve que la ciudad emblemática del turismo, esa que buscarán mostrar repleta de gente, muestra movilizaciones o una municipalidad paralizada.

De hecho, el comienzo del 2018 fue con esa postal, cuando el conflicto con la empresa Tecsan mostró a Mar del Plata repleta de basura. Y más allá de los argumentos del conflicto, lo concreto es que el gobierno de María Eugenia Vidal intervino para destrabar la situación.

Y tiene una tercera arista peligrosa. La decisión de cuestionar al titular de la federación de sindicatos municipales de la provincia, podría implicar un paro en todo el territorio bonaerense, algo que dejaría al intendente de Mar del Plata en el ojo de la tormenta.

Vidal, por ejemplo, todavía sigue en conflicto con los docentes de la provincia. Sin embargo, fue dando aumentos “a cuenta”, mientras se desarrollan las negociaciones. El intendente, por ahora, no avanzó en ese sentido. “Es una decisión que se está analizando”, reconocieron fuentes cercanas al jefe comunal. Un sector del gabinete se lo aconseja, otro le pide que resista.

Por ahora, lo más parecido fue aquel proyecto que enviaron al Concejo Deliberante para establecer una suba del 7%. La idea no tenía demasiados argumentos. Si quería imponer esa suba a cuenta de futuros acuerdos bastaba con un decreto. Si quería involucrar a otros sectores políticos en la discusión la jugada no fue muy inteligente: antes de siquiera ser tratado, los concejales le devolvieron el proyecto al Ejecutivo porque no correspondía.

Todavía falta tiempo y es probable (y esperable) que la paritaria de los municipales se resuelva antes de que la situación llegue a ese nivel. Hoy las posturas parecen lejanas. El municipio este miércoles se escudó en una oferta del 50% entre marzo de 2018 y marzo de 2019. Así, sin más detalle, la propuesta parece razonable. Sin embargo, al desgranarla tiene algunos puntos débiles.

El STM aceptó en junio una suba del 12%para el primer semestre (7% retroactivo a marzo, 2% en abril y 3% en junio). En aquel entonces, al acuerdo tenía sabor a poco y algunos trabajadores hicieron saber su descontento a las autoridades del STM. De todos modos, por entonces las previsiones de inflación ni se acercaban a la realidad de hoy.

En agosto, a ese 12% se le sumó otro 6%, por lo que a partir de ese mes, el aumento salarial alcanzó el 18%.

En ese contexto, con una inflación acumulada en el año ya superó el 40%, la última oferta del Ejecutivo 12% en diciembre significa que recién en enero cobrarían un aumento del 30%. Al 50% llegarían en marzo de año próximo (en rigor lo cobrarían en abril).

El municipio sabe que mientras más adelante “patee” los aumentos más difícil será cerrar un acuerdo. De hecho, en las primeras ofertas (7% más suma fija remunerativa) el incremento era en noviembre. Y en estas últimas lo aplica en diciembre. “Ellos son los que rechazan las propuestas”, se escudan.

¿Tendrá Arroyo resto suficiente para tensar el conflicto o deberá ceder a las pretensiones de los trabajadores? Final abierto.

 

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Arroyo vs municipales, los riesgos de una disputa con final abierto

Carlos Arroyo está por comenzar la última temporada de verano de su primer mandato como intendente (¿el último?) inmerso en una disputa con el Sindicato de Trabajadores Municipales (STM). La situación dista mucho de ser la ideal, pero la gran duda que por estas horas se analiza en el entorno del jefe comunal es si resulta más conveniente mantener el diálogo para tratar de cerrar un acuerdo o volver a la carga con una fuerte embestida contra la cúpula del STM.

Luego del encuentro de este miércoles, en el que las autoridades del sindicato se retiraron y anunciaron un paro desde el jueves por tiempo indeterminado, el intendente Arroyo -que recibió críticas por no participar de la reunión- juntó a su equipo en el despacho principal de la comuna para analizar opciones.

Desde hace tiempo, en el entorno del jefe comunal asoman dos bandos: un sector más dialoguista y otro más combativo. Y en este conflicto cada cual tiene su opinión.

"El tema es que nos corren el arco todo el tiempo. Empezaron el conflicto pidiendo una cosa, después pidieron otra y ahora ya ni siquiera hacen una contrapropuesta, solo rechazan", indicó un hombre de confianza del jefe comunal.

