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8 de Marzo de 2020 08:19

Laura Coquian, la boxeadora que pelea incansablemente por lograr su sueño

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La pugilista de 28 años tuvo que esperar a ser mayor de edad para poder subirse al ring y todavía tiene que guantear con varones. Mientras sigue escribiendo las páginas del deporte femenino, noqueando al machismo se prepara para debutar como profesional.

Laura Coquian tenía apenas 6 años cuando Marcela la Tigresa Acuña, su ídola, debutó como profesional y se convirtió en la primera boxeadora argentina rentada. Y si bien tuvo que esperar hasta los 18 porque sus padres no la dejaban calzarse los guantes, se animó a subirse al ring cuando pocas mujeres lo hacían.

Como su papá fue boxeador -hoy es su entrenador- el contacto de la Morocha con el deporte de los guantes surgió desde su casa del barrio San Martín. Pero por esos mandatos patriarcales, tuvo que esperar a ser mayor de edad para poder practicar. "Al ser mujer, mi mamá y papá no estaban de acuerdo, así que tuve que esperar hasta los 18 años para agarrar el bolsito y salir al gimnasio", recuerda en una charla con 0223, después de entrenar en el gimnasio Del Puerto.

"¿En serio? ¿Te parece? Vas ahí, entre todos hombres", le decían en su casa. Finalmente su familia entendió que el boxeo era lo que realmente le gustaba a Laura. Es que "el boxeo femenino no era muy aceptado", reconoce. Sus comienzos fueron en el Sindicato de Guardavidas y ella era la única mujer que entrenaba. "Eso fue chocante, pero realmente estaba decidida a hacer boxeo. Los varones entrenaban en cuero y cada vez que yo llegaba el entrenador les hacía ponerse la remera. Todos pensaban que estaba loca, pero era lo que a mí me gustaba", confiesa.

Llegaron los 18 años y lo que tanto había soñado se hizo realidad: Laura inició su periplo en el amateurismo. A diferencia de otros adolescentes que estudian una carrera universitaria, ni bien terminó la escuela secundaria salió disparada al gimnasio y arrancó a entrenar. "Comencé como un hobby, con mi papá nos pusimos a entrenar juntos. Así comenzó todo", revela. Para los 21 hizo su debut: ganó por nocaut técnico y el resultado le dio la razón. El boxeo era lo suyo. Desde entonces no paró más.

A lo largo de su carrera, Laura se quedó con la corona marplantese, bonaerense y metropolitana de peso pluma. Pero sin apoyo económico, todo es cuesta arriba. Hasta noviembre pasado trabajaba en un supermercado mayorista, pero decidió renunciar para enfocarse de lleno al deporte de sus amores. "Es muy difícil, al boxeo tenés que dedicarle toda tu vida. Tenía un buen puesto que me costó mucho ganar, pero me di cuenta que esto es mi pasión", asegura.

Con un récord de 38 combates ganados, 6 empatados y 2 perdidos, ahora se prepara para pegar el salto al profesionalismo, su gran desafío. El micro estadio Domingo Robles del Club Atlético Peñarol será el escenario de la velada el próximo 11 de abril, con rival a definir. Entrena de lunes a lunes, doble turno todos los días, pero todavía tiene que guantear con hombres porque no hay ninguna chica que practique boxeo y se pueda subir al ring con ella. "Estoy todo el día dentro del gimnasio. En Mar del Plata no peleé muchas veces, estoy contenta de poder debutar acá", sostiene.

Como casi todo deportista -y más siendo amateur- Laura padece la falta de patrocinadores. Sin trabajo, está obligada a salir a buscar un sponsor que la respalde. "No me queda otra que buscar el apoyo de la gente para poder hacer esto todos los días. Se dificulta mucho, más al no haber debutado. La gente que no te conoce no confía mucho. Supongo que después de que me haga un poco más vista la gente empezará a aportar un poco", anhela.

La Tigresa Acuña es su gran referente. Gracias a ella, la Federación Argentina de Boxeo (FAB) reconoce el día de la boxeadora todos los 25 de marzo, fecha en la que le entregaron la primera licencia profesional."Es de lo mejor que tuvimos y tenemos", destaca Laura. La formoseña es una de las nueve mujeres argentinas que consiguieron un título mundial en 2019, año en el que los hombres no pudieron hacerse de ningún cinturón.

 

Como casi todo, el deporte es estrictamente masculinizante y el boxeo no es la excepción. El 8 de marzo no es un día cualquiera para las mujeres, en el largo camino de lucha por la igualdad. "Es muy especial que todos nos reconozcan. Para mí, representar a la mujer en este deporte es muy importante", expresa la Morocha Coquian, que sueña con seguir los pasos de su ídola y darle unos buenos golpes de puño al machismo y a la falta de oportunidades.