Historias de acá

31 de Agosto de 2020 16:59

Leo Di Scala, el futbolista que gambeteó a la muerte y sigue haciendo goles en una pierna

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Leonardo Di Scala, en el gimnasio del primer piso del club de sus amores, Talleres (Fotos: Romina Elvira-0223).

Hace cuatro años, Leonardo Di Scala jugaba en el Club Talleres, y fue atropellado por un camión. Pero se recuperó, fundó un equipo de fútbol para amputados y llegó a la Selección. En una larga charla con 0223, repasó todo este camino de sabiduría.

Hay historias que pueden inspirar el camino de muchas personas que, por infinidad de motivos, no encuentran el rumbo. Que putean al cielo, maldicen sus días, y se preguntan existencialmente "¿por qué a mí?". La vida de Leonardo Di Scala es, sin dudas, una de ellas. Un muchacho soñador que hace cuatro años transformó una tragedia personal en una oportunidad increíble de crecimiento. Un pibe que, de no ser por su admirable fortaleza y "un milagro", tal como asegura, no estaría dialogando abiertamente en esta entrevista con 0223. Aquí, con espiritualidad y sabiduría en sus palabras, repasó aquel accidente que lo dejó sin una pierna, su rehabilitación, las enseñanzas y la creación de "Real Voluntad", el equipo de fútbol para amputados que lo llevó a la Selección argentina.

El viernes 1° de julio de 2016 a las 18.15, Leo Di Scala, con 17 años, volvió a nacer. Hasta entonces, cursaba el secundario en la escuela Municipal N° 203; era ayudante de albañilería de su padre y su abuelo; salía con Solange, quien sigue siendo su fundamental novia. Y, apasionado del fútbol, jugaba de lateral derecho en la quinta división del club de sus amores, Talleres de Mar del Plata, además de algunos "picados" "por el cajón de birra" en las plazas del sur de la ciudad.

Esa tarde invernal volvía a su casa de la calle García Lorca del barrio Colinas de Peralta Ramos en moto, luego de un exigente entrenamiento con su equipo. Sin apuro y tras media hora de viaje por la avenida Fortunato de la Plaza, dobló a la derecha en la calle Posadas -una antes de Edison-, y a metros de llegar a Lebenhson, su vida se topó con la imprudencia ajena. "Me acuerdo todo de ese día, siempre estuve consciente. Ya llevaba unos cuatro meses con la moto. Esa noche 'Archi' (Daniel Ayala, entrenador) me iba a citar para el partido del sábado en primera, algo que me enteré después", recordó ante 0223 en la oficina de su querido club del Puerto. "Lo que es el destino, ¡no pude pisar la primera con las dos patas!", sonríe al recordar que poco antes del accidente iba a debutar en la máxima división de la Liga Marplatense, pero el olvido de su documento al llegar a la cancha de Libertad se lo impidió.

"Salí de entrenar muy cansado, fui despacito", recordó. "Yo venía por mitad de cuadra y el camión comenzó a doblar para el lado de Edison, y en vez de abrirse, se cerró. Yo atiné a reaccionar pero tenía el cordón y un auto estacionado, tal vez podría haber hecho una 'willy' -que no sabía hacer- y subir a la vereda. Fue todo rápido. Sentí el choque, como que me enganchó. Me caí boca abajo, y fue raro porque no sentí un golpe fuerte. Fue un segundo, como que se me apagó todo. Y cuando me quise levantar, siento que me pisa por encima con la doble rueda".

Cuenta increíblemente Leo Di Scala que ni bien sucedió eso, lo primero que hizo fue ver si sus piernas se movían para poder seguir jugando al fútbol. "'¡Mirá mi cabeza dónde estaba metida todavía, a lo que lleva la pasión! Intenté levantarme pero ya no podía. Estuve siempre consciente, y como se movían, me puse contento porque suponía que de alguna manera podría volver a jugar a la pelota". Y así fue. Pese a la amputación de su pierna izquierda al tercer día de internación, hoy el futbolista sigue pateando una pelota. 

