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Historias de acá

1 de Julio de 2019 08:15

Ricardo Ludvik, el ahijado de Perón que montó un santuario en pleno barrio San Carlos

Nació en 1946 y fue apadrinado por Perón. Le dieron una medalla de oro que años después se la robaron. Conoció a Evita e Isabel. A 45 años de la muerte del General, atesora los certificados de bautismo de él y su hijo, también apadrinado por Perón.

Casi en ningún otro lugar de Mar del Plata ocurre lo que pasa en el barrio San Carlos, donde chalets suntuosos se erigen al lado de casas extremadamente precarias. En esa variedad, casi en el centro del barrio hay una casa que llama la atención, una suerte de santuario peronista en Azcuénaga entre Alsina y Olavarría.

El frente de la casa está enteramente cubierta de fotos, imágenes y hasta recortes de diarios de Juan Domingo Perón y Eva Duarte. También hay banderas argentinas que flamean al viento entre los rostros de Perón y Evita. Hay algunos rosarios enroscados por allí, entre flores de plástico y portaretratos intervenidos con pintura negra y Liquid Paper. El espectáculo es poderosamente llamativo. Solo es cuestión de golpear la puerta -que siempre está abierta- y preguntar quién vive allí.

 


Ricardo Ludvik nació en Mar del Plata en 1946, año en que Perón se convirtió en presidente por primera vez. El séptimo hijo varón de un inmigrante alemán, militante del peronismo "de la primera hora": Fue bautizado entre en 1949 o 1950: "No me acuerdo bien y mis papeles me los robaron", le cuenta a 0223. La idea aproximada llega a partir de una foto que se encuentra dentro de la casa, en donde se puede observar a un niño de 4 o 5 años en brazos de Evita, junto a Perón. "Ese soy yo cuando me bautizaron", señala. Ricardo Ludvik es el ahijado marplatense de Perón. Y no solo eso: "Soy compadre de Perón, el pibe mío es ahijado de Perón e Isabel, están los papeles, fijate", dice y señala un cuadro en donde se ven unos certificados de bautismo que dicen que su hijo es apadrinado por El General. 

La tradición de apadrinar al séptimo hijo varón de una familia llega a la Argentina a principios del Siglo XX, en 1907. El presidente José Figueroa Alcorta "importó" esa costumbre de la Rusia zarista, por pedido de una familia de inmigrantes rusos asentados en Coronel Pringles que tuvieron un séptimo niño. En 1973, también las niñas fueron aceptadas por el protocolo oficial. Cuenta la leyenda que, sin esa protección especial, los niños podían convertirse en hombres lobo y las nenas en brujas. Es la Ley 20.843 la que garantiza el padrinazgo del Presidente de la Nación en funciones al momento del nacimiento del séptimo hijo varón o la séptima hija mujer.

-¿Qué te dio ser ahijado de Perón?

-Me regalaron una medalla de oro que pesaba 100 gramos. Cuando fue el golpe de Estado en el '55, nosotros viviamos en O'Higgins 1569, un chalet grande, y nos tuvimos que ir con toda la familia para Batán, porque mi viejo era peronista y se sabía. Vinieron los milicos, revisaron todo y me robaron la medalla que no apareció nunca más. Mi viejo justo había carneado 4 chanchos que también se los robaron. Nos robaron todo, se llevaron un montón de fotos con Perón que teníamos de toda la familia. No se podía ni mencionar el nombre de Perón.

-¿Más allá de ser su ahijado, tuviste algún tipo de relación con Perón?

-Cuando fui más grande, iba a Buenos Aires. Él me ayudó porque yo quería comprar una fábrica de pescado para poder tener algo, y me dio una mano muy importante. Después, las cosas no anduvieron, tuvimos problemas con los sindicalistas, uno de ellos Saravia (Abdul, histórico dirigente del puerto), y cuando me separé de mi esposa vendí la fábrica.

El interior de la casa de Ricardo repite el decorado del exterior: cuadros, fotos, imágenes, afiches y todo lo que uno puede imaginarse cuando piensa en la liturgia peronista. De entrada hay un pasillo sin techo, luego se ingresa en casa: pequeña y oscura; son sólo dos cuartos, uno con la cocina y otro con la cama. Hay un hogar en un rincón que luce como si se utilizara para cocinar algo a las brasas o para calentar jarros. El olor ratifica esa idea. No hay gas. "Me robaron la garrafa", comenta Ricardo mientras fuma y toma cerveza.Hay olor a humedad, una radio vieja de la que sale un tango y un par de gatitos, cachorros, que merodean y se suben a la falda de Ricardo. 

-¿Por qué tu hijo también fue ahijado de Perón?

-Eso me lo pidió el propio Perón. Luego del bautismo nos mandaron un cuadro grande con el marco laminado en oro con la foto de Perón en el medio, mi hijo a un costado y yo del otro. Ese me lo robaron de esta casa. Cuando Isabel estuvo en Mar del Plata, estuvo en esta casa y tomó mate conmigo. Ella me decía que lo iba ayudar al pibe mío, que no me haga problema. Y algo lo ayudaron pero después se fue para España porque ya empezaba el conflicto y nunca más. Le regaló un reloj a mi hijo y no apareció más.

-¿La conociste a Evita?

-Sí, de chico, era muy pibito. Cuando Evita vino a Mar del Plata fuimos con mi papá y nos sacamos una foto. Había una multitud.

-¿Qué te dice la gente, que sos el ahíjado de Perón?

-La gente cree que tengo plata, -se ríe- pasan por acá, sacan fotos, y yo no tengo una mierda, si a veces no tengo ni para comer, hermano.

-¿Tenés trabajo?

-Laburo en las changas, de pintor como casi toda la vida. Yo laburé en la Armada Argentina, pintando. Ese trabajo me lo consiguió el coronel Damasco, (Vicente, militar y político, de estrecho vínculo con Perón, que fue ministro del Interior en el gobierno de Isabel Martínez); pintaba los edificios de la Armada que están en el centro.

Habla apasionadamente de sus recuerdos, los cuales va soltando de manera desordenada, sin respetar la cronología. Hay que ir armando la historia, como si se tratara de esas películas en las que el director va mostrando los hechos aleatoriamente ubicados, pero que al final cobran sentido. Pasa de cosas que sucedieron en el primer peronismo, sin ningún tipo de advertencia a los agitados años setenta en la República Argentina.

-¿Cómo te fue durante la dictadura de 1976?

-Me metieron preso. Yo en ese entonces trabajaba en el Casino, era supervisor y los militares querían saber dónde estaban las armas, el dinero y las bombas, me acusaron y yo ni idea, me cagaron a palos, me torturaron. Me decían, "a vos te gusta la música, ahora te vamos a poner", me sentaron en una silla, las manos atadas, me ponían una capucha y me daban picana. Me llevaron a un lugar en Azul en donde conocí como 10 muchachos que eran de Mar del Plata y no sabían ni porqué estaban ahí, los tenían detenidos. El lugar tendría 4 o 5 pisos, no recuerdo; eran pabellones con celdas bien pequeñas. Yo era más grande pero se escuchaban los llantos de pibitos más jóvenes, de 14 o 15 años. ¿Sabés cómo lloraban, pobrecitos? A mí me largaron por el coronel Damasco, sabés cómo me quería a mi -menciona con cariño a uno de los hombres leales a Perón dentro de la Armada- y fue el capitán Salinas (secretario del coronel Damasco) el que me estaba buscando por todos lados y aparecí allá. Si no era por ellos, no salía, fueron los de la Base Naval los que me sacaron, andaban en grupo buscándome, y después me dieron el laburo porque era amigo del coronel Damasco y el capitán Salinas.

-¿Conociste otro ahijado de Perón?

-Uno. Recuerdo que salió en televisión que, una parte de la herencia de Perón, sería repartida entre los ahijados, entonces fuimos para allá. ¿A mí sabés quién me atendió bien? Pinky, (seudónimo de Lidia Satragno, popular actriz y conductora televisiva). Fuimos al canal a buscar una persona que finalmente no se encontraba, y en su remplazo nos atendió ella. Nos hizo un par de preguntas y nos dijo que volvamos al otro día que nos iba a presentar un tipo. Al día siguiente nos llevó en su coche a ver un ministro que no sé quién era. Lo que había salido en televisión era que la mitad de lo que tenía Perón se iba a repartir entre los ahijados; el tipo nos dijo que había que esperar, que de acá para allá y al final no pasó nunca más nada. La fui a saludar a ella y me dijo: "El día que necesites algo vení a verme que yo te voy a ayudar". 

-¿Había más ahijados aparte de ustedes dos?

-No, no había muchos, creo que éramos 3 o 4, nada más. Ellos no tenían  todos los papeles que yo tenía. ¿Vos sabés las cosas que yo tenía de Perón?

-¿Qué significa para vos ser ahijado de Perón?

-Para mí es una satisfacción. Más por lo que fue Perón y lo que fue Evita. Yo tiro un poco más para Evita que para Perón, por las cosas que hizo por los que menos tienen, que estos políticos de ahora ninguno lo hace. ¿Vos viste algún político por los barrios, por donde más pobres hay? Vas a los barrios y están los pibes que no tienen zapatillas, no tienen cuadernos y Evita estaba ahí.