Antes de ser calle

2 de Noviembre de 2020 08:49

Calleo: una guía para apoyarse en la obsesión por saber quiénes fueron #AntesDeSerCalle

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La historia se puede abordar desde diferentes ángulos; lo importante son los disparadores que nos llevan a indagar, a saber más sobre un hecho que pasó. Ese dato que nos transporta a algún momento o instante y que alguien quiso decirnos algo. Los nombres de las calles son un disparador. No son antojadizos, si son nombres o números; si están al norte o al sur. Expresan un sentido de una época que nos dice más que la ubicación geográfica.

En la década del '60 hubo un periodista que hizo la primera recopilación ordenada y que la llevó a formato libro; él fue Juan Néstor Guerra y su libro se llamó Mar del Plata, sus calles, plazas y monumentos.

Esa recopilación muchas veces se trasforma en tediosa, larga y hasta inesperada en ocasiones. Quizás por ese motivo hubo que esperar más de 50 años para tener una nueva versión, aggiornada, de esa guía. En este caso no fue un periodista ni historiador, sino un químico integrante del Instituto de Investigaciones en Ciencia y Tecnología de Materiales (Intema): Oscar Casemayor.

 

¿Qué lo llevó a un Técnico Químico a realizar una completa guía que, de alguna manera, continúa o completa aquella de Guerra en los ’60? 

“En mi profesión no hay absolutamente ninguna relación con la historia de la ciudad. Todo lo que hago relacionado con Mar del Plata es puramente por interés personal, siempre fui aficionado a su historia”, dice el autor de Calleo y agrega: “En una persona estructurada como yo, la pasión se transforma en obsesión. Cada cosa que me propongo tiene que estar ordenada, tiene que tener principio y fin, por eso, el trabajo que desarrollo lo llevo hasta el más mínimo detalle, de ser posible. El libro de las calles, en principio, iba a ser sobre Mar del Plata solamente, pero después surgieron interrogantes como cuáles eran los límites de ciudad. ¿Camet o Los Acantilados están en Mar del Plata?",  se pregunta. Y así fue que hoy el Partido de General Pueyrredon cuenta con una guía editada por la editorial Eudem a disposición de todo aquel que quiera hacer una consulta.

 

En cuanto a la mirada de los otros sobre esa obsesión, el autor confiesa que lo tiene muy claro: “Algunos se asombraban, otros pensaban que estaba loco, pero lo bueno fue que en todos los años que me llevó la realización de este libro hice partícipes a muchas personas. Desde gente en la Municipalidad, especialmente Laura Giulietti, del Departamento de Referencia Legislativa y Digesto del Concejo Deliberante, amigos y familiares que participaron y son parte del producto final”.

-¿Cómo surge la idea de llevarlo a formato libro?

-La idea de hacer un libro era algo que buscaba desde el principio pero no sabía cómo hacerlo. Mi objetivo era que la información que había recopilado estuviera al alcance público, porque no tenía sentido que yo solo guardara la información. Fui a la Dirección Nacional de Derecho de Autor, donde me informaron que debía registrar la obra y luego buscar editorial. Me di cuenta que iba a ser imposible realizar la impresión por mis propios medios ya que el resultado era un libro de más de 600 páginas y 50 planos, que resultaba difícil de imprimir, difícil de vender y difícil de asumir los costos. Averigüé por subsidios estatales pero no llegué a ningún resultado.

En 2017 surgió el contacto con Andrea Di Pace, directora de la editorial Eudem y me dio algunas alternativas. La editorial de la Universidad edita esencialmente libros de autores que se desempeñan ahí y con temáticas afines a sus temas de investigación. Pero dispone de un número limitado por año para obras que no están relacionadas necesariamente con las actividades de los docentes. Y allí encontré un hueco.

 

-En un tramo de tu libro sostenés que no deberían hacerse cambios de nombres de calles sin detenerse a estudiar el contexto histórico en el que surgieron dichos nombres. Al avanzar con tu libro, ¿qué calles creés que en algún momento habría que hacer un estudio y analizar si corresponden o no?

-Es cierto, yo creo que el paso de los años de un nombre de calle queda arraigado en la sociedad y se convierte en un hito urbano, quedando en segundo plano la valoración o perspectiva actual que pueda tener una persona respecto de ese nombre. En los últimos años ha habido movimientos de entidades o colectivos que piden cambios de nombres basados en la mirada actual de un hecho histórico y no creo que estos fundamentos sean aplicables a la nomenclatura urbana. No es absoluto, puede ser que haya ejemplos para evaluar.

Existen casos en los que el nombre de una calle determinó también el nombre de un barrio, una plaza o una escuela (por ejemplo Los Andes o General Roca), “Colón” es el nombre de una avenida, una plaza, un teatro… ¿estamos dispuestos a cambiar esos nombres también? Yo no le encuentro sentido común.

 

Creo que los nombres que sí merecen hacer una intervención rápida son aquellos que conllevan errores gramaticales (grafías erróneas, cambio de nombres de pila) y aquellos que se repiten. Y subsanar aquellos que no fueron aconsejados pero igualmente se hicieron, entre estos casos hay también repetición de nombres y un caso excepcional que rompe con toda lógica: la calle General Madariaga (que tiene su nombre desde hace 40 años) fue fragmentado por 3 cuadras, por otro nombre (Kloosterman), un verdadero sinsentido…

-¿Cómo fue tu relación con la Comisión de Nomenclatura Urbana? ¿Creés que es necesario que la opinión de la Comisión sea vinculante?

-Formé parte de la Comisión de Nomenclatura Urbana algunos años, mientras estaba escribiendo el libro. Me contactó Marcelo de la Plaza, responsable de la misma, y según mi experiencia, es una comisión necesaria.

Actúa como un ente de información o consulta para verificar la viabilidad de los nombres que tienen referencia con la nomenclatura urbana (calles, espacios públicos, escuelas, etc.). Y para velar por una política coherente de nomenclatura emite dictámenes fundamentados que no son vinculantes.

Por lo tanto, el tema de que sea vinculante o no, puede tener varias aristas. Creo que la política de nomenclatura urbana debería exceder a los gobiernos de turno y ser independiente de las pasiones del momento (políticas, institucionales, comerciales) y basarse en la coherencia de su definición.

La nomenclatura urbana se basa en 3 principios:

a)      Universalidad: que sirva para todos.

b)      Unicidad: cualidad de ser única, singular.

c)       No repetición: (relacionada con la unicidad), producir repetición o simultaneidad de nombres genera confusión o necesidad de aclaración.

Este ABC no se cumple en su totalidad dentro del Partido de General Pueyrredon y queda bien demostrado en la valiosa recopilación a la que se puede acceder en formato digital por medio de la página de la Editorial de la Universidad Nacional de Mar del Plata http://bit.ly/EditorialUNMDP   #AntesDeSerCalle

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