Leonardo continuó con el relato escalofriante de los minutos posteriores al accidente: "Vino un hombre y me dijo 'no, flaquito, quedate acostado porque te pisó un camión'. Otro me puso una almohada en la cabeza. Estaba bien en el piso, no me dolía nada, pero sentía algo raro. Cayó el patrullero. El oficial me preguntó mi nombre, me pidió el número de un familiar, y no sé por qué le tiré el fijo de mi abuela Pina, que es tana. Y viste cómo son los tanos, re exagerados. Si cuando me pasaron con ella le decía que me había pisado un camión, se moría ahí. Le dije que me caí de la moto, que estaba bien, que solo me dolía la panza. No le dije la verdad. Ella le contó a toda la familia, y mi madre, por instinto, percibió la verdad. Intuía que me había pasado algo", detalló con asombrosa precisión.

Mientras Di Scala comenzaba a agonizar, los vecinos del barrio salieron a correr al camión que, ni enterado de nada, se iba hacia la avenida Edison con sus tres ocupantes en la cabina y la moto enganchada. "Nunca se dieron cuenta que me pisaron. Para mí estaban tomando mate, charlando entre ellos." Instantes después, llegó su padre, llevado por un amigo suyo que se enteró del accidente. "Yo ya estaba reventado, sentía que me estaban dando puñaladas en la panza", explicó Leo. Los médicos constatarían luego que sufrió fracturas de cadera y pelvis, y que se habían estallado sus intestinos y vejiga urinaria. 

Arriba de la ambulancia, junto a su padre, Leo Di Scala le tiró un caño a la muerte al evitar dormirse y se aferró a la vida para no soltarla más: "Yo veía cómo las casas se me movían, sentía que me estaba por ir...Lo único que estaba haciendo era aguantar y aguantar. Si cerraba los ojos, sabía que tal vez, me iba. Yo no quería, entonces cuando me subieron a la ambulancia me empecé a pegar cachetazos y el médico me dice '¿qué hacés?', le digo 'Me estoy durmiendo', y me dice '¡no, aguantá!'  y me entra a pegar él", describió con precisión ese momento donde tal vez ocurrió uno de los milagros. "Cuando sentí que la camioneta subió la rampa del Interzonal, yo me quedé tranquilo, me dije 'estoy en buenas manos'. Y no me acuerdo más. No sé si me desmayé o si me durmieron", agregó.

"Hijo, te tuvieron que cortar una pierna, porque sino te morías"

Luego de once días en coma inducido, los médicos del Hospital Interzonal decidieron intentar por tercera vez despertar a Leo y esperar que su reacción fuera lo más pacífica posible. En los otros intentos, al abrir sus ojos inmediatamente intentaba quitarse los cables y el respirador, en un lógico ataque de nervios. Si volvía a suceder, iban a realizarle una traqueotomía, situación que querían evitar.  

-Hijo, ¿sabés lo que te pasó?. 

-Sí, tuve un accidente, me pisó un camión, ¿qué me quebré?

-Sí, tuviste fractura de pelvis, cadera, y se reventaron los intestinos y la vejiga. 

-¿Y estoy bien? 

-¿Pero no sabés nada más?

-No, ¿qué pasó? 

-Hijo, te tuvieron que cortar una pierna, porque sino te morías.

-No, má, no puede ser si yo siento que la muevo. 

Un cóagulo detrás de la rodilla de la pierna izquierda de Leonardo culminó en la amputación, al tercer día de internación. "Cuando me despierto, era de día. Pensé, 'esto fue ayer, ya estoy despierto, ya me operaron, por ahí me quebré una costilla'. Y estaba mi mamá al lado, me entró a hablar", rememoró sobre aquel renacer y el momento de enterarse la peor noticia. "Ni bien me contó, levanté las sábanas, vi cuatro tutores clavados en la cadera y que no tenía la pierna. Se me vino el mundo abajo, pero porque pensé que no podía jugar más al fútbol. Quedé shockeado", agregó. "Después de la primera operación le decían a mi familia 'este chico no pasa de la noche'. Imaginate mi vieja...a ella le costó mucho recuperarse. Al día de hoy si recuerda eso, se larga a llorar. Mi mamá fue la que más me ayudó y acompañó en el fútbol. Me llevó siempre a entrenar, al colegio...mi ángel", contó con emoción el marplatense.

