El escribiente

5 de Abril de 2020 09:03

Borges: libros, lecturas y conferencias

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Mucho se habla y se escribe sobre la figura y los textos de Jorge Luis Borges, pero ahora aparece una faceta nueva del escritor, la del conferencista.  Fue su actividad principal hasta consolidar su imagen y lugar de autor. Una sombra que nos enseña a releer aquellos textos que nos han traído hasta acá.

Por ser el más citado, siempre parece que hablar de Borges es lo más fácil. Pero por supuesto que no es así. Por otro lado, también es aquel escritor que siempre se menciona como “difícil, complejo” a la hora de su lectura. Sin embargo, esto dependerá de la experiencia de cada uno en aquel primer acercamiento que tuvo con sus textos. Borges jugaba en sus escritos con sus propias lecturas. Las citas y las menciones son caprichosamente arbitrarias, pero siempre lo llevarán a uno a leer el texto de otra manera. Le gustaba provocar al lector y,  si uno no entra en su juego, se quedará afuera de todo. Pero no olvidemos, ni dejemos de lado a la hora de encararlo, que todo para él era una excusa para contar una historia. Dijo alguna vez Alberto Manguel: “Creía en la verdad de la ficción y en nuestra capacidad de contar cuentos verdaderos”.

Borges es sin dudas uno de los escritores más importantes del siglo XX, así como un lector intenso también. Y tan intensas son también sus huellas de lectura  que transforman nuestra propia experiencia. Es decir, luego de Borges, uno cambia su forma de leer a Hernández, Homero, Cervantes y otros.

Mariela Blanco estudia e investiga la obra de Borges desde  ya hace bastante tiempo. En la Universidad Nacional de Mar del Plata dirigió proyectos de investigación sobre él en forma individual  y en forma colectiva. Ha dado conferencias en distintas universidades del mundo sobre su obra y ahora está trabajando en una nueva faceta del escritor: la del conferencista.

-¿Por qué es un buen escritor Borges?

Porque permanece, porque perdura. Es bueno porque logra tocar a los lectores a lo largo del tiempo. En él hay una sintaxis que trasciende, sin ponerme existencialista. Su arte tienen una llegada y logra él que al espectador le pase algo, por eso Borges sigue tocando fibras y lo va a hacer por mucho tiempo. En la literatura Argentina es un gran tema y del cual hay que hacerse cargo. Los escritores, por mucho tiempo, evitaron eso: el famoso parricidio de “matemos a Borges”.  De hecho, hasta hay un manual que recopila textos anti-Borges que recoge esas lecturas del 60 y del 70  donde la idea era esta. Después hubo épocas de mayor aceptación y ahora hay una tendencia a reivindicarlo, como el último libro de Chitarroni, donde se lee la literatura latinoamericana desde Borges. Me gusta esta idea del reconocimiento desde su influencia para nuestra mirada como escritores y como lectores. Él cambió nuestro modo de leer la literatura argentina.

Borges es un escritor que experimentó con casi todos los géneros literarios, pero en determinado momento de su producción,  estos géneros se empiezan a contaminar recíprocamente.  Surgen así textos híbridos  como poemas narrativos, fragmentos de cuentos con una gran composición lírica, ensayos donde se presentan  algunas citas que son ficción pura o personajes inexistentes. Borges manipula el material literario de sus textos. La crítica María Teresa Gramuglio sostiene que “él corrige como si tradujera: corregir y reescribir es muy similar en Borges a traducir”. Es decir que la organización que toma de las genealogías literarias, a partir de citas o de la intertextualidad, es la forma en que se apropia él de los escritores y de los escritos anteriores. Borges lee de una manera trasversal, oblicua. Él lee cosas en los textos clásicos que otros no vemos y esta es su rareza y su principal logro.

Es decir que el texto no es visto como un objeto en sí fijo, sino como una serie de lecturas posibles en forma privada en una primera instancia para después compartir. El escritor lo que hace es renovarle su vida a lo ya escrito. “El hecho literario fundamental no es el texto en sí mismo, sino el acto de lectura, el encuentro del libro con el lector”, sostendrá Carlos Gamerro.

Borges, el vanguardista en su forma de leer. Borges como un constructor de lecturas. Él, quien se rodeó de otros textos universales para crear los suyos. La escritura como reescritura, en realidad.

Dicen que sostenía: “Tus libros preferidos, lector, son como borradores de ese libro sin lectura final”. Justo él,  quien ha dejado una obra que permanentemente se está redescubriendo y reinterpretando, es el que habría destacado la posibilidad de los lectores de seguir y seguir leyendo a aquellos con quienes conversamos y nos hacen felices.

Hasta ahora podíamos pensar a dos Borges: el de los poemas y el de la obra narrativa (incluyo acá sus ensayos). Pero, sin dejar de sorprendernos, apareció otro. El de las conferencias y de las clases. El Borges que debía recorrer kilómetros y kilómetros para vivir de su amor por y para la literatura.

“Muchas veces se dice que Borges hablaba de los mismos temas, pero nunca de la misma forma. Es decir que él se adecuaba al receptor, que es lo mismo que decir que tenía las estrategias de un comunicador. Como ejemplo aparecen sus conferencias, que es lo que estamos estudiando ahora con la gente de la Biblioteca Nacional”, cuenta Blanco.  Y agrega, “es un tema que nos interesa porque es una novedad, los textos de las conferencias son objetos nuevos y estos, así como las clases de literatura inglesa, nos están empezando a mostrar un Borges oral que no estaba estudiado”.

-¿Borges, entonces, daba conferencias porque necesitaba vivir de algo y él quería que fuese la literatura?

- Él vivía de sus conferencias. Porque durante los 60 y los 70 se decía que Borges era un escritor de la alta sociedad, de la alta cultura. Se lo homologaba a la pertenencia social de Bioy Casares,   cuando los orígenes y los modos de vida de ambos, aunque hayan sido amigos durante tanto tiempo, no tienen nada que ver. Borges realmente era un escritor que tenía que trabajar para sobrevivir, no vivía de rentas, no tenía campos ni nada parecido.  No se trata solamente de decir “humanicemos a Borges”, sino que pongamos y estudiemos la figura ultra relevante y con un aura importante, pero también en su verdadero contexto. Es decir, las conferencias para él también fueron una salida laboral, un modo de vida. No era algo que hacía para darse corte. De hecho, no eran para él una movida fácil por los viajes y todo el contexto. Si lo hizo fue para vivir y trabajar. Y eso lo hemos podido constatar porque encontramos cartas, por ejemplo de la Biblioteca popular de Santiago del Estero, con las gestiones que hacía Canal Feijóo organizando las clases de Borges en la zona. Es decir, organizar la agenda de Borges: llegaba a Santiago del Estero, luego a Tucumán porque le quedaba cerca y ahí daba un par de clases más y así.  

Borges da la mayor cantidad de conferencias en Argentina entre 1949 y 1955. De las posteriores quedaron algunas grabaciones y las del exterior también. Pero para el proceso de investigación han elegido este período porque en 1946 se queda sin trabajo. Es ahí donde empieza a dar cursos de cultura inglesa en la Sociedad Inglesa de Buenos Aires  y en el Colegio Libre de Estudios Superiores. En esos lugares se condensan la mayor cantidad de conferencias y de clases que da. Es más, luego de 1966  da una serie de clases en Mar del Plata, de las cuales están las transcripciones y serán publicadas por la editorial de la Universidad local en un trabajo conjunto con el grupo de investigación. Vale recordar que de la Universidad Católica, que es la pre- historia de la Universidad pública local, surge la primera promoción de profesores de Letras. Ellos estudiaron con Borges literatura inglesa y norteamericana  en su último año de carrera.

-Pensando en las fechas, mientras él escribía  sus geniales ficciones, es decir entre el 45 y el 60 y pico, recorría  provincias dando conferencias para poder vivir…

- Totalmente. Los primeros años de Borges son dedicados a la poesía y a la ensayística (escribe tres libros de ensayos en esa época). Él no escribía narrativa. A  partir del 1935, más o menos tímidamente, comienza. Sus primeros cuentos aparecen en 1940 pico, ya con mayor presencia (porque recordemos que los primeros cuentos de Ficciones se publican en la revista Sur y estaremos ya entre 1942 y 1945). Estas conferencias empiezan en el 45 y se extienden hasta el 65,  más o menos. En ese período Borges daba conferencias en el interior del país en lugares insospechados como Azul y Olavarría, pero también en pueblos de Entre Ríos y  también Chaco.

Es así que, creo, todos tenemos alguna deuda con  Jorge Luis Borges. Así sea la deuda de leerlo en algún momento de nuestras vidas, de intentar que contagie algo de la felicidad que le producían sus lecturas a nuestra efímera felicidad como sus lectores.  Estamos destinados a vivir con Borges, con sus precisos y económicos relatos que suspenden nuestras fantasías, con su voz pausada, con su legado a escritores y lectores.

-¿Cuál creés que es el legado de Borges a los escritores?

- No quiero meterme en una cuestión estilística, pero deja un gran recorrido en torno a la profesionalización  del escritor. Esto de “trabajar de”. Vos decís, viajaba por el interior, pero trabajaba dando clases, es una consolidación en ese sentido. Borges demostró que se podía vivir de la escritura y lo practicó, pero, otro dato más, también demostró que se puede trabajar para consolidar esa figura de escritor. Borges fue genial en eso también. Y ese camino fue importantísimo. Deconstruyamos la imagen del Borges viejo porque eso nos lleva a un montón de equívocos. No es humanizar su figura por humanizarla, nada más. Es decir,  en un momento Borges se tuvo que hacer conocido, no nació conocido, entonces todo lo que trabajó para que esa figura,  merecidamente  ya que escribía muy bien, tuvo sus logros.

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