La corrupción y la impunidad como La raíz (de todos los males), según Hugo Alconada Mon

Por Bernabé Tolosa

El periodista Hugo Alconada Mon trabajó 20 años en su último libro. Trata sobre cómo algunos, a lo largo de la historia, montaron un sistema generador de estados de excepción e impunidad. También es un llamado de atención para la sociedad que necesita ponerse al hombro el reclamo por terminar con el sistema de corrupción.

“Poder es impunidad”,  dijo Alfredo Yabrán finalizando los años 90. E “impunidad” es toda aquella circunstancia donde no recibe castigo un delito o un delincuente. Pero ¿qué permite ese estado de excepción? (por usar una idea del filósofo Giorgio Agamben). El sistema. Todo este sistema que tiene como protagonista a cada uno de los ciudadanos e individuos que conformamos este Estado Nación.

La raíz (de todos los males) (Planeta – 2018), último libro del periodista Hugo Alconada Mon, busca mostrar cómo funciona este sistema putrefacto, pero sobre todo intenta generar una reacción en la sociedad que convive con él. “Funciona como un sistema que dejó atrás los ideales del ‘bien común’ y del ‘interés general’, y privilegió los intereses corporativos o, incluso, el más impuro y egoísta ‘sálvese cada uno como pueda’, con funcionarios y empresarios que adoptan las coimas como instrumento natural para enriquecerse”, se lee en la introducción del libro que llevó 20 años de investigación y trabajo.

Pero toda raíz surge de una semilla, por lo pronto lo primero es identificarla para comenzar a desandar todo este sistema. Rápidamente Alconada Mon responde: “La sociedad. Y hablamos de una sociedad que no solo ha tolerado,  sino que muchas veces celebra al pirata, al tramposo,  y este es un desafío que tenemos nosotros aquí,  en esta sociedad. Es un libro en el cual intento mostrar lo que está por debajo de la superficie, de ahí lo de raíz, lo que no se ve. Está oculto, pero si está putrefacto te carcome lo que está por arriba de la superficie también y esa es la idea, que este libro sirva como puerta de entrada a los sótanos, a la cloaca de la Argentina".

Jorge Luis Borges decía en una nota al pie de su libro Evaristo Carriego que  “el Estado es impersonal; el argentino sólo concibe una relación personal. Por eso, para él, robar dineros públicos no es un crimen. Compruebo un hecho, no lo justifico o disculpo”. Interesante para pensar cómo  concebimos nuestras relaciones y a qué costo. Pero, más allá de un sistema armado y preparado para determinado fin, hubo a lo largo de nuestra historia algunos intentos de revitalizar nuestras instituciones.

“Para ser justos, hemos tenido múltiples situaciones donde se ha intentado revitalizar a las instituciones, sanear el sistema. Ejemplo: tras la dictadura, en el retorno de la democracia, tanto los radicales como los peronistas impulsaron una regeneración de las instituciones, aprobaron una Corte Suprema de primera línea, con figuras juristas de distintas raigambres partidarias, pero también designaron un gran fiscal de investigación administrativa. Ese fue un intento, como así luego también hubo momentos espasmódicos, por ejemplo cuando con la Alianza se creó en su momento la Oficina Anticorrupción y se desarrolló ahí una muy buena primera  instancia;  y también con Néstor Kirchner, cuando se renueva la Corte suprema y se saca a la mayoría automática o el decreto del acceso a la información pública, es decir, hemos tenido con cada gobierno proyectos que impulsan y buscan mejorar, pero luego tenemos los retrocesos, ya que hay instancias de corrupción donde los gobiernos deben decidir si dejan que las instituciones avancen o utilizan el Consejo de la Magistratura, los operadores judiciales, la Afip para apretar a los opositores, callar los escándalos y cubrir a los amigos”, sostiene el periodista.

 

-¿Cuán lejos estamos de un Mani Pulite o un Lava Jato, en materia de accionar de las instituciones, así como desde la decisión política de llevarlo adelante, acá?

- Estamos muy cerca. El punto es si los jueces y los fiscales podrán avanzar, querrán avanzar y los dejarán avanzar. Y,  al mismo tiempo, los políticos y empresarios son conscientes de esto, saben por ejemplo que con el capítulo argentino del Lava Jato o con el de  los Cuadernos de la corrupción estamos realmente muy cerca de un punto de quiebre y hay que ver si estos políticos y empresarios, banqueros y financistas, dejarán que esto ocurra. Brasileños, italianos y peruanos lo que se plantean es que el punto de quiebre sea, no cuando políticos y empresarios, fiscales y jueces lo dicen,  sino cuando los ciudadanos italianos, brasileños y peruanos dijeron “Basta, esto hay que cambiarlo”.

Para que los ciudadanos salgan a las calles es necesario un hartazgo. Los brasileños, los italianos, los peruanos cuando salieron fue por eso, pero también porque confiaban en que las instituciones los acompañarían en la resolución.  Ahora bien, en nuestro país, nosotros,  ciudadanos, ¿confiamos en nuestras instituciones o se sale porque directamente hay un vacío? Alconada Mon asegura que “cuando los ciudadanos necesitan recurrir a las calles es porque los canales institucionales no funcionan. El punto es cómo logramos que las instituciones reaccionen, al menos, por una cuestión de preservación.  De hecho,  lo que yo plateo en el libro  y a través del libro, es que, si los políticos argentinos no reaccionan, aunque no sea más que por cinismo y preservación propia, existe el riesgo de que venga un Bolsonaro argentino y los corra a todos a un costado”.

 

Un capítulo completo del libro está dedicado al periodismo. Un periodismo que observa todo e influye mucho. Pero un periodismo donde no todos son lo mismo. Lo sabe la gente, lo saben los propios periodistas y sobre todo lo sabe el sistema, pero es al que menos le interesa, ya que con unos pocos le alcanza para su fin. “Con el periodismo es como con los jueces y fiscales, un dilema donde yo no quiero caer en generalizaciones. Me parece injusto decir que todos los políticos son corruptos, que todos los jueces son corruptos, que todos los empresarios son delincuentes o que todos los periodistas son piratas. No es así. El punto es que, como en todo sistema, vos no necesitas que todos los jueces o fiscales o periodistas sean piratas. Es como el buen acupunturista. Si a uno le duele el hombro y vas a un acupunturistas bueno, verás que no te deja todo el brazo lleno de agujas, sino que pone dos o tres en lugares claves que te calman el dolor. En Tribunales pasa lo mismo. Vos no precisás que todos sean piratas, vos necesitas tres o cuatro 'Oyarbide' en los puntos correctos y lográs la impunidad. Y lo mismo pasa con los periodistas. No precisás a todos, necesitás a tres o cuatro que son líderes de opinión, que te van a encerrar o te van a engañar o te van, por lo menos, a hablar de otros temas para distraerte", dice.

-Después de 20 años de trabajo en un tema que se está actualizando permanentemente, ¿a qué concepto de “poder” llegaste?

-Una idea de poder que tiene múltiples colores, características. Nosotros siempre pensamos el poder como algo monolítico y en realidad tiene matices, contradicciones, subterfugios. ¿Qué quiero decir? Que hay algunos que son parte del poder permanente, otros transitorios, otros que se ilusionan con ser parte del poder y no lo son y entonces tropiezan.  Los funcionarios políticos tienen un poder de muy alta intensidad,  pero de muy corta duración, y,  por el contrario,  tenés otros, como periodistas, empresarios o banqueros, que tienen baja intensidad de poder,  pero de larga duración. Hay como variaciones y te doy un ejemplo más: me contaba hace poco un Secretario de Finanzas que cuando él llegó a su puesto, él,  el número uno, el flamante Secretario de Finanzas, se reúne por primera vez con los banqueros. Estaba en el Ministerio de Economía y no sabía aún ni manejar el teléfono. Entonces se  levanta y le pide a la secretaria que llame al mozo del Ministerio. Viene el mozo y le pregunta “¿Qué se va a servir?” Y él le pide un té con limón, “si puede ser”. El mozo le dice que por supuesto podía ser y entonces el mozo, mira a los banqueros y les dice: “Señores, lo de siempre, ¿no?”  Ahí le quedó claro al Secretario de Finanzas quién estaba de paso y quiénes tienen el poder.

 

Algunos de paso, otros permanente, pero hay un poder que pareciera un no ser descubierto del todo en nuestro país. El poder de la opinión pública, el de la presión social que ejercieron los italianos, los brasileños y los peruanos para comenzar a sanear el sistema. La sociedad, los ciudadanos deben tener una posición clara para reclamar al poder político lo necesario. ¿Estamos dispuestos? ¿Nos conviene? O siempre es mejor tener a alguien a quien echarle la culpa de todo y hasta justificar algunas de nuestras acciones. Hugo Alconada Mon finaliza diciendo, “Guillermo O’Donell, el papá de María O´Donell, uno de los mejores politólogos que dio este país, hablaba de los riesgos de la democracia 'delegativa'. Es decir, creer nosotros que hemos cumplido con la democracia si solo fuimos a votar dos veces en cuatro años. Y no es así. Ser ciudadano de un país implica mucho más, si no sos un habitante y no un ciudadano. Entonces la sensación que me da es la siguiente:  que nosotros somos como adolescentes y pasamos de creer que el otro es el campeón del mundo o el héroe o  la cucaracha y que en realidad vos tenés la culpa de todo y yo no y soy una pobre víctima. Esta idea que se refleja también en las encuestas de la siguiente forma: ¿cómo manejan los argentinos? Horrible y ¿cómo manejas vos? Perfecto, yo cumplo con todo. Tenemos que mirarnos mejor en el espejo y hacernos cargo”.

El sistema argentino está montado para la corrupción y la impunidad. Los fiscales no investigan, los jueces no juzgan, los organismos de control no controlan, los sindicalistas no representan a sus trabajadores y los periodistas no informan. Porque así se ha ido forjando el sistema, que demuestra que los beneficios de delinquir son mayores que los costos y que se premia a los que se adaptan y se castiga a los que intentan rebelarse.

Hugo Alconada Mon, destacado periodista por la calidad y profundidad de sus investigaciones, cuenta cómo funciona ese sistema putrefacto, con nombres, fechas y datos precisos: desde cómo se financia una campaña hasta cómo se coimea en la Argentina. Y muestra el modo en que se carteliza la obra pública, se compra el silencio de los medios de comunicación y cómo se lava dinero en el país… hasta con milanesas a la napolitana.

¿Por qué habrían de querer cambiar el sistema aquellos que acumulan poder espurio y fortunas ilícitas, y quedan impunes, sean políticos, empresarios, jueces, periodistas, banqueros o sindicalistas?, se pregunta Alconada Mon.

A principios de agosto, con el testimonio del chofer del ex Ministerio de Planificación Federal, ese mecanismo quedó al desnudo, con funcionarios y empresarios que pactaron coimas, aportes de campaña y negocios con el Estado por miles de millones de dólares. Como sucedió con el Mani Pulite italiano y el Lava Jato brasileño, la Argentina afronta ahora una oportunidad histórica para terminar con el sistema de corrupción e impunidad que nos azota, la raíz de todos los males.

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La corrupción y la impunidad como La raíz (de todos los males), según Hugo Alconada Mon

El periodista Hugo Alconada Mon trabajó 20 años en su último libro. Trata sobre cómo algunos, a lo largo de la historia, montaron un sistema generador de estados de excepción e impunidad. También es un llamado de atención para la sociedad que necesita ponerse al hombro el reclamo por terminar con el sistema de corrupción.

Alconada Mon da detalles de los 20 años de investigación. 

“Poder es impunidad”,  dijo Alfredo Yabrán finalizando los años 90. E “impunidad” es toda aquella circunstancia donde no recibe castigo un delito o un delincuente. Pero ¿qué permite ese estado de excepción? (por usar una idea del filósofo Giorgio Agamben). El sistema. Todo este sistema que tiene como protagonista a cada uno de los ciudadanos e individuos que conformamos este Estado Nación.

La raíz (de todos los males) (Planeta – 2018), último libro del periodista Hugo Alconada Mon, busca mostrar cómo funciona este sistema putrefacto, pero sobre todo intenta generar una reacción en la sociedad que convive con él. “Funciona como un sistema que dejó atrás los ideales del ‘bien común’ y del ‘interés general’, y privilegió los intereses corporativos o, incluso, el más impuro y egoísta ‘sálvese cada uno como pueda’, con funcionarios y empresarios que adoptan las coimas como instrumento natural para enriquecerse”, se lee en la introducción del libro que llevó 20 años de investigación y trabajo.

Pero toda raíz surge de una semilla, por lo pronto lo primero es identificarla para comenzar a desandar todo este sistema. Rápidamente Alconada Mon responde: “La sociedad. Y hablamos de una sociedad que no solo ha tolerado,  sino que muchas veces celebra al pirata, al tramposo,  y este es un desafío que tenemos nosotros aquí,  en esta sociedad. Es un libro en el cual intento mostrar lo que está por debajo de la superficie, de ahí lo de raíz, lo que no se ve. Está oculto, pero si está putrefacto te carcome lo que está por arriba de la superficie también y esa es la idea, que este libro sirva como puerta de entrada a los sótanos, a la cloaca de la Argentina".

Jorge Luis Borges decía en una nota al pie de su libro Evaristo Carriego que  “el Estado es impersonal; el argentino sólo concibe una relación personal. Por eso, para él, robar dineros públicos no es un crimen. Compruebo un hecho, no lo justifico o disculpo”. Interesante para pensar cómo  concebimos nuestras relaciones y a qué costo. Pero, más allá de un sistema armado y preparado para determinado fin, hubo a lo largo de nuestra historia algunos intentos de revitalizar nuestras instituciones.

“Para ser justos, hemos tenido múltiples situaciones donde se ha intentado revitalizar a las instituciones, sanear el sistema. Ejemplo: tras la dictadura, en el retorno de la democracia, tanto los radicales como los peronistas impulsaron una regeneración de las instituciones, aprobaron una Corte Suprema de primera línea, con figuras juristas de distintas raigambres partidarias, pero también designaron un gran fiscal de investigación administrativa. Ese fue un intento, como así luego también hubo momentos espasmódicos, por ejemplo cuando con la Alianza se creó en su momento la Oficina Anticorrupción y se desarrolló ahí una muy buena primera  instancia;  y también con Néstor Kirchner, cuando se renueva la Corte suprema y se saca a la mayoría automática o el decreto del acceso a la información pública, es decir, hemos tenido con cada gobierno proyectos que impulsan y buscan mejorar, pero luego tenemos los retrocesos, ya que hay instancias de corrupción donde los gobiernos deben decidir si dejan que las instituciones avancen o utilizan el Consejo de la Magistratura, los operadores judiciales, la Afip para apretar a los opositores, callar los escándalos y cubrir a los amigos”, sostiene el periodista.

 

-¿Cuán lejos estamos de un Mani Pulite o un Lava Jato, en materia de accionar de las instituciones, así como desde la decisión política de llevarlo adelante, acá?

- Estamos muy cerca. El punto es si los jueces y los fiscales podrán avanzar, querrán avanzar y los dejarán avanzar. Y,  al mismo tiempo, los políticos y empresarios son conscientes de esto, saben por ejemplo que con el capítulo argentino del Lava Jato o con el de  los Cuadernos de la corrupción estamos realmente muy cerca de un punto de quiebre y hay que ver si estos políticos y empresarios, banqueros y financistas, dejarán que esto ocurra. Brasileños, italianos y peruanos lo que se plantean es que el punto de quiebre sea, no cuando políticos y empresarios, fiscales y jueces lo dicen,  sino cuando los ciudadanos italianos, brasileños y peruanos dijeron “Basta, esto hay que cambiarlo”.

Para que los ciudadanos salgan a las calles es necesario un hartazgo. Los brasileños, los italianos, los peruanos cuando salieron fue por eso, pero también porque confiaban en que las instituciones los acompañarían en la resolución.  Ahora bien, en nuestro país, nosotros,  ciudadanos, ¿confiamos en nuestras instituciones o se sale porque directamente hay un vacío? Alconada Mon asegura que “cuando los ciudadanos necesitan recurrir a las calles es porque los canales institucionales no funcionan. El punto es cómo logramos que las instituciones reaccionen, al menos, por una cuestión de preservación.  De hecho,  lo que yo plateo en el libro  y a través del libro, es que, si los políticos argentinos no reaccionan, aunque no sea más que por cinismo y preservación propia, existe el riesgo de que venga un Bolsonaro argentino y los corra a todos a un costado”.

 

Un capítulo completo del libro está dedicado al periodismo. Un periodismo que observa todo e influye mucho. Pero un periodismo donde no todos son lo mismo. Lo sabe la gente, lo saben los propios periodistas y sobre todo lo sabe el sistema, pero es al que menos le interesa, ya que con unos pocos le alcanza para su fin. “Con el periodismo es como con los jueces y fiscales, un dilema donde yo no quiero caer en generalizaciones. Me parece injusto decir que todos los políticos son corruptos, que todos los jueces son corruptos, que todos los empresarios son delincuentes o que todos los periodistas son piratas. No es así. El punto es que, como en todo sistema, vos no necesitas que todos los jueces o fiscales o periodistas sean piratas. Es como el buen acupunturista. Si a uno le duele el hombro y vas a un acupunturistas bueno, verás que no te deja todo el brazo lleno de agujas, sino que pone dos o tres en lugares claves que te calman el dolor. En Tribunales pasa lo mismo. Vos no precisás que todos sean piratas, vos necesitas tres o cuatro 'Oyarbide' en los puntos correctos y lográs la impunidad. Y lo mismo pasa con los periodistas. No precisás a todos, necesitás a tres o cuatro que son líderes de opinión, que te van a encerrar o te van a engañar o te van, por lo menos, a hablar de otros temas para distraerte", dice.

-Después de 20 años de trabajo en un tema que se está actualizando permanentemente, ¿a qué concepto de “poder” llegaste?

-Una idea de poder que tiene múltiples colores, características. Nosotros siempre pensamos el poder como algo monolítico y en realidad tiene matices, contradicciones, subterfugios. ¿Qué quiero decir? Que hay algunos que son parte del poder permanente, otros transitorios, otros que se ilusionan con ser parte del poder y no lo son y entonces tropiezan.  Los funcionarios políticos tienen un poder de muy alta intensidad,  pero de muy corta duración, y,  por el contrario,  tenés otros, como periodistas, empresarios o banqueros, que tienen baja intensidad de poder,  pero de larga duración. Hay como variaciones y te doy un ejemplo más: me contaba hace poco un Secretario de Finanzas que cuando él llegó a su puesto, él,  el número uno, el flamante Secretario de Finanzas, se reúne por primera vez con los banqueros. Estaba en el Ministerio de Economía y no sabía aún ni manejar el teléfono. Entonces se  levanta y le pide a la secretaria que llame al mozo del Ministerio. Viene el mozo y le pregunta “¿Qué se va a servir?” Y él le pide un té con limón, “si puede ser”. El mozo le dice que por supuesto podía ser y entonces el mozo, mira a los banqueros y les dice: “Señores, lo de siempre, ¿no?”  Ahí le quedó claro al Secretario de Finanzas quién estaba de paso y quiénes tienen el poder.

 

Algunos de paso, otros permanente, pero hay un poder que pareciera un no ser descubierto del todo en nuestro país. El poder de la opinión pública, el de la presión social que ejercieron los italianos, los brasileños y los peruanos para comenzar a sanear el sistema. La sociedad, los ciudadanos deben tener una posición clara para reclamar al poder político lo necesario. ¿Estamos dispuestos? ¿Nos conviene? O siempre es mejor tener a alguien a quien echarle la culpa de todo y hasta justificar algunas de nuestras acciones. Hugo Alconada Mon finaliza diciendo, “Guillermo O’Donell, el papá de María O´Donell, uno de los mejores politólogos que dio este país, hablaba de los riesgos de la democracia 'delegativa'. Es decir, creer nosotros que hemos cumplido con la democracia si solo fuimos a votar dos veces en cuatro años. Y no es así. Ser ciudadano de un país implica mucho más, si no sos un habitante y no un ciudadano. Entonces la sensación que me da es la siguiente:  que nosotros somos como adolescentes y pasamos de creer que el otro es el campeón del mundo o el héroe o  la cucaracha y que en realidad vos tenés la culpa de todo y yo no y soy una pobre víctima. Esta idea que se refleja también en las encuestas de la siguiente forma: ¿cómo manejan los argentinos? Horrible y ¿cómo manejas vos? Perfecto, yo cumplo con todo. Tenemos que mirarnos mejor en el espejo y hacernos cargo”.

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