Solange y Leo, durante los primeros días de internación en el HIGA.

Desde entonces, el futbolista fue asimilando su realidad con entereza y apoyo psicológico. Mamá Natalia se instaló en una casilla rodante en el playón del hospital para estar al lado de su hijo. Y Solange, su novia, lejos de escapar continuó acompañándolo: "Tenía 17 años y la vida por delante. Podría haber pensado que yo no sería nada luego. Pero no dudó y se quedó. Yo me acuerdo que estaba en terapia intensiva, todo tirado, y cuando la veía entrar por la puerta grande, era como ver a un ángel, me generaba una sonrisa de oreja a oreja. Fue un pilar muy importante incluso para encaminarme antes del accidente, cuando yo por ahí tenía algunas malas juntas. Sin ella tal vez mi vida hubiera sido otra", valoró a su compañera, a la vez de recordar a su hermana y su padre. Afuera, desde el momento del accidente, su club, amigos, todo el fútbol marplatense se conmovió con mensajes plagados de amor y rezos. Recibió la visita de los jugadores de Aldosivi y el entrenador "Teté" Quiroz, y le obsequiaron una camiseta firmada.

A las dos semanas, el primer gran avance fue la buena respuesta de sus intestinos al haber hecho sus necesidades con normalidad, y así evitar la bolsa colostomia. A la tercera, pidió salir de terapia intensiva: "Veía cosas muy feas. Se me había muerto un paciente al lado... no estaba bueno. Yo estaba hecho mierda pero no necesitaba tanta atención como ellos. Estaba todo el día acostado y pedía que me alcanzaran el agua". Aquí surge una pequeña anécdota que Di Scala cuenta entre risas: "Me ataron las manos porque me quería escapar. No podía tomar mucha agua porque la podía vomitar. Yo eso no lo entendía. Me daban de comer por sonda y me estaba volviendo loco. Me sentía bien pero mis órganos no estaban bien", comentó. "Una vez logré estar con medio cuerpo fuera de la cama, agarrado a la baranda, intentando agarrar el vaso, que me lo habían puesto lejos a propósito. Y vino la enfermera y me cagó a pedos", relató. 

Lugüercio, Galván, Vildozo, Díaz y Campodónico, jugadores de Aldosivi en 2016 que visitaron a Leo en su internación.

Contra todos los pronósticos, Leonardo Di Scala recibió el alta en la primera semana de septiembre de aquel 2016, dos meses después del accidente, cuando los facultativos estimaban que serían seis. Su juventud, su fuerza física, fueron claves para el milagro. "El deporte me ayudó en eso. Cuando me pisó el camión, yo estaba fuerte, iba al gimnasio, entrenaba y jugaba en el club, y también en el barrio, que se juega mucho más áspero...por el cajón de birra", expresó con una mirada pícara al recordar esos picados en los barrios Termas Huincó y Colinas.

Llegó el momento entonces de la rehabilitación en el Instituto Nacional de Rehabilitación Psicofísica del Sur (Inareps), donde fue verdaderamente un vendaval de fuerza, alta autoestima y superación. "Reconozco que soy un poco agrandado a veces, pero para lograr mis objetivos", aclaró. Así fue que desde el primer día se plantó: "Vengo a entrenar". Pero el fisioterapeuta le "paró el carro": "No, tranquilo, acá te vas a rehabilitar con paciencia, tenés para 4 o 5 meses". Pasado el tiempo, Di Scala comprendió al profesional: "Tenía toda la razón. Pero yo tenía unas ganas... por suerte mi conducta me ayudó a progresar. A la semana estaba saltando en una pata, y casi al mes caminaba con una prótesis y hacía bicicleta y pecho en el gimnasio".

