La memoria en las calles

Un proyecto contempla la instalación de carteles señalizadores con los nombres de las personas detenidas desaparecidas durante la última dictadura cívico, militar y eclesiástica.

Tras ser detenido y torturado, Amaya murió el 19 de octubre de 1976. Tenía 41 años.

30 de Agosto de 2021 08:57

Hay dos formas de desaparecer; la física y la otra, la desaparición de la memoria colectiva. Ambas, son dolorosas.

Como siempre decimos, en cada encuentro en esta columna, recordar quiénes fueron #AntesDeSerCalle nos posibilita saber la historia de esas mujeres y hombres que - sin esa información - solamente serían un nombre en un cartel que nos indicaría dónde estamos pero no de dónde venimos. Por algo están esos nombres, por algo también hay ausencias.

La nomenclatura urbana nos permite justamente eso: amojonar las esquinas con historias, sembrar curiosidad para abrir esa puerta que muchos archivistas pretenden ocultar.

Hoy vamos a recordar tres nombres víctimas del terrorismo de Estado para conocer un poco más sobre Esquinas con Memoria, un proyecto que contempla la instalación de carteles señalizadores con los nombres de las personas detenidas desaparecidas vinculadas a la ciudad, que lleva adelante el Espacio para la Memoria y la Promoción de los Derechos Humanos Faro de la Memoria.

Tres calles, tres historias

La última dictadura cívica, militar y eclesiástica también tiene esa siembra que nos hace ir en búsqueda de esas historias. La avenida Norberto Centeno (continuación de avenida Jacinto Peralta Ramos), Mario Abel Amaya (barrios Florentino Ameghino y Santa Rosa de Lima) y, el más reciente reconocimiento, Daniel Saúl Hopen (barrio Parque Peña) son fieles testimonios.

Del abogado laboralista Norberto Centeno ya hemos hecho referencia en esta columna. Es uno de los protagonistas de la Noche de las Corbatas.

Amaya también era abogado laboralista, había nacido en Dovalon, Valle Inferior del Río Chubut. Activista reformista en la universidad y miembro de la Unión Cívica Radical en 1973, fue elegido diputado nacional en su distrito de la provincia de Chubut; cargo en el que se desempeñó hasta el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976.

Se había orientado a asesorar trabajadores y sindicatos. A comienzos de la década de 1970 comenzó a defender a presos políticos detenidos en la cárcel de Rawson, destacándose entre ellos el dirigente sindical Agustín Tosco. En 1972 se produjo una fuga de presos políticos de las organizaciones Montoneros y Ejército Revolucionario del Pueblo, durante la que un gran grupo quedó atrapado en el aeropuerto de Trelew.

La cronología y el itinerario de lo que terminaría en la muerte de Amaya comienzan el 17 de agosto de 1976, Día del Libertador. La madrugada de ese día se produjo su detención en Trelew. Luego tuvo lugar su traslado en avión a la Base Aeronaval de Bahía Blanca, y de ahí al centro de torturas y ejecuciones que funcionaba en el Regimiento 181 de Comunicaciones de la misma ciudad, conocido con el nombre de “La escuelita”.

Según lo comprobó la Conadep bajo la presidencia de Ernesto Sábato, las instalaciones de ese siniestro lugar fueron demolidas poco antes del advenimiento de la democracia.

El 31 de agosto de ese año se hizo el traslado, también clandestino, hasta las afueras de Viedma, donde en un falso tiroteo con la Policía Federal, para hacer creer que quienes lo trasladaban eran “sediciosos” se lo arrojó con violencia del vehículo en que iba atado, amordazado y encapuchado, a una zanja lateral al camino.

Enseguida lo detuvo la policía, mientras que quienes lo habían transportado huían. Al día siguiente, se lo condujo en avión detenido desde Viedma hasta la Base de Bahía Blanca y de ahí hasta la cárcel de Villa Floresta.

El 11 de septiembre, Día del Maestro en homenaje a Sarmiento, se ordenó su traslado y el de otros detenidos hasta la cárcel de Rawson. Tras descender el avión en la Base Aeronaval de Trelew, recibieron un castigo feroz que se prolongó durante muchas horas de ese día y en los siguientes en la prisión de la que era director el prefecto Osvaldo Fano y estaba bajo el control del militar Carlos Barbot (murió a los 78 años en 2012 sin ser condenado).

Ese trato cruel, inhumano y degradante fue la consecuencia directa de la muerte de los dos del grupo con salud más precaria: Mario Amaya, que era asmático, y Jorge Valemberg, expresidente del Concejo Deliberante de Bahía Blanca, una persona mayor, integrante del justicialismo. No sólo ninguno de ellos recibió atención médica, sino que a Amaya se le retiraron el inhalador y sus medicamentos.

Amaya fue trasladado al hospital de la cárcel de Villa Devoto. Su madre, que fue autorizada a verlo, pasó frente a su cama del hospital sin reconocerlo por el estado en que se encontraba como consecuencia de los sufrimientos que se le habían infligido. Amaya falleció el 19 de octubre de 1976. Tenía 41 años.

Compromiso barrial

La imposición del nombre Daniel Hopen a una arteria de la ciudad tiene una historia de compromiso ya que fueron los propios vecinos (frentistas) que solicitaron quitar del listado de nombres oficiales de calles de la ciudad a Oswald Menghin.

