El escribiente

13 de Diciembre de 2020 09:23

El camino personal de los cómics

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Hoy el cómic o la historieta alcanzan a todas las edades. Los comercios del rubro salieron de las galerías y grandes y chicos comparten el gusto de recorrerlas. Cada cual encuentra su camino a la larga en estas historias en viñetas que siempre estuvieron cruzadas por lo que nos pasa día a día.

Jamás juzgues un cómic por su película”, arranca diciendo Fernando. A lo largo de la búsqueda de material, otros coincidirán con esta postura.

Vienen en el mundo del cómic y de la historieta desde hace mucho tiempo. Pero reconocen que en los últimos años  hubo una explosión gracias a las películas y las series. Igualmente dejan muy en claro que una cosa es una cosa y otra, otra.

Lejos ha quedado aquello de que los cómics o las historietas son para niños y niñas. Hoy los adultos son los consumidores más fieles del rubro. Desde la propia edición, hasta todo el merchandising que hay detrás. Mucho por nostalgia, otro tanto por gusto actual.

Umberto Eco habló en su momento de una semántica del cómic. Decía que los factores semánticos se articulan en una serie de relaciones entre palabra e imagen que necesitan de un equilibrio muy grande para que ninguna desentone u ocupe más significado que el otro. Una búsqueda casi del equilibrio entre poesía y música en un tema musical.

Desde el nombre ya se han generados distintos análisis y supuestos. Muchos le daban el sentido al “cómics” de cómico, por lo tanto algo menor. Así como a “historieta” se la desvalorizaba partiendo del termino de “historia”. En España se los conocía como “tebeos”. Un concepto que parecía resumir que uno “veía la historia”.

Hoy, llámenlo como quieran, alcanza a todas las generaciones y nadie, o muy pocos, pueden desconocer a algunos de sus personajes más icónicos.

“Yo creo que siempre fue para todas las edades. El tema es que  antes era tabú, daba vergüenza. Eras el ‘ñoño’ o ‘nerd’ por quedarte a leerlos mientras otros hacían otras cosas”, argumenta Fernando de Arkana  Comics. Y agrega que “Uno entra en este mundo a cualquier edad, es indistinto, pero hay un solo camino: si te gusta, te gusta”.

Por su parte, Fernando, de Factor Comic, manifiesta su duda sobre el hecho de que hoy “alguien tenga vergüenza de ir a comprar cómics, figuritas o figuras. Hoy con las películas y el auge que estas le dieron al rubro, ya nadie tiene pruritos a ir a comprar o consultar”.

Según él, es muy diverso el espectro del público que los lee, así como “muy personal el camino que uno traza”

Algunas versiones de la historia cuentan que DC y Marvel se repartían todo el mercado, sin querer mirar lo que estaba surgiendo en otros países.  Eso que se venía era Alan Moore.

Este fue el primero en sumar a una historia simple, algo de política, así como temas ambientales y sociales. El resultado, una época dorada para los personajes y para las ventas.

Comenzaron así a mezclarse y fundirse en una historia, los hechos de la actualidad con personajes diversos. Aparecían también las figuras del superhéroe con la de autor. Vuelvo a Eco cuando sostiene en su estudio que “Los cómics ponen en circulación formas estilísticas originales, y bajo este punto se estudia no solo como hecho estético, sino también como modificador de costumbre”.

Pero entonces, ¿Qué cuentan los cómics o las historietas?

Fernando, de Arkana, simplifica: “El americano, que es el que más he leído yo, refleja lo que era la sociedad en ese momento. Es una forma de mandar mensajes. Refleja cómo va la sociedad cambiando a medida que pasa el tiempo. Por ejemplo, en pleno conflicto racial en Estados Unidos, alguien pidió que apareciera gente negra en las historias, primero como extras o secundarios y luego como protagonistas  (Pantera Negra y Falcon)”

Los X Men fueron siempre signo de denuncia del racismo, eran los mutantes, los raros. Había una necesidad de denunciar la discriminación.

Desde el local de la calle Salta, Fernando destaca que “los cómics tocaron temas como la discriminación y las drogas”. (Una historieta de Flecha Verde muestra a su pupilo, Speedy,  inyectándose en la portada. Cae en las drogas y es ayudado a salir por  Oliver Queen y Hal Jordan).

Pasado los 80 aparecen otros casos emblemáticos como Frank  Miller, con  The Dark Knight returns, o nuevamente Moore con Watchmen, exponiendo el lugar que ocupa la vejez en la sociedad y la gran cuota de violencia que había en esta.