Durante su estadía en Inareps, Di Scala pidió tener su primera salida para ir a ver un partido de Aldosivi en primera, en la popular sur. No debía aún, pero logró un permiso especial firmado por el club y el Instituto. "Eso me mantenía vivo para salir del problema, demostrarme que podía. Fui entonces con mi viejo y un primo en silla de ruedas, todo flaquito, con cuatro fajas porque estaba abierto, y ¿dónde lo quise ver el partido? Abajo, en la popular, en medio de la hinchada atrás del arco. Y con una patita fui bajando. Todos los pibes de la hinchada me saludaron. Fue mi primera salida después del accidente, y me alimentó. El fútbol es mi pasión".

En su permanencia en el instituto, también tuvo algunas travesuras, como escaparse a las 12 de noche al inmenso parque del predio de rehabilitación para verse con un amigo, al cual invitaba por Whatsapp: "El de seguridad, pobre, salía con la linterna. '¡Di Scalaaaa!' Y cuando me encontraba: '¿dónde te metiste, no seas boludo, avisame...'. Ya había aprendido a hacer la willy con las sillas de ruedas", sonríe. 

Tres meses después de su llegada a Inareps, llegó el alta, otra vez antes de tiempo. La garra de Leo, la dedicación del Instituto, fueron la combinación para otro nuevo comienzo. 

El fútbol, la pasión inalterable 

La vida de Leonardo Di Scala estuvo siempre atravesada por el fútbol. A los 3 años su mamá lo llevó a la escuelita del Club Banfield, pero una frase desafortunada de un entrenador lo hizo volver a ese deporte recién a los 6, en Talleres. En la entidad de la calle Magallanes forjó amistades y aprendió los primeros conceptos del juego. Y a los 10 años, pasó a Aldosivi, luego de que un ´profe´ lo viera patear mientras su madre tomaba mates viendo el partido del hijo de una amiga, en el predio del "Tiburón". "Fue una decisión importante dejar el club donde me crié, un lugar tan familiar, con mis amigos. Pero yo en el fondo quería ir a Aldosivi por lo que representa", manifestó Leo a 0223. Allí jugó los siguientes cuatro años, hasta que su división, la séptima, tenía que jugar las competencias de AFA y le dijeron que iban a llegar nuevos jugadores de otros lugares. No sin dolor, pasó a Banfield un año, hasta regresar a su Talleres Fútbol Club.

Leonardo Di Scala siempre jugó como lateral derecho, y unas pocas veces de volante por ese sector. "Era un lateral bastante intenso, con mucho ritmo. Me gustaba atacar. Me entrenaba mucho en lo físico para ir y volver. Un jugador inteligente, buscaba espacios, era estructurado para atacar y defender. Una referencia era el 'Negro' Ibarra (exfutbolista multicampeón con Boca Juniors)".

En inferiores de Talleres, el club que lo formó. "En mis venas corre sangre roja y amarilla", dijo.

El entrevistado reconoce que, tras la frustración de su paso por Aldosivi, ya veía difícil la posibilidad de llegar lejos en el fútbol profesional. "Tenía el sueño. Quería ser profesional y jugar en Boca, Real Madrid, la Selección. Pero cuando uno fue creciendo se fue achicando la chance. Salir de Aldosivi me dolió, ya tenía 15 años, y con los pies sobre la tierra, apunté entonces a la meta corta, entrenar y llegar a la primera local", reseñó. 

Tal vez como un guiño del destino, en el que consideró que fue su mejor momento en el fútbol -entre los 14 y 15 años- ("absorbía mucha información de los entrenadores, veía todo el fútbol"), sufrió un accidente de juego que lo alejó de las canchas durante una temporada. En un partido de inferiores ante Independiente, quiso evitar que se fuera una pelota al lateral, tiró el 'taco´, y al caer se agarró del alambrado, con la mala suerte de que un rival cayó encima suyo y le fracturó muy mal uno de sus brazos. "La gente estaba aterrorizada, veía el brazo colgando, fue casi expuesta. El preparador físico de Independiente me lo acomodó. Yo, que luego descubrí soy tolerante al dolor, quería seguir jugando. Fue un momento muy triste, hoy ese brazo no lo puedo mover en su totalidad", recordó, remarcando también que la rehabilitación no pudo ser hecha de la mejor forma. 

