El escribiente

31 de Mayo de 2020 09:52

H. G. Wells, un pensador entre las ciencias y las letras

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Tratando de paliar la ansiedad por volver a recorrer librerías, me detengo en un quiosco a revolver y elegir entre algunas revistas que ya no se editan. En una Muy interesante del año 2016, redescubro la gran figura de Herbert George Wells, hombre de ciencia y de letras, quien escribió más de cien libros intentando alertar al ser humano sobre su futuro y su relación con la tecnología.

En la edición de la revista Muy interesante de noviembre de 2016, Federico Kukso sostiene sobre Herbert George Wells que “era un hombre de  dos mundos: un hombre de ciencia y un hombre de letras. Sabía que a la ciencia no solo había que hacerla, sino también imaginarla y contarla: estaba convencido de que las ciencias y la educación serían los baluartes de las sociedades del futuro en las que la especie humana daría un salto cualitativo”.

H.G Wells  adoptó las siglas porque creía que así sonaba  más serio que su propio nombre. Fue un pensador distinto y tan moderno para su época  que advirtió mucho sobre aquello que le dolería a la humanidad más adelante.

La casa donde nació estaba situada en la calle principal del pequeño pueblo de Bromley (Kent), muy cerca de Londres (de hecho hoy es un barrio de esa ciudad). Era un 21 de septiembre de 1866 y sus padres eran sirvientes de los nobles de la comarca y además poseían, con mucho esfuerzo, una tienda de objetos de porcelana. Aun así él se crió en un ambiente muy humilde.

A los ocho años sufrió una caída y se fracturó un hueso de una pierna, debiendo guardar reposo durante algunas semanas. Se dicen que el médico del pueblo colocó mal el hueso y debieron romperlo de nuevo para reparar el error. Esto lo mantuvo encerrado largo tiempo, pero no solo ya que, a partir de aquella instancia, descubre el poder de la lectura y a lo largo de su convalecencia devora los libros que su  padre le proporcionaba. Entre sus favoritos están Washington Irving y Dickens. Él mismo dirá en alguna oportunidad que aquella caída fue uno de los momentos más afortunados de su vida.

En 1888 escribe una especie de relato fantástico que titula  Las crónicas de los Argonautas  y que aparece de forma periódica en la revista National Observer. Este material, siete años después, será reescrito y tomará forma de novela: La máquina del tiempo,  que aparece primero como serie en la revista New Review y luego como libro. El éxito fue instantáneo. Constantino Bertóldo Cadenas  afirma que “además de ser una estimable novela de aventuras por la prodigiosa imaginación del autor, constituye un libro de gran valor para quienes quieran acercarse a su obra. En ella se combinan sus preocupaciones científicas con sus pensamientos sociopolíticos, los dos polos que delimitaron su vida

Wells estudió ciencias naturales y hasta llegó a publicar un manual de biología. Su base científica influyó notablemente en su actividad como escritor de anticipación, es decir que, aparte de poseer un conocimiento científico (desde los contenidos y hasta la forma de hacer ciencia),  sabe leer políticamente la realidad y observa con cierta distancia crítica la sociedad industrial que encuadraba todo en ese momento. Es así que su escritura es más realista y en ella subyace siempre  cierto pesimismo sobre el futuro de la humanidad.

“Creo que las probabilidades están en contra de la humanidad. Pero aún vale la pena pelear” dijo alguna vez, y de allí sus advertencias en los relatos. En casi todas sus narraciones hay un mismo escenario, que no solo alcanza a los avances de la ciencia, sino también a lo que el ser humano hará con ella. En 1941 le preguntaron cuál debería ser su epitafio y él dijo “se los dije,  idiotas”.

Herbert Wells  atravesó dos guerras mundiales y fue testigo de  las consecuencias de la revolución industrial y lo que hizo esta con el ser humano. Vivió muchos cambios en su vida que alentaron su espíritu permanentemente. Pensemos que al nacer se iluminaban con velas y un año antes de morir explotaron las bombas atómicas, las cuales estaban entre sus profecías literarias.

Hoy es considerado uno de los padres de la ciencia ficción  o del género de anticipación. En sus textos habías máquinas, viajes en el tiempo, ciencia descontrolada y des-humanización. Se preocupó también por manifestar el clima de la época y poner de manifiesto el poder de la tecnología si se utilizaba mal, generando consecuencias negativas, tanto sociales como políticas.

Las historias eran enmarcadas científicamente y algunas de sus descripciones proféticas fueron muy negativas en sus consecuencias para el ser humano. Por eso también se interesaba y representaba  la realidad social del momento, sobre todo de las clases menos pudientes y más marginales. Defendió los derechos humanos, combatió la hipocresía de la época victoriana y se adelantó a lo que serían los movimientos de liberación femeninos.

Predijo el tanque de guerra y las batallas aéreas. Pero la peor de las profecías se dio en su libro El mundo liberado (1914), donde narra que a un físico en 1933 se le ocurre la idea de armar una bomba atómica.

Fue el primero en plantear la visión apocalíptica de que los seres humanos podríamos cometer nuestra propia destrucción y hacerlo con nuestras propias invenciones. Por eso, buscó advertir en sus textos, permanentemente, el camino a donde podía llevarnos una ciencia y una tecnología manejadas sin cuidado. Pero esto  no significaba que estuviese en contra de la investigación científica, sino que estaba interesado en saber qué se hacía con ella y quién decidía cómo se utilizaba. Es así que fue uno de los primeros pensadores que postularon que era el ser humano quien debía dominar a las máquinas  y no al revés, así como que la especie humana solo podía ser mejorada gracias a la ciencia y la educación.

Al decir del director Ridely Scott, “Wells creía en la grandeza de las ciencias, pero también en la debilidad del ser humano”.

H.G. Wells consideraba a la literatura como una poderosa forma de transmitir sus ideas sobre un mundo mejor.  Para eso dejó grandes y pensados textos buscando crear conciencia sobre el destino de la humanidad. Grandes libros que pudieran ayudar a los hombres a ser ciudadanos del mundo.

Tenía 79 años cuando murió un 13 de agosto de 1946 de tuberculosis y con  un riñón gravemente dañado. En todas partes del mundo lamentaron la pérdida de una de las mentes más claras de su tiempo. A pesar de todo, él nunca perdió la confianza en la razón humana e imaginaba que, a través de ella, el ser humano prevalecería por sobre los intereses económicos, las luchas y los patriotismos exagerados.

En Experimento en autobiografía, su último trabajo, se puede leer el conflicto que amargó sus últimos días: la impotencia de un hombre que dedicó su vida a transmitir un mensaje que sus congéneres nunca quisieron escuchar.

Dice Borges, “ No es inverosímil que los exégetas de un porvenir lejano atribuyan la obra de Wells a seis hombres distintos: 1) el narrador fantástico (La máquina del tiempo, El hombre invisible, Los primeros hombres en la luna, la isla del doctor Moreau, El caso Plattner); 2) el utópico moralista (Mundos nuevos por mundos viejos, El porvenir en América, Dios, el rey invisible, Anticipaciones, La conspiración abierta); 3) el novelista psicológico (La mujer de Sir Isaac Harman, Los ocultos lugares del corazón, El alma de u obispo, Juana y Pedro); 4) el humorista inglés (La historia de Mr. Polly, El amor y el señor Lewisham, Las ruedas del azar, Kipps); 5) el improvisador de enciclopedias (La ciencia de la vida, Reseña de la historia universal, Breve historia del mundo); 6) el periodista (Rusia en las sombras, Washington y la esperanza de la paz, Un año de profetizar)”

Los del narrador fantástico alertan acerca de la soberbia de los seres humanos y la utilización de la ciencia y sus consecuencias. Son alegatos contra la soberbia de esta  y un llamado de atención al desarrollo de un capitalismo salvaje que no haría más que potenciar la injusticia que Wells veía en su entorno ya en aquel momento histórico. Luego vendrá todo lo que ya sabemos y vivimos.

Wells buscará, sobre todo en sus últimos años, potenciar la creación de una conciencia común y universal. Las guerras mundiales habían dejado huellas en él. Pensó lo que luego sería la ONU y postuló los derechos humanos, así como apostaba por la ciencia y la educación como camino para el progreso de la humanidad.

En sus más de cien libros, entre ensayos y ficción, combinó de la mejor forma pensamiento e imaginación. Creó, junto a Jules Verne, un género literario que mantiene como  característica la intención de advertir  al ser humano sobre las consecuencias problemáticas que podría generar su propia ambición y su abuso en el uso de la tecnología y la ciencia. Su obra anticipó, como ninguna, las derivaciones que podían lastimar en lo inmediato a la humanidad. Las nuevas formas, las de hoy en día, no pudo o no se animó a escribirlas Wells.

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