Por otro lado, esto también confirmaba la tendencia de que  aquellos infantes que consumían historietas, ahora habían crecido y estaban ávidos de seguir consumiéndolas.

Mucho, por no decir casi todo, es metáfora en las historietas. Caben numerosos nombres y conceptos en las alegorías de los cómics.

Los personajes ya son icónicos. Hay nombres que se conocen sin haber sido leídos, e historias que se repiten una y otra vez. Hay superhéroes y otros que no lo son tanto. Hay grandes, adultos y muy jóvenes (El Hombre Araña tiene 15 años). Cada cual carga con sus problemas y sus complejos. Porque, otro hallazgo de la industria, fue mostrar que los superhéroes también sufren.

Fernando, de Factor,  resalta por ejemplo que “Watchmen muestra el superhéroe con sus dramas personales y sus conflictos. Así como el modo en que los usa el Gobierno y la persecución que sufren”.

Desde Arkana, Fernando suma que “Hay personajes que son oscuros y sin súper-poderes. The Question  es un ejemplo, es como un Batman pero sin plata”.

La figura del superhéroe es una de las grandes diferencias con el Manga o cómic japonés. Pero esto también ha ido cambiando, según las tendencias, y hoy en día hay mucha historieta que es de autor. Por ahora, la gran mayoría, de editoriales independientes. Otras rompen directamente con el estereotipo de antaño del superhéroe y van por otro camino. Por ejemplo, la recién conocida por ser serie en televisión, The Umbrella Academy.

Pero los personajes, así como las historias, se van adaptando a los tiempos que corren (y al mercado).  Fernando, desde la calle Salta, asegura que “Hay variedad de historias y de perfiles del mismo personaje. Pero también hay cómics donde se salen de esos estereotipos del superhéroe y te sorprenden, como los de Gaiman”.

Más allá de todas las características y particularidades del cómic o la historieta, en estos tiempos se vive uno de sus mejores momentos. Ya nadie teme a los prejuicios del “qué dirán” y alcanza a todas las edades y a todos los estratos sociales  (más allá del alto costo de muchas, por ser importadas, a los que se consiguen en nuestro país).

Con personajes muy bien construidos y adaptados a la actualidad, así como una narrativa muy particular y una temática que proviene de la acción de la sociedad, las historietas configuran no solo un entretenimiento sino también una forma de leer lo que nos pasa. Pero, por otro lado, esto también nos obliga a estar atentos por el sesgo con que cargan y el sentido que quieren otorgarle a la realidad. Claro está que el mundo no sería este mundo sin muchos de los cómics o historietas que han alimentado el entretenimiento y las ideas o estereotipos del mundo. El punto es lo que generaron, como otros tantos productos, como fantasía aspiracional. El espectador se identifica con el protagonista y asume y toma todas sus características y sus ideas, generando un efecto publicitario cargado de valores simbólicos. “El objeto es la situación social y, al mismo tiempo, signo de la misma; en consecuencia, no constituye únicamente la finalidad concreta perseguible, sino el símbolo ritual, la imagen mítica en que se condensan aspiraciones y deseos. Es la proyección de aquello que deseamos ser” sostiene Eco.

En fin. Las historietas o cómics están ahí, acompañándonos, desde hace bastante. La industria nacional (la promesa de dedicarle algunas líneas en particular a la historieta local queda hecha) ha generado lo suyo también con personajes como El Eternauta, Patoruzu o Nippur.

Hoy, con ayuda del cine, han logrado ocupar un espacio mayor, pero la pregunta más difícil sigue siendo: ¿Por dónde empiezo?

La red de interrelaciones y de experiencias que uno puede vivir al acercarse a un cómic es sumamente  interesante. Si como alguien dijo por ahí, la forma es el producto de un hacer, la historieta es una continua creación  de maneras de relacionarse con el mundo. Pasando por el entretenimiento y llegando hasta la pregunta de cuándo, para qué y, sobre todo, por qué.

Las casas de cómics dejaron de estar en galerías cerradas para dar a la calle. Muchos nos encontramos compartiendo y rescatando sus historias y personajes. Mucho, también, ayudó a este renacimiento el reconocimiento masivo del género.  Como dijo uno de los entrevistados: “Mucho ayudó a que esto deje de ser un tabú para que muchos descubrieran todo un mundo nuevo”.

 

 

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