Leonardo se recuperó con mucho esfuerzo y volvió a jugar: "Ya noté que me costaba mucho, y me decidí a meterle. Cuando llegó el accidente no estaba en mi mejor momento pero estaba sintiendo que volvía a la competición en buena forma", finalizó sobre su etapa como futbolista previo a la amputación.

Real Voluntad, el nuevo refugio

Luego del accidente y la rehabilitación, Leonardo Di Scala intentó reconstruir su vida de la mejor forma, "viendo todo un año qué me llenaba el alma", reconoce. El deporte siempre sería su lugar. Comenzó con el gimnasio, y se animó a jugar al básquetbol adaptado en el equipo de Cìdeli, donde aprendió la técnica de lanzamiento y de manejo de la silla de ruedas. "Me desenvolví bastante bien", comentó de esa experiencia que le valió viajar por el país para competir. El 2018 fue el año del despegue. Terminó el secundario, y el curso de entrenador de fútbol en la escuela de Atfa, para él un quiebre: "Me partió la cabeza a la mitad y me la abrió como un libro. No solamente en cómo se juega, en lo táctico. Sino en la psicología, la neurociencia, y te saben dar el por qué, el cómo, y para qué sirve todo. Yo escuchaba a un profe de psicología y recuerdo que no hablaba, mi cabeza era una esponja. Escuchaba y anotaba todo. Me hizo un hombre más responsable y sabio, y crecer un montón", aseguró. Estrenó título con otra muy linda experiencia en un equipo de fútbol femenino infantil de Kimberley, la cual agradece y recuerda con afecto.

Pero antes, llegó a su vida el fútbol para amputados. Una señora llamada Alejandra intentó sin éxito durante un año convencerlo de que debía armar un equipo en Mar del Plata. "Me negaba a reunirme con ella. Yo me preguntaba, ¿esta señora me está tomando el pelo? Me hace mal no poder jugar y me dice esto... Ya me molestaba su insistencia y dudaba si lo decía para motivarme falsamente, o si realmente me quería ayudar", recordó. Hasta que un día, Solange, su novia, le sugirió que por lo menos la atendiera y escuchara para al menos sacarse la duda. A principios de 2018 tomaron un café, y Alejandra le expresó: "Leo, no sé por qué hoy tuviste la decisión de reunirte conmigo, pero se alinearon los planetas: en tres días justo viene un equipo de fútbol para amputados de Chaco, a jugar un torneo de voley adaptado". Y llegó el click. "Ansioso, me junté con ellos en el hotel, venían de un día de viaje. No los dejaba ni comer. Y me sumé a su entrenamiento. Cuando empecé a ver cómo ellos se movían, se entendían, recepcionaban, hacían paredes, descargaban a un toque o le pegaban misiles al arco... me dije 'yo puedo hacer esto, y mejor'". Aquella primera práctica, claro, no fue fácil: "Yo corría y me caía. Me daba tanta rabia pegarle y que la pelota haga dos metros... Pero pasé de estar totalmente negado a estar 100% curioso para descubrir cómo era el fútbol para amputados."

Real Voluntad, el equipo de Di Scala que representa a Talleres en la Liga Nacional de fútbol para amputados.

Desde entonces, Leo Di Scala no paró hasta conformar Real Voluntad, su actual equipo. Se sentó a plasmar ideas en un papel, buscó el respaldo de su club, Talleres, y la presidenta Alejandra Bonsi aceptó la propuesta de inmediato. "Le agradezco a ella y la comisión por apoyarme", sostuvo. Luego, dado que jugar en parquet es peligroso, consiguió un espacio de entrenamiento en las canchas de césped del Inareps aprovechando el buen vínculo tras su estadía. "Me pidieron que consiguiera más gente. La mayoría ahí eran más grande, de 50, 60 años, era raro ver un joven amputado. Hasta que lo crucé a Pascual Battione, hoy un gran amigo -y compañero en la Selección argentina- que llegó un mes después que yo". La historia continuó con el reclutamiento de jugadores, tarea nada fácil: "Arrancamos un grupo de cuatro personas, recolectando gente en las paradas de los colectivos, en Inareps, en la calle... Era difícil que un amputado se viniera a ofrecer para jugar. Pero preguntando con el respeto necesario, porque por ahí esa persona lo toma como un chiste, como me pasó a mí. ¿Cómo voy a jugar al fútbol con una pata?".

En acción durante un partido de Real Voluntad.

En 2019, Real Voluntad debutó en la Liga Nacional que organiza la Federación Argentina de Fútbol para Amputados. “Fue hermosa la primera Liga. Terminamos últimos, pero fue hermosa", rememoró Leo con una sonrisa. El debut, accidentado, fue con un viaje a Mendoza para jugar la doble fecha. Como cada empresa de ómnibus cede un cupo de 4 lugares para discapacitados, viajaron en tandas, y un jugador llegó más tarde. Otro, "se escapó de la concentración", recordó. El primer partido fue derrota 5 a 1 ante Los Cóndores, pero con una felicidad para Leonardo: anotó el primer gol oficial de Real Voluntad en la Liga, que se ve en el siguiente video:

“Significó mucha alegría ese gol, me llenó de ilusión para llegar a la Selección, que era uno de mis sueños", afirmó.

Di Scala asumió naturalmente el liderazgo de Real Voluntad desde su conformación. Reconoce con el tiempo que al principio fue por demás exigente, lo que llevó a algunos conflictos internos ya superados: "No podía pretender ese compromiso de todos. No somos todos iguales. A veces hubieron muchos choques, desacuerdos y peleas. Pero todo fue para el bien de la causa, y hoy estamos todos juntos, con viajes, dos años, y todo fue aprendizaje del cual estamos agradecidos. Nos fortaleció. Todos nos enojamos pero ninguno desistió, sabiendo que estábamos por el buen camino, generando algo lindo para la ciudad, por eso el nombre de Real Voluntad. Esperamos seguir creciendo”.

El equipo creció rápido y aquella primera temporada, tras algunas goleadas en contra que fueron puntos de inflexión, terminó con una histórica victoria 1-0 ante Lobos de Mercedes, equipo experimentado y que llegaba invicto. "Fue una gran motivación para el año siguiente. Fuimos un equipo de principiantes pero con cualidades: entrenábamos 3 veces por semana cuando el resto lo hacía solo una". 

La pandemia sorprendió al mundo y Real Voluntad no pudo comenzar su segunda Liga Nacional, la cual se había preparado con refuerzos de Buenos Aires y Bahía Blanca. El grupo de Whatsapp del equipo cuenta con casi 50 jugadores, de los cuales alrededor de 20 son los más activos. "El deseo es seguir sumando, los que dejaron que vuelvan también, les hace bien a ellos no solo físicamente, sino para la mente".

El 2019 también tuvo una hermosa noticia para Leo: la convocatoria al seleccionado argentino de fútbol para amputados, que llegó junto a sus amigos Pascual Battione y Emanuel Maldonado. En febrero, iban a viajar a jugar la  Copa Confederaciones a San Pablo, Brasil, pero la pandemia canceló toda actividad. "Representar estos colores me llena de orgullo y felicidad. Mi sueño es salir campeón con la Selección”, sueña Leo, con la mira fija en el Mundial de Polonia en 2022.

Di Scala y su amigo y compañero Pascual Battione, en la Selección.

"Yo creo que algo fuera de lo normal pasó para que yo siga vivo"

"No hay que juzgar nunca el sueño de uno. Por más que sea imposible, de alguna manera tenes que llegar a algo. Eso fue lo que me mantuvo fuerte, me nutrió e hizo crecer y querer jugar al fútbol. No importa cómo ni donde". Toda una declaración de principios la de Leonardo Ezequiel Di Scala. "Me considero un soñador, sueño algo imposible y apunto a eso. No importa. Me hace crecer, aprender, más que nada en el trayecto para llegar a eso", agregó quien anhela alguna vez armar una fundación para ayudar a gente carenciada y que sufre diferentes discapacidades. 

La sabiduría de sus palabras sorprende. La naturalidad para refrescar su vida, contarla sin miedos ni tristezas, impacta.

-¿Te sorprendió la repercusión que tuvo tu accidente en aquel momento?

-Sí, me impactó. Por ahí uno dice, ¿por qué me tocó el accidente y me falta una pata a mí? Pero la pregunta es, ¿por qué tanta gente piensa en mí, me manda saludos? Tuve mucha suerte. Todo conformó esta linda energía para seguir adelante, y de seguir soñando porque esto no queda acá. Mucha gente oró por mí, y yo creo que eso formó el milagro. Yo soy muy creyente en Dios. 

-¿Sostenés realmente que tu salvación fue un milagro?

-Mirá, yo fui el colegio Inmaculada Concepción, tuve una infancia escolar muy religiosa. Y más allá de eso siempre tuve una conexión con Dios, siempre le hablaba, y con todo esto mucho más. Le agradezco cada día, poder hablar en esta nota con vos, poder caminar o jugar, comer, trabajar... Dios no pudo no haber escuchado la oración de toda la gente. Tuvo que actuar, además de la fuerza mía y de los médicos, yo creo que algo fuera de lo normal pasó. Porque atrás mío hubo otros accidentes similares, y no la pudieron contar, desgraciadamente. 

Tras esta respuesta, Di Scala citó un momento muy espiritual que le tocó vivir en un templo evangélico, invitado por su excompañero en Talleres Francisco Ungaretti: "Después del accidente, tuve un período de mi vida donde todas las noches lloraba. Y no sabía por qué. Esperaba que mi novia se durmiera, y automáticamente me largaba a llorar. Le agradecía a Dios, le preguntaba por qué estaba así. En un tramo de la misa, todos pasaron adelante, el pastor predica con otros, y dicen que hablan con Dios supuestamente. Y la pastora me dice 'Leo, Dios me está hablando de vos. Dice que no te angusties por las noches, que es normal lo que te pasa. Pero dice que es parte del proceso porque vas a buscar algo muy grande para tu vida, que está por llegar, que está en vos buscarlo o no'. Nadie más que yo sabía que lloraba"

-¿Nunca tuviste enojo por lo que te pasó?

-No. Siempre supe que me pisó un camión, y no podía enojarme, porque estaba vivo. Y hago las mismas cosas que antes, o más. Aprendí que la vida es más difícil que fácil. Pero es hermosa, por donde la mires. Toda la vida es hermosa. Hasta en las cosas malas tenés un aprendizaje, y está en vos saber aprovecharlo. Eso sí, lo único que me jode es que antes podía levantar 40 bolsas de cemento, y ahora apenas 3, ayudando a mi viejo en su trabajo (risas).

En plena pandemia, Leonardo Di Scala agradece poder tener un trabajo en la empresa Edea, entrena por su barrio, extraña el fútbol y aguarda alguna vez superar la burocracia para volver a tener una pierna ortopédica que le calce a la perfección, tras varios intentos fallidos. Mira atrás, y analiza: "Lo que me pasó, me cambió. Antes del accidente siempre tuve energía, pasión, nerviosismo, mucha fortaleza. Actuaba más por impulso. Hoy en día pienso más las cosas, las valoro. Analizo. Escucho más a la gente, la vida me enseñó que no hay que menospreciar a nadie", declaró, con su tono a punto de quebrarse de la emoción. A modo de autocrítica, ejemplificó: "Por ahí con las dos piernas, uno de chico, se reía de la gente con Síndrome de Down, por ejemplo. Hoy me arrepiento un montón, voy, ayudo, me encanta levantar a la gente de la calle, me metí en el fútbol femenino para abrirle la cabeza a la sociedad."

"Me acuerdo que alguna vez tuve dos piernas, que tuve una vida normal. Pero más me acuerdo más haber nacido más así, con el accidente. No sé, como que una parte de mí se perdió", relató. "Cuando la vida te golpea fuerte, tenes dos opciones: o te hundís, o resurgís como un rey. Después del accidente todo en mí se potenció y seguirá potenciándose, porque tengo muchas ganas de seguir aprendiendo de todo el mundo", finalizó este chico soñador, apasionado y que en cada palabra, clavó la pelota al ángulo.

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