El verdadero nombre era Oswald Franz Ambroise Menghin Terzer, un austríaco, arqueólogo, autor de libros de contenidos racistas y antijudíos. Había llegado a ser ministro de Educación de Adolf Hitler cuando Austria fue anexada a Alemania, en 1938.

La propuesta, tras el argumento del porqué se debía retirar ese nombre, sumaba quién debía suplantarlo: Daniel Saúl Hopen, un sociólogo que en 1965, en su etapa de estudiante y miembro del consejo directivo de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, solicitó formalmente la expulsión del profesor Menghin debido a sus antecedentes nazis.

El licenciado Hopen, de origen judío y profesor de la Universidad de Buenos Aires, fue secuestrado en 1976 por la dictadura militar y desde entonces está desaparecido.

Para el sociólogo, historiador e investigador Horacio González (fallecido el pasado 21 de junio), Daniel Hopen fue un gran dirigente político, un gran orador, quizás el último gran orador de la vida universitaria argentina y uno de los cadáveres argentinos sin memoria”.

González lo recordaba en un acto en la Facultad de Sociología de la UBA: “Siempre que Daniel (Hopen) hablaba ponía el mundo en sus manos. Efectivamente, antes de la televisión había una escuela de la oratoria, que también pasó por esta Facultad y se perdió con estos nombres, con estos grandes nombres, que hacían política -creo- para poder hablar, para poder subirse a una escalera y endilgar un gran discurso.”

Hopen fue militante universitario, referente principal de la Lista de Izquierda Mayoritaria (LIM), delegado estudiantil y se recibió de sociólogo. Tenía 37 años el 17 de agosto de 1976, día en el que fue secuestrado junto a su compañera Evangelina Carreira.

No solamente nombres de calles

Esquinas con Memoria es un proyecto que contempla la instalación de carteles señalizadores con los nombres de las personas detenidas desaparecidas vinculadas a la ciudad. Por medio de un código QR se podrá acceder a la información sobre la vida, militancia y secuestro de la persona recordada, disponible en el sitio web del Espacio para la Memoria y la Promoción de los Derechos Humanos Faro de la Memoria.

Julieta Tacconi, integrante del Colectivo Faro de la Memoria, contó que esta primera etapa que tendrá como punto de inicio este 30 de agosto en cinco esquinas de la ciudad. “Lo que intentamos es interpelar a la comunidad con el fin de mantener viva la memoria, tanto de las personas detenidas desaparecidas vinculadas a la ciudad que van a estar presentes en estos carteles como también de toda una generación que fue perseguida, reprimida y en muchos casos secuestrada y desaparecida”, dijo.

“Pero esas desapariciones no fueron al azar –reafirma Tacconi- fueron elegidas por estar organizados cultural y políticamente de diferentes formas. Desde los centros de estudiantes a organizaciones de base en los barrios; en cada historia de vida se refleja la de muchos de una generación que hoy nos acompañan y que son las personas que fueron secuestradas y son sobrevivientes de ese proceso criminal que encabezó el Estado contra su propia población”, argumenta.

Las ciencias sociales nos permiten estudiar y analizar los tiempos. Estamos convencidos que el acceso a la información debe ser abierto, que la documentación esté disponible y con fácil acceso para todos. “Cada indicador tiene un código QR que da acceso a información sobre la vida, militancia y secuestro de la persona recordada” agrega Julieta reafirmando esa idea de abrir la información para que toda persona interesada pueda conocer más.

En esa línea, este trabajo de archivo, como la Memoria, se encuentra siempre en construcción, y las intervenciones programadas en diferentes puntos de la ciudad buscan ponerlo en circulación, y favorecer el encuentro (presencial y virtual), tan necesario para lograr una memoria activa, colectiva y presente.

La primera etapa se inicia en el marco de la conmemoración del Día Internacional de las y los Detenidos Desaparecidos. La primera esquina: en Santa Fe y Juan Castelli, están los nombres de Eduardo Adolfo Soares Evangelista, María Ercilia Báez Acevedo, Roberto Andrés Allamanda Silva y Julio Mártires Manza Galarza.

Siguiendo por la segunda esquina de Rudecindo Alvarado y Santa Fe, están señalizados los nombres de Domingo Luis Cacciamani Cicconi, Rolando Hugo Jeckel Nayar, Agnes Salvia Acevedo Pinel y Federico Guillermo Báez González.

Luego, el recorrido continúa por la esquina de Nicolás Avellaneda y Córdoba, donde se señalizarán los nombres de Ángel Alberto Prado Albariño, Norma Susana Huder OlivieriLaura Susana Martinelli Aquino y Carlos Alberto Oliva Ramos.

La cuarta esquina es Juan de Garay y Santiago del Estero, donde se localizan los nombres de Julio César Genoud Unía, Lía Mariana Ercilia Guangiroli Martínez, María Esther Vázquez Paz y Néstor Enrique García Mantica.

Culminando el recorrido en Esteban Gascón y Bartolomé Mitre. Ahí se encuentran los nombres de Guillermo Enrique Videla Yanzi Hoogen, Laura Beatriz Segarra Acuña, Jorge Audelino Ordóñez Clavero y Liliana Ester Barbieri Bernaudo. Así finaliza la primera etapa.

Invitamos a recorrer cada uno de esos mojones, ingresar a sus historias de vida y respetarlos.

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