Antes de ser calle

21 de Noviembre de 2020 11:30

Arturo Jauretche, el intelectual criollo

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Arturo Martín Jauretche fue un intelectual propio, con ideas bien argentinas, uno de los más destacados defensores de la cultura nacional, que renegó del europeísmo de las elites y clases medias y se volcó a la causa de los hombres de a pie, del pueblo trabajador.

La calle 232 de Juan B. Justo al S.O. (continuación de Grecia - 188) lleva su nombre desde 1984 por medio de la ordenanza 6001. Forma parte de los barrios Las Américas y Don Emilio.

Nació en la localidad bonaerense de Lincoln, el 13 de noviembre de 1901. Mayor entre diez hermanos, hijos de un empleado y una maestra, Jauretche agradeció siempre haberse trenzado en aventuras con los hijos de los paisanos del pueblo, hecho que –según dijera- le permitió conocer el otro mundo, “la vida de los boyeritos”.

Convertido en yrigoyenista, tras el golpe de estado de 1930, participó del levantamiento de 1933 en Paso de los Libres –al que le dedicó un largo poema- y dos años más tarde fue uno de los creadores de la Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina, más conocida por sus siglas: FORJA, desde donde llamó a transformar la “Argentina colonial” en una “Argentina libre”.

Celebró la llegada del peronismo y pronto aceptó el cargo de presidente del Banco de la Provincia de Buenos Aires, hasta 1951, cuando se alejó por diferencias con Perón. Tras el golpe de 1955, se dedicó a escribir en defensa de lo conquistado durante diez años de gobierno popular con el semanario El 45 y el periódico El líder.

Las falacias de los dueños del poder

Desnudar las falacias que hacían posible el saqueo sistematizado de tierras y la obsecuencia de buena parte de la sociedad, preponderantemente de la llamada “clase media” fue su misión. Con sus obras literarias trata de comprender el proceso de los prejuicios de esa porción de la población, nerviosa por la aparición de nuevos actores sociales de la mano del peronismo en un ambiente político que había sido exclusivo para determinados sectores. Fue la contrapropuesta de intelectuales de la época que veían a los peronistas como unos “resentidos” frente a la “gente bien”.

Jorge Luis Borges y Ernesto Sábato, quizás son los más conocidos entre varios otros. Sábato era amigo de Jauretche, quizás por eso se animó a escribirle una carta, que en uno de sus párrafos le dice: “Lo que movilizó las masas hacia Perón no fue el resentimiento, fue la esperanza. Recuerde usted aquellas multitudes de octubre del 45, dueñas de la ciudad durante dos días, que no rompieron una vidriera y cuyo mayor crimen fue lavarse los pies en la Plaza de Mayo, provocando la indignación de la Sra. De Oyuela…. No eran resentidos. Eran criollos alegres porque podían tirar las alpargatas para comprar zapatos y hasta libros, discos, veranear, concurrir a restaurantes, tener seguro el pan y el techo y asomar siquiera a formas de vida ‘occidentales’ que hasta entonces les habían sido negadas”.

Con la carta, que era para su amigo Sábato, pero que tenía por elevación como receptores a la mayoría de los intelectuales del momento, Jauretche les marcaba la responsabilidad de inocular ideas contra los intereses del país y del Continente todo.

Jauretche y su visión de la “Revolución Libertadora”

En su libro “Jauretche y su época”, Norberto Galasso rescata frases que ponen de manifiesto su pensamiento sobre lo ocurrido en el golpe de 1955: “Caímos cuando pusimos lo partidario por encima de lo nacional. Porque éste es un hecho fundamental que debemos tener siempre presente: la revolución no era contra Perón, como señalaban las apariencias, sino contra el peronismo, contra la presencia del pueblo en el Estado y la dirección nacional que resultaba de esa presencia. Perón mismo fue víctima de su propia propaganda y creía que el objetivo de la revolución era Perón y no el peronismo. Tenía razón en eso de no derramar sangre, si era cuestión de un hombre. Pero lo que estaba en juego era mucho más: era lo que se había puesto en marcha el 17 de octubre de 1945 y el pueblo en busca de su destino”

Luego de su exilio en Montevideo y tras el frustrado acercamiento al frondizismo, dedicó tiempo a la reflexión, surgiendo así varios de sus libros más reconocidos, entre otros, El medio pelo en la sociedad argentina y Manual de zonceras argentinas. "En el territorio más rico de la tierra vive un pueblo pobre, mal nutrido y con salarios de hambre. Hasta que los argentinos no recuperemos para la nación y el pueblo el dominio de nuestras riquezas, no seremos una nación soberana ni un pueblo feliz", siguió sosteniendo hasta que falleció entristecido por la realidad del país el 25 de mayo de 1974 #AntesDeSerCalle

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