En ese marco, buscan potenciar algunas situaciones para tratar de exponer al STM, como fueron las pintadas que aparecieron el martes en distintas calles de Mar del Plata y una presunta frase de Rubén “Cholo” García. “Si no arreglan este problema, no van a tener temporada. No es una amenaza, es una promesa. Les voy a cortar la ruta, no va a entrar un solo turista”,  habría lanzado el titular de la Federación de Sindicatos Municipales de la Provincia (Fesimubo) durante la reunión con los funcionarios municipales.

Esas dos acciones fueron suficientes para que el intendente emita comunicados en las redes sociales en los que responsabilizó a quienes que perdieron sus privilegios (la cúpula del STM), los acusó de llevar a cabo una extorsión y tener intencionalidades políticas.

La estrategia tiene algunos puntos favorables para el gobierno municipal: va en línea con los gobiernos nacional y provincial, que en distintas oportunidades confrontaron con gremios y buscaron exponer a sus referentes.

Sin embargo, también tiene un riesgo: la Provincia y la Nación dan las batallas que eligen y no compran ajenas. Y otro riesgo mayor: que esta puja salarial entre el municipio y el STM escale y Mar del Plata inicie la temporada con un conflicto de envergadura. Y ni a la Provincia ni a la Nación les sirve que la ciudad emblemática del turismo, esa que buscarán mostrar repleta de gente, muestra movilizaciones o una municipalidad paralizada.

De hecho, el comienzo del 2018 fue con esa postal, cuando el conflicto con la empresa Tecsan mostró a Mar del Plata repleta de basura. Y más allá de los argumentos del conflicto, lo concreto es que el gobierno de María Eugenia Vidal intervino para destrabar la situación.

Y tiene una tercera arista peligrosa. La decisión de cuestionar al titular de la federación de sindicatos municipales de la provincia, podría implicar un paro en todo el territorio bonaerense, algo que dejaría al intendente de Mar del Plata en el ojo de la tormenta.

Vidal, por ejemplo, todavía sigue en conflicto con los docentes de la provincia. Sin embargo, fue dando aumentos “a cuenta”, mientras se desarrollan las negociaciones. El intendente, por ahora, no avanzó en ese sentido. “Es una decisión que se está analizando”, reconocieron fuentes cercanas al jefe comunal. Un sector del gabinete se lo aconseja, otro le pide que resista.

Por ahora, lo más parecido fue aquel proyecto que enviaron al Concejo Deliberante para establecer una suba del 7%. La idea no tenía demasiados argumentos. Si quería imponer esa suba a cuenta de futuros acuerdos bastaba con un decreto. Si quería involucrar a otros sectores políticos en la discusión la jugada no fue muy inteligente: antes de siquiera ser tratado, los concejales le devolvieron el proyecto al Ejecutivo porque no correspondía.

Todavía falta tiempo y es probable (y esperable) que la paritaria de los municipales se resuelva antes de que la situación llegue a ese nivel. Hoy las posturas parecen lejanas. El municipio este miércoles se escudó en una oferta del 50% entre marzo de 2018 y marzo de 2019. Así, sin más detalle, la propuesta parece razonable. Sin embargo, al desgranarla tiene algunos puntos débiles.

El STM aceptó en junio una suba del 12%para el primer semestre (7% retroactivo a marzo, 2% en abril y 3% en junio). En aquel entonces, al acuerdo tenía sabor a poco y algunos trabajadores hicieron saber su descontento a las autoridades del STM. De todos modos, por entonces las previsiones de inflación ni se acercaban a la realidad de hoy.

En agosto, a ese 12% se le sumó otro 6%, por lo que a partir de ese mes, el aumento salarial alcanzó el 18%.

En ese contexto, con una inflación acumulada en el año ya superó el 40%, la última oferta del Ejecutivo 12% en diciembre significa que recién en enero cobrarían un aumento del 30%. Al 50% llegarían en marzo de año próximo (en rigor lo cobrarían en abril).

El municipio sabe que mientras más adelante “patee” los aumentos más difícil será cerrar un acuerdo. De hecho, en las primeras ofertas (7% más suma fija remunerativa) el incremento era en noviembre. Y en estas últimas lo aplica en diciembre. “Ellos son los que rechazan las propuestas”, se escudan.

¿Tendrá Arroyo resto suficiente para tensar el conflicto o deberá ceder a las pretensiones de los trabajadores? Final abierto.

 

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