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La historia debajo de la historia en Glaxo de Hernán Ronsino

La historia debajo de la historia en Glaxo de Hernán Ronsino

Por Redacción 0223

Glaxo (Eterna Cadencia, 2009) hace honor, en parte, a Ricardo Piglia y su idea de las dos historias en un relato. Por arriba un crimen pasional y por debajo una época oscura para nosotros. Relato polifónico de 92 páginas que recrea el sentir de un pueblo ante una época y sus personajes.

Dos viajes en colectivo, una novela. Así fue mi encuentro con Glaxo, novela de Hernán Ronsino a la cual le alcanzan 92 páginas para ingresar a un mundo literario sumamente interesante, con una fuerza narrativa maravillosa,  y de la que, quizás, salimos distintos.

Glaxo comienza con un epígrafe tomado de Operación Masacre de Rodolfo Walsh. Cita fuerte que nos lleva a nuestra historia, aun sin saber por qué. El gran protagonista de la novela, podríamos decir, es el pueblo. Un pueblo cualquiera de la provincia de Buenos Aires con sus milagros y sus miserias. Este está contado desde cuatro voces. Cuatro discursos que irán redondeando la historia, dándole forma, cada cual a su turno,  en una primera persona cargada de monólogos interiores y pocos diálogos, pero además en cuatro épocas históricas distintas.  

Los personajes, muy bien logrados y desarrollados en pocas páginas, presentan la historia de un crimen pasional como consecuencia de una traición. Pero Ronsino evita el lugar común del relato de un crimen, no sigue aquella línea de traición, infidelidad, venganza, asesinato. La polifonía de voces y los cambios en las fechas permiten una historia con fuertes marcas locales y con un estilo fragmentado que generan una perfección en la estructura del relato, donde no sobra nada para alcanzar el final. Hasta la repetición de palabras y de frases cumplen una función. Pareciera, en ciertos momentos,  no haber hilos conductores, pero si vasos comunicantes entre cada uno de los relatos,  alcanzando todos el mismo nivel en la última página  donde todo encaja y se cierra. Aunque se trata de un punto final mentiroso  ya que te fuerza a volver al epígrafe de Operación Masacre del inicio.

 

Aquí radica la importancia de los paratextos, de aquel epígrafe y del diálogo de la novela con la obra de Rodolfo Walsh y su momento histórico, los fusilamientos de León Suárez y la última dictadura.

Podemos pensar  que  el autor  busca más que denunciar. Él, en realidad,  está invitándonos  a la reflexión. ¿Qué pasó con aquellos que participaron de las fuerzas en la época de la dictadura? ¿Cómo y dónde se reinventaron estos personajes que participaron de ella?ç

 

Ese epígrafe que rescata Roncino, en el que  se describe el momento en que le disparan a Livraga en el basural,  no es solo un homenaje a Walsh ni un contexto histórico, es más bien el que da razón a la acción del relato y su desarrollo en la trama.

Así, el compromiso de Ronsino es con la memoria. Bajo una historia contundente nos deja “el lugar de la traición, la prepotencia por el poder y los límites morales, inmersos en un clima de impasibilidad e indolencia apenas resquebrajado por la culpa y el asesinato”.

En un pueblo apacible donde las fábricas, los negocios y la gente aparece o desaparece sin causa y sin generar demasiado aspaviento, la noticia de un crimen es la única huella de una traición silenciosa.

Una historia convertida en esquirlas que se recompone a partir del relato de cuatro personajes, revelando cómo la violencia nacional se cuela en las vidas privadas.

Glaxo es la segunda novela de Hernán Ronsino, un escritor que indaga en las profundidades de la vida de provincia.

“El cañaveral ya no existe, lo han desmontado, y por donde pasaban las vías, ahora, hay un camino nuevo, una diagonal, que parece más bien una herida cerrada. Parece, ese camino, entonces, el recuerdo de un tajo, irremediable, en la tierra”.

Desde la puerta de la peluquería frente a la Glaxo, Vardemann había observado durante días cómo una cuadrilla de obreros levantaba las vías del tren. Ya no más ese sonido capaz de tapar hasta el ruido de un balazo, ni aquel previo a la detención, “tan estridente que hace doler las muelas. Sólo una primitiva calma”.

A partir del relato de cuatro personajes, situados en diferentes momentos entre 1959 y 1984, y a la luz de un epígrafe demoledor, Hernán Ronsino construye una pieza austera y precisa sobre la traición, la prepotencia del poder y los límites morales, inmersa en un clima de impasibilidad e indolencia apenas resquebrajado por la culpa y el asesinato.

Una obra contundente que explora con maestría qué sucede allí donde “reina un poco de silencio. Donde ese murmullo del pueblo se ahoga”.

Hernán Ronsino nació en Chivilcoy, provincia de Buenos Aires, en 1975. Es sociólogo y docente de la Universidad de Buenos Aires. Ha publicado el libro de relatos Te vomitaré de mi boca (2003), premiado por el Fondo Nacional de las Artes, y la novela La descomposición (2007).

 

Operación Masacre de Rodolfo Walsh

El 9 de junio de 1956 los generales Tanco y Valle se sublevaron contra el gobierno de facto que había destituido a Perón en septiembre de 1955. El levantamiento fue reprimido brutal e ilegalmente. Hubo muchos muertos, de los cuales sólo siete cayeron en acción. En los basurales de José León Suárez, un grupo de civiles -algunos de ellos relacionados vagamente con la conspiración; el resto, ajeno por completo a ella- fueron masacrados antes incluso de que fuera dictada la ley marcial. Unos pocos lograron escapar de la muerte, a duras penas. En 1957, Rodolfo Walsh emprendió la investigación de estos hechos, cuyos resultados publicó en forma de notas en el diario 'Mayoría' y, poco después, como libro.

'Operación Masacre', una de las primeras novelas de 'no ficción' escritas en castellano, se anticipó en nueve años al New Journalism, es decir, la aplicación de procedimientos propios del género novela al relato de hechos verdaderos.

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La historia debajo de la historia en Glaxo de Hernán Ronsino

Glaxo (Eterna Cadencia, 2009) hace honor, en parte, a Ricardo Piglia y su idea de las dos historias en un relato. Por arriba un crimen pasional y por debajo una época oscura para nosotros. Relato polifónico de 92 páginas que recrea el sentir de un pueblo ante una época y sus personajes.

Dos viajes en colectivo, una novela. Así fue mi encuentro con Glaxo, novela de Hernán Ronsino a la cual le alcanzan 92 páginas para ingresar a un mundo literario sumamente interesante, con una fuerza narrativa maravillosa,  y de la que, quizás, salimos distintos.

Glaxo comienza con un epígrafe tomado de Operación Masacre de Rodolfo Walsh. Cita fuerte que nos lleva a nuestra historia, aun sin saber por qué. El gran protagonista de la novela, podríamos decir, es el pueblo. Un pueblo cualquiera de la provincia de Buenos Aires con sus milagros y sus miserias. Este está contado desde cuatro voces. Cuatro discursos que irán redondeando la historia, dándole forma, cada cual a su turno,  en una primera persona cargada de monólogos interiores y pocos diálogos, pero además en cuatro épocas históricas distintas.  

Los personajes, muy bien logrados y desarrollados en pocas páginas, presentan la historia de un crimen pasional como consecuencia de una traición. Pero Ronsino evita el lugar común del relato de un crimen, no sigue aquella línea de traición, infidelidad, venganza, asesinato. La polifonía de voces y los cambios en las fechas permiten una historia con fuertes marcas locales y con un estilo fragmentado que generan una perfección en la estructura del relato, donde no sobra nada para alcanzar el final. Hasta la repetición de palabras y de frases cumplen una función. Pareciera, en ciertos momentos,  no haber hilos conductores, pero si vasos comunicantes entre cada uno de los relatos,  alcanzando todos el mismo nivel en la última página  donde todo encaja y se cierra. Aunque se trata de un punto final mentiroso  ya que te fuerza a volver al epígrafe de Operación Masacre del inicio.

 

Aquí radica la importancia de los paratextos, de aquel epígrafe y del diálogo de la novela con la obra de Rodolfo Walsh y su momento histórico, los fusilamientos de León Suárez y la última dictadura.

Podemos pensar  que  el autor  busca más que denunciar. Él, en realidad,  está invitándonos  a la reflexión. ¿Qué pasó con aquellos que participaron de las fuerzas en la época de la dictadura? ¿Cómo y dónde se reinventaron estos personajes que participaron de ella?ç

 

Ese epígrafe que rescata Roncino, en el que  se describe el momento en que le disparan a Livraga en el basural,  no es solo un homenaje a Walsh ni un contexto histórico, es más bien el que da razón a la acción del relato y su desarrollo en la trama.

Así, el compromiso de Ronsino es con la memoria. Bajo una historia contundente nos deja “el lugar de la traición, la prepotencia por el poder y los límites morales, inmersos en un clima de impasibilidad e indolencia apenas resquebrajado por la culpa y el asesinato”.

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