0223.com.ar
Otra jugada de Arroyo hace estallar al Concejo Deliberante

Otra jugada de Arroyo hace estallar al Concejo Deliberante

Por Mariano Suárez

Durante el primer semestre de 2019 el funcionamiento del municipio de General Pueyrredon se sostuvo con una prórroga del presupuesto 2018 y, financieramente, con la decisión del secretario de Hacienda Hernán Mourelle de que la TSU se pague de todo el año se concentre en los 8 primeros meses. Así, el intendente Carlos Arroyo transita el tramo final de su gestión sin sobresaltos para pagar los salarios de los municipales, un tema que puso en jaque su gobierno en varias oportunidades durante estos tres años y medio.

Sin embargo, sin la aprobación del nuevo presupuesto y, fundamentalmente, de las ordenanzas fiscal e impositiva es difícil que esa calma llegue a diciembre e imposible que el próximo intendente (Arroyo cree que puede ser él) afronte sueldos y aguinaldos en diciembre. Y para resolver eso, Arroyo y su equipo volvieron a realizar una jugada, cuanto menos, polémica.

Los aumentos de tasas requieren la aprobación preparatoria en una sesión y luego que sea ratificado en una sesión de concejales y mayores contribuyentes. Históricamente, cada concejal elige entre familiares, allegados o asesores al mayor contribuyente que vota en esa sesión. La tradición política de Mar del Plata siempre respetó ese proceder, pese a que la antiquísima norma, en rigor, establece otros pasos previos. Y Arroyo, otra vez, rompió con una tradición política de Mar del Plata.

El artículo 94 de la Ley Orgánica de las Municipalidades (LOM) establece que entre el 1º y el 15 de mayo de cada año los contribuyentes que reúnan determinados requisitos podrán inscribirse en un registro para convertirse en mayores contribuyentes. Ese registro jamás se difunde y nadie se anota para formar parte.

La normativa dice que si no hay inscriptos o la cantidad de anotados no duplica al número de concejales el intendente puede completar esa nómina de oficio.

Todas estas cuestiones jamás se tuvieron en cuenta y los partidos políticos acordaron que sean los propios concejales los que propongan a los mayores contribuyentes para garantizar la misma variedad política en esa asamblea que la existente en el cuerpo legislativo.

Esta vez, Arroyo no dejó pasar su oportunidad: aceptó la atribución de completar él la nómina y propuso a 28 personas de su entorno como mayores contribuyentes. “Es una locura”, coinciden dos dirigentes de Cambiemos, cada vez más alejados de las decisiones de Arroyo.

En el entorno del intendente, se defienden y argumentan que lo que hizo Arroyo está ceñido a la reglamentación. “Hicimos las cosas como corresponde. El Ejecutivo eligió a los mayores contribuyentes y elevó la nómina al Concejo”, argumentan.

He ahí otro punto del conflicto: la lista con los 28 nombres de Arroyo debe ser avalada por el Concejo Deliberante. “Es imposible que eso salga aprobado”, señala un concejal de la oposición, sorprendido por la jugada del intendente.

Todos, arroyistas, oficialistas (que no son lo mismo) y opositores coinciden en que la norma de los mayores contribuyentes es una legislación perimida y sin sentido. Sin embargo, todos los partidos la sostuvieron con este acuerdo tácito que convirtió la excepción en regla.

“Además de romper todos los acuerdos existentes, esto genera un precedente que puede ser muy peligroso. Porque ahora un sector político puede mandar a 40 militantes a que se anoten como mayores contribuyentes y controla la aprobación de la fiscal impositiva”, dice un hombre conocedor de los vericuetos legislativos.  

La polémica estallará en las próximas horas. Habrá que esperar para saber si la estrategia de Arroyo llega a buen puerto o naufraga a mitad de camino. En principio, parece difícil que avance demasiado: antes de planificar la sesión de mayores contribuyentes, las ordenanzas fiscal e impositiva deben atravesar las comisiones, donde solo cuentan los votos de los concejales. Con una postura férrea de los ediles los proyectos no se moverán de allí. “¿Y si hay un acuerdo?”. La pregunta llega desde un sector de la oposición que no está dispuesto a convalidar la suba de tasas en el contexto actual, pero reconoce que si no se aprueban esos expedientes el próximo intendente (que aseguran no será Arroyo) tendrá severos problemas financieros. “Tal vez es una manera de que se destrabe esto y salga aprobado”, cierra.

Comentarios de usuarios de 0223
Comentarios de usuarios de facebook

Otra jugada de Arroyo hace estallar al Concejo Deliberante

Durante el primer semestre de 2019 el funcionamiento del municipio de General Pueyrredon se sostuvo con una prórroga del presupuesto 2018 y, financieramente, con la decisión del secretario de Hacienda Hernán Mourelle de que la TSU se pague de todo el año se concentre en los 8 primeros meses. Así, el intendente Carlos Arroyo transita el tramo final de su gestión sin sobresaltos para pagar los salarios de los municipales, un tema que puso en jaque su gobierno en varias oportunidades durante estos tres años y medio.

Sin embargo, sin la aprobación del nuevo presupuesto y, fundamentalmente, de las ordenanzas fiscal e impositiva es difícil que esa calma llegue a diciembre e imposible que el próximo intendente (Arroyo cree que puede ser él) afronte sueldos y aguinaldos en diciembre. Y para resolver eso, Arroyo y su equipo volvieron a realizar una jugada, cuanto menos, polémica.

Los aumentos de tasas requieren la aprobación preparatoria en una sesión y luego que sea ratificado en una sesión de concejales y mayores contribuyentes. Históricamente, cada concejal elige entre familiares, allegados o asesores al mayor contribuyente que vota en esa sesión. La tradición política de Mar del Plata siempre respetó ese proceder, pese a que la antiquísima norma, en rigor, establece otros pasos previos. Y Arroyo, otra vez, rompió con una tradición política de Mar del Plata.

El artículo 94 de la Ley Orgánica de las Municipalidades (LOM) establece que entre el 1º y el 15 de mayo de cada año los contribuyentes que reúnan determinados requisitos podrán inscribirse en un registro para convertirse en mayores contribuyentes. Ese registro jamás se difunde y nadie se anota para formar parte.

La normativa dice que si no hay inscriptos o la cantidad de anotados no duplica al número de concejales el intendente puede completar esa nómina de oficio.

Todas estas cuestiones jamás se tuvieron en cuenta y los partidos políticos acordaron que sean los propios concejales los que propongan a los mayores contribuyentes para garantizar la misma variedad política en esa asamblea que la existente en el cuerpo legislativo.

Esta vez, Arroyo no dejó pasar su oportunidad: aceptó la atribución de completar él la nómina y propuso a 28 personas de su entorno como mayores contribuyentes. “Es una locura”, coinciden dos dirigentes de Cambiemos, cada vez más alejados de las decisiones de Arroyo.

En el entorno del intendente, se defienden y argumentan que lo que hizo Arroyo está ceñido a la reglamentación. “Hicimos las cosas como corresponde. El Ejecutivo eligió a los mayores contribuyentes y elevó la nómina al Concejo”, argumentan.

He ahí otro punto del conflicto: la lista con los 28 nombres de Arroyo debe ser avalada por el Concejo Deliberante. “Es imposible que eso salga aprobado”, señala un concejal de la oposición, sorprendido por la jugada del intendente.

Todos, arroyistas, oficialistas (que no son lo mismo) y opositores coinciden en que la norma de los mayores contribuyentes es una legislación perimida y sin sentido. Sin embargo, todos los partidos la sostuvieron con este acuerdo tácito que convirtió la excepción en regla.

“Además de romper todos los acuerdos existentes, esto genera un precedente que puede ser muy peligroso. Porque ahora un sector político puede mandar a 40 militantes a que se anoten como mayores contribuyentes y controla la aprobación de la fiscal impositiva”, dice un hombre conocedor de los vericuetos legislativos.  

La polémica estallará en las próximas horas. Habrá que esperar para saber si la estrategia de Arroyo llega a buen puerto o naufraga a mitad de camino. En principio, parece difícil que avance demasiado: antes de planificar la sesión de mayores contribuyentes, las ordenanzas fiscal e impositiva deben atravesar las comisiones, donde solo cuentan los votos de los concejales. Con una postura férrea de los ediles los proyectos no se moverán de allí. “¿Y si hay un acuerdo?”. La pregunta llega desde un sector de la oposición que no está dispuesto a convalidar la suba de tasas en el contexto actual, pero reconoce que si no se aprueban esos expedientes el próximo intendente (que aseguran no será Arroyo) tendrá severos problemas financieros. “Tal vez es una manera de que se destrabe esto y salga aprobado”, cierra.

Conectar
Crear cuenta
Redimensionar