La ficción y sus hacedores

El arte de escribir y pensar la literatura en la voz de los propios escritores y escritoras nacionales. El placer de encontrarse con entrevistas inteligentes y respuestas pensantes.

Más que un racconto de lo realizado son estampas de la creación literaria, dice Hopenhayn. .

14 de Noviembre de 2021 11:23

Para cualquier lector o lectora, recorrer las librerías de la calle Corrientes en Buenos Aires es un paraíso. Uno encuentra material olvidado, nuevo y usado, que casi lo obligan a tenerlo y leerlo (por más tiempo y lista de pendientes que uno tenga).

En una de esas recorridas me encuentro con un libro editado hace diez años por el Fondo Nacional de las Artes. En una lectura rápida descubro que es el resultado de una de las tantas actividades que realizaron por aquella época, fuera de pandemia, en la Casa de cultura de Buenos Aires. Allí, Silvia Hopenhayn charló con distintos escritores y escritoras de nuestro país, buscando ahondar en sus procesos creativos, pero también pensando y analizando su obra. El resultado es La ficción y sus hacedores. Entrevistas con Silvia Hopenhayn (FNA – 2011), material que genera interés por los entrevistados y, además, es un puente hacia muchos textos de nuestra literatura nacional.

Silvia Hopenhayn logra respuestas fantásticas en torno a la propia literatura, pero también en cuanto a la persona detrás de los textos. Como se aprecia en el libro, lo mejor es dejar hablar a los propios protagonistas  (Diana Bellesi, Leopoldo Brizuela, Abelardo Castillo, Griselda Gambaro, Noé Jitrik, Matilde Sánchez, Héctor Tizón, Luisa Valenzuela y Marcelo Cohen entre otros tantos).

La ficción y sus hacedores fue un ciclo de lectura y conversación.

Leopoldo Brizuela (Inglaterra. Una fábulaLisboa)

“…con respecto a lo que decís sobre el mercado, lo único que quisiera es que me dejaran escribir lo que puedo escribir, ni siquiera lo que quiero, sino lo que puedo. Hay una actitud doble, no solo en el mercado sino en la academia, en la crítica, que son dos entidades morales –yo creo que en el fondo toda crítica es moral-, en cuanto  a que tenés que ser libre pero en la manera en que yo te digo o tenés que ser diferente pero no de esa manera. Lo prescriptivo me enoja bastante”.

Abelardo Castillo (El que tiene sedEl evangelio según Van HuttenSer escritor)

“Creo que lo que importa en la literatura, así como en la pintura o en la música, es el efecto que causa en el que mira, lee u oye. Esto ya lo advirtió Aristóteles que, cuando hablaba de la catarsis, estaba hablando del efecto que el arte produce en la gente, no del efecto que producirá en su autor”.

Marcelo Cohen (La solución parcialEl oído absolutoEn casa de otro)

“En mi caso, por supuesto que no es así, lo que sí es cierto es que escribir es una manera de vivir, por eso la relación con la experiencia es muy rara. Uno sabe que no tiene sentido decir ‘Voy a contar mi experiencia’, porque lo que está tratando de hacer es tener la experiencia que no tuvo escribiéndola, a través de la fábula, y la fábula tiene sus leyes. Se trabaja entonces con las leyes de la fábula –que existen desde hace veinticinco  siglos, por lo menos desde Gilgamesh o desde la Odisea-, es decir que este es un juego que tienen sus reglas que evolucionan continuamente; es una cosa constituida así… Se trabaja con esas leyes, que son las de un hecho vital, y al mismo tiempo se trata de violentarlas, para que se acerquen más a lo que uno piensa que tiene que ser”.

Edgardo Cozarinsky (Vudú urbanoLa tercera mañana)

“Uno siempre vuelve a Borges, porque aun en sus peores momentos hay un destello de lucidez, de verdad, aun cuando estaba más en su propio delirio, aun en el Borges de Bioy, aun en los peores momentos en los que se presenta la palabra de Borges, aparece algo novedoso”.

Griselda Gambaro (Dios no nos quiere contentosAntígona furiosa)

“Yo creo que cualquier autor tiene que tener cierta distancia  con el texto porque si no es como esas madres  que tocan a tus hijos y a uno le da vergüenza. Hay que tener cierto pudor con la gente muy cercana. En un texto pasa eso, si uno no toma distancia no ve los defectos y hay que leerlo como si fuera otro…”.

Carlos Gamerro (Las islasEl nacimiento de la literatura argentina y otros ensayos)

“soy un fanático, un devoto de los clásicos, para mí la tradición literaria no es una idea, es una realidad muy palpable, me sirve, me ayuda haber leído la Ilíada y la Odisea, haber leído La Divina Comedia, haber leído el Quijote, es algo que siempre tengo presenten y en el caso del Quijote siempre vuelvo a él… En general para el escritor de ficción hay algo que no es una buena fuente de inspiración y es el respeto, a lo que sea. En ese sentido, los que me conocen saben que toda adaptación trucha de un gran clásicos es mía, esa la hago yo”.

Angélica Gorodischer (Kalpa imperialTrafalgar)

“Yo busco otra cosa, no la pureza del lenguaje sino su efectividad, que las palabras sean necesarias, que no me vaya en palabrerío. Hay veces que es preciso irse en palabrerío, pero en general busca la palabra justa”.

Federico Jeanmaire (MiguelPapá)

“Los escritores no somos genios, somos seres humanos como cualquier otro, que nos pasamos todo el día escribiendo y a fuerza de escribir todos los días aprendemos un poco más que el resto, pero sobre todo aprendemos una cosa que es a robarles a los que hicieron las cosas bien”.

La ficción y sus hacedores, la voz de los protagonistas.

Noé Jitrik (Mares del sudEl balcón barrocoEl dominio de la palabra)

“Yo descubrí bastante tardíamente que una de las funciones del lenguaje es predominante, la función narrativa. Si uno se detiene en el concepto de narración, la función narrativa supone un saber de algo ya transcurrido; la palabra narrar tiene que ver con conocer, el narrar siempre es recuperar un saber preliminar, sea cual fuere. Ahora, hasta que yo me di cuenta de eso todo el mundo tenia cosas o no tenía cