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El escribiente

29 de Septiembre de 2019 13:22

La filosofía y el pensamiento de Fernando Pessoa en su no-libro del desasosiego

Lisboa es a Pessoa lo que Praga a Kafka. Toda esa ciudad, así como el sentir de sus habitantes, está en la obra del hombre de los muchos heterónimos. El Libro del desasosiego es un extenso texto en prosa poética que no deja de interpelarte sobre el absurdo de la vida.

Lisboa te recibe con sus pequeñas calles escalonadas. La plaza Martín Monis es el lugar ideal para cualquier atardecer. El río Tajo siempre tiene un olor particular con el que se impregna toda la ciudad. Lisboa conmueve el alma y en cualquier  tardecita de invierno, el silencio es cómplice.

En aquella plaza los muchos barcitos que la pueblan comienzan a tener algo de movimiento y algunas luces empiezan a encenderse. En una glorieta cercana a la mía, dos viejos moros charlan entre ellos. Pero, más que escucharlos, hay que verlos charlar. Conversan profundamente. Pareciera que hace mucho que no se ven y dan la impresión de estar poniéndose  al día. Uno con su boina el otro con su gorro de lana. Charlan, gesticulan, ríen. Traen la memoria a la rastra. Empeñan anécdotas en pos de ganar tiempo para ellos. Pero no parece que les pesara el paso del tiempo. Se ríen con tantas ganas como si de eso se tratara la resistencia.

La brisa comienza a refrescarse  y el olor del Tajo no se aleja. Este río corta Lisboa al medio. Nace en tierra Manchega y desemboca en el océano Atlántico. Recorre 1007 kilómetros por España y Portugal. Tiene un color atípico, una rara mezcla entre el gris y el verde como si no se decidiera a ser río o mar. Sus olas pegan contra la escalera que oficia de playa en la Plaza del Comercio.

Lisboa parece una ciudad desordenada, descuidada, pero con una variedad de colores que la pueblan. Se trata de una ciudad que se puede disfrutar solo con “sensacionismo”, al decir de uno de sus hijos más predilectos, Fernando Pessoa. “Nada existe, no existe la realidad, sino solamente sensaciones. Las ideas son sensaciones, pero de cosas no situadas en el espacio y a veces ni siquiera en el tiempo.” Lisboa hace honor al “sensacionismo” de los tantos Pessoa de Portugal.

Fernando Pessoa es a Lisboa lo que Franz Kafka es a Praga. Pessoa tuvo fama póstuma también. Murió en 1935 y solo publicó un libro en vida, el libro patriótico Mensagem, un año antes de morir.

Pessoa vivió atormentado por su personalidad, “soy muy distinto de esos otros que tampoco sé si existen”, decía. De ahí que creó, inventó, descubrió múltiples heterónimos: Alberto Caeiro, Ricardo Reis, Álvaro Campos son algunos de ellos, con los cuales firmaba sus escritos.

La última casa donde vivió en Lisboa (dicen que se mudó unas veinte veces) hoy es un museo. Todos quieren ver esa pequeña habitación, con aquella cómoda en la que él escribía. Allí aún te dicen que quedan unos 20 mil papeles con textos que dejó, sin publicar.

Pessoa escribía como dándole forma a un rompecabezas de fragmentos de vida. Él, en el Libro del desasosiego así como en otros tantos textos, te toma, te cautiva, te absorbe, te golpea.

Un hombre que se acerca a una depresión profunda y tranquila, según él, encontraba en la escritura un refugio para su alma y sus reflexiones. Por eso este libro pertenece al insomnio. Porque es en ese tiempo cuando uno busca el refugio.

El Libro del desasosiego es una obra inacabada. Es un anti libro o un no-libro porque en realidad,  dicen que son borradores de diversos temas que Pessoa iba dejando por ahí. Los escribió entre 1913 y 1935, pero recién se publicó en 1982. Aún hoy no tiene forma fácil de lectura, como buen no-libro que es, ya que ante cada nueva reedición se le van sumando y reacomodando los textos de manera distinta. Pero él sabía que ese material sería un libro el día de mañana, ya que él le elige un título, Libro del desasosiego, y lo firma un tal Bernardo Soares, otro de los tantos Pessoa.

Este no-libro no tiene una estructura determinada, no hay una unidad temática; son temas recurrentes: el amor, la vida, la muerte, la literatura. Es decir, todo aquello que nos hace.

Soares, de alguna manera,  despreciaba las aspiraciones mundanas, lo mediocre de la vida. Dice en el libro, que “los sueños desarrollan al ser humano”.

Hay una falta de sentido en la vida que lleva a una melancolía, o más que a una melancolía a una melancólica carga con una tristeza omnipresente, que solo puede contrarrestarse con el placer de la lectura o de la escritura.

Se trata de uno de esos escritores muertos que publica mucho más que algunos vivos. Dice Antonio Sáez Delgado en la revista cultural Babelia que del “Libro del desasosiego hay más de 17 ediciones diferentes”. Y agrega: “Pessoa en realidad no inventaba personajes, sino que inventaba poetas que creaban obras”.

Pessoa se quita la máscara en sus escritos; se muestra crudo y melancólico en sus distintos textos. Él quiere que cada lector lo configure y le dé el sentido que uno más sienta y piense a la hora de leer  esas sensaciones pertinentes e irrepetibles. Transpolar al ser humano posmoderno en una serie de textos del siglo pasado es realmente una de las obras más grandes y que más interpela de Fernando Pessoa.

Es así que Bernardo Soares  salía de la rutina de su trabajo diario buscando en la creación literaria la revalorización de la vida. Por eso, el Libro del desasosiego es un texto extenso e intenso. La mirada de Pessoa embruja y logra una empatía con el lector que mira y camina junto a él, viendo como pasa la mediocridad de la vida y su absurdo. El Libro del desasosiego es un espejo que se planta ante el lector. Pessoa le escribe a la última posibilidad de cada uno de nosotros. Él busca que esa última posibilidad y nosotros se reflejen  en el texto. Por supuesto que no alcanzará para asumir el punto final de cada uno y sus cercanos, pero sí, al menos, para sentir lo más relevante del ser de cada humano.