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Elecciones 2019

15 de Junio de 2019 10:26

Lavagna: “La crisis de 2001 tuvo mayor magnitud pero la situación es muy comparable"

El exministro de Economía y candidato presidencial por Consenso Federal estuvo en Mar del Plata y habló de las expectativas de la tercera opción. Ratificó que en segunda vuelta se impone a cualquier candidato. 

Roberto Lavagna se muestra distendido en una de las confortables habitaciones del Hotel Uthgra Sasso donde en algunos minutos se sentará a cenar con dirigentes políticos, empresarios y representantes de diversos sectores industriales y productivos. Hace pocas horas que confirmó al salteño Juan Manuel Urtubey como su compañero de fórmula para las elecciones, aunque jura que eso no generó cortocircuitos en su relación con Miguel Lifchitz y Margarita Stolbizer.

Asegura que no lo sorprendió ni la incorporación de Miguel Pichetto a Cambiemos ni la de Sergio Massa al Frente de Todos y advierte que esos acercamientos que tenían durante el armado de Alternativa Federal fueron los que lo hicieron rechazar una Paso en ese espacio. “No era soberbia ni esas tonterías que se dijeron. Simplemente yo sabía que había gente que estaba siendo atraída por alguno de los dos polos”, afirma.

El exministro de Economía sostiene que más allá de intentar “disimular” con Alberto Fernández y Miguel Pichetto, el macrismo y el kirchnerismo siguen siendo dos espacios “muy polarizantes” y remarca que el desafío es profundizar la tercera opción.

En una entrevista con 0223 también habla de las perspectivas económicas y de la herencia que recibirá el presidente que asuma el 10 de diciembre de este año.

-¿Cómo se transitan estas primeras horas con fórmula consumada?

-Sacar incertidumbres del medio siempre es bueno. Sobre todo en un panorama como el argentino donde pareciera que todo puede pasar. En la medida que los partidos perdieron fortaleza, esto pasa a ser una cuestión de personas y cada uno con su proyecto, su interés personal.

-Esta vez, eso se ve más que nunca…

-No es lo mejor desde el punto de visita de una democracia republicana. Son cosas que hay que corregir.

-¿Cómo fue esa resolución de pasar de Lifchitz y Stolbizer a definir fórmula con Urtubey?

- Seguimos estando con ellos.

-Pero en Rosario quizás esperaban otra resolución.

-No necesariamente. Hay que decir algo sobre Lifchitz y el socialismo santafesino: han trabajado con una responsabilidad destacable. No tengo más que palabras de agradecimiento y estoy seguro de que seguiremos trabajando por mucho tiempo.

-Cuando se hablaba de una gran coalición en Alternativa Federal se lo tildó de caprichoso por negarse a una Paso. ¿Cómo analiza aquellas críticas con lo que pasó finalmente?

-Creen que tengo que decir algo… Nada. Las evidencias sobran.

 

-¿Lo sorprendió alguno de esos movimientos?

-No. Es que justamente la razón de tener esta actitud frente a las internas no era de soberbia ni esas tonterías que se dijeron. Simplemente yo sabía que había gente que estaba siendo atraída por alguno de los dos polos. Algunos por los dos polos. Entonces no tenía sentido una interna con gente que no sabía si iba a estar ahí o se iban a ir al día siguiente. La evidencia está ahí.

-¿El consenso de dos con Urtubey fue más fácil?

-Claro, pero primero había que tomar una decisión clara. Yo la tenía desde el principio y Juan Manuel lo mismo. Era decir “No, yo estoy en este espacio, que es un espacio de consensos y federal porque aspiramos a tener una relación con todos los gobernadores y el interior del país más fuerte, aunque eventualmente jueguen en otro espacio”.

-¿Con Schiaretti tuvieron charlas?

-No. No sé Juan Manuel.

-¿Siente factible que siga transitando ese camino del medio?

-Esperemos que sí.

-Él fue uno de los que se sacó fotos con el presidente Macri.

-Hay responsabilidades institucionales que a veces justifican cierto tipo de posturas. Cuestiones de provincia, este caso en particular las cajas de jubilación. Eso impone al gobernador ciertas restricciones que no se pueden ignorar.

-¿Alguno de los dos que partieron hacia un lado y otro (Pichetto y Massa) lo sorprendió más?

-Estaba desde el día uno, cuando me invitaron a formar parte de Alternativa Federal. Estaba ahí, era cuestión de tiempo. Uno sabía que unos eran más largueros y los iban a llevar hasta el final. Otros más rápidos. Bueno, algo de eso pasaba.

-¿Y el lugar que le dieron a Pichetto en la fórmula?

-A partir del momento en que él está en otro espacio político yo ya no tengo nada más que decir. Me ocupo de mi espacio. Los otros, cada cual que expliquen lo que tienen que explicar.

-¿Cuál es el volumen que puede tomar la tercer vía?

-Si fuera por la demanda, muy grande. Se ven encuestas en que, pasando la primera vuelta, en todos los casos nos dan como ganadores. La gran dificultad es cómo se llega a esa segunda vuelta teniendo dos polos de poder mediático, económico, de relaciones, que son el gobierno actual y el anterior.

-Mencionó la dificultad de romper la polarización. ¿Cuán difícil es?

-Lo que se observa es que la gente no quiere repetir la experiencia. Me dicen que no quieren elegir entre lo malo y lo peor. Quieren elegir otra cosa. Lo que estamos construyendo es esa otra cosa que va a resultar atractiva para un montón que están en uno de los polos porque no tiene otra cosa.

 

-¿Cuál es el riesgo de que se angoste la avenida del medio? Se confirmó, por ejemplo, que Roy Cortina deja su espacio para ir con Larreta en Capital Federal. ¿Hay una diáspora abierta?

-Esas tentaciones existen, todo el tiempo. El proceso previo del que hablamos tiene que ver con estos mecanismos de atracción. Pueden ocurrir. Pero a la vez uno encuentra muchos sectores. El radicalismo, más allá de la decisión de la convención que muchos definen como resolución de cúpula, tiene dirigentes interesados en trabajar con nosotros. Hay cantos de sirena para llevar para un lado y para otro, pero hay una confluencia auténtica. El atractivo nuestro es un proyecto de hacer algo distinto por el país. Lo vemos en particular con los radicales.

-¿Qué puede explicar de la reacción tan positiva de los mercados ante la confirmación de Pichetto como candidato a vice de Macri?

-Los mercados suelen tener visiones extremadamente cortoplacistas. Y de repente se entusiasman con ciertas medidas como se desencantan con otras. Funcionan al revés. Como esas hay muchísimas. También hay mucha especulación. Sectores que viven a jugar a veranitos.

-¿Pero cambió algo la economía? ¿Es por gestos de previsibilidad o gobernabilidad?

-Ni siquiera eso. Hay una cosa en común en los dos espacios. Son polarizantes aunque tratan de disimularlos porque la ciudadanía está harta de la grieta. Cuando designan a Fernández dicen que la grieta no existe porque está él. En realidad existe y temen a la reacción de la sociedad. Ellos saben que hay una sociedad que demanda salir de la polarización.

-¿Qué se puede esperar en materia económica este año?

-Nada. Que no haya una nueva corrida y nada más. La economía seguirá cayendo, con fuerte aumento de la pobreza, una tasa de inflación del doble de 2015, una lluvia de inversiones de adentro para afuera. Por mes, 1500 a 1800 millones de dólares se van porque la economía está parada. Hay lluvia de inversiones pero al revés.

-¿Y la baja de inflación, mínima, se puede instalar como tendencia?

-Muy poco. Ponerse contento porque la inflación está en el 3,1%… No cambia nada.

-¿Si le toca ser Presidente va a tener una pesada herencia?

-Tengo una norma. Pasé la mayor parte de mi carrera en sector privado. Siempre le dije  mis colaboradores, “por favor, no lloriqueen”. En abril de 2002 nos sentamos en una caldera. Es así, veamos de qué somos capaces.

-¿Cuánto tiene de comparable la situación actual con la de 2001?

-Mucho. La magnitud fue mayor entonces. Ahora la caída del PBI es del 5% en dos años, en 2001 era 22%. Pero hay una economía parada y cayendo, capacidad ociosa importante en todos los sectores y el desafío es cómo lograr que eso se ponga en marcha. Subió la pobreza, 300.000 despidos. El empeoramiento actual no tiene el nivel del derrumbe de la convertibilidad pero tienen muchas cosas que pueden ser utilizadas como ejemplo de lo que se pudo hacer en aquel momento y se salió. Hace falta un gobierno de unidad nacional. No es posible que gente que gana con 30/35% de los votos crea que puede manejar el país como si fuera mayoría. Hay que pensar cómo generar consensos. Es lo que no entendió el PRO cuando ignoró a sus socios electorales.

-¿Cuánto tiene que ver este apoyo actual del FMI con que la magnitud de la crisis no sea tan grande como en 2001?

-­Vino gratis… No porque no cueste, pero hizo algo que habitualmente no hace. Primero le prestó 57.000 millones de dólares, pero además se la dio casi toda a este gobierno y le dejó el pago al que viene. Habitualmente le desembolso lleva dos o tres años. Eso fue dulce, pero las cosas dulces terminan teniendo un costo importante. Es una de las herencias que en 2015 no estaba. Porque no le prestaban, es cierto.

-¿Cree que va a ser peor el 10 de diciembre de este año que el de 2015?

-En ese punto es peor, la caída del nivel de actividad también, que es negativo. La inflación es el doble. Hay cosas que han empeorado porque estas cosas son por acumulación. Es un tobogán. Cuando uno mira los últimos dos años, estos han sido los peores.

-¿Lo defraudó este gobierno?

-No. Uno podía esperar algo mejor. ¿Cómo Argentina no va a conseguir 2,5% de crecimiento? Bueno. No lo consiguió.

-¿Y en materia económica? Se presumía que los “empresarios” iban a poder controlar mejor ese aspecto.

-¿Qué significa eso? El Estado es una cosa distinta a una empresa. Uno puede ser muy exitoso en una empresa y ser una catástrofe en término de manejo del Estado.

- Ya hizo campaña presidencial en 2007. ¿Qué similitudes y diferencias encuentra? Otra vez con Cristina Fernández enfrente.

-Lo que advierto es mucha mayor demanda. En 2007 la economía venía de crecer 9% por año, superávit y sin inflación y habiendo creado tres millones de puestos de trabajo. En ese contexto creer que se gana una elección es utópico. ¿entonces por qué? Para advertir algunas cosas antes de tiempo. La manera era participar de una campaña austera y sabiendo que lo que hacíamos era transmitir un mensaje en un público que todavía no era demandante. Estaba fresco lo que habíamos hecho, pero todavía estábamos bien.  Entonces yo veía a Venezuela yendo a una crisis grave. Y Chávez estaba de moda. Quizás fue un error. Lo hice porque era lo que veía en ese momento. Ahora se ve una demanda de la sociedad. Está muy angustiada. Desmotivada. Sensación que de esta no se sale. No hay sociedades que hayan estado ocho años estancadas. No existe en el mundo. Somos un caso extraordinario por lo malo. Hay una demanda. Que lleguemos tendrá que ver con nuestro trabajo y hasta dónde juegan los polarizadores a pegarnos de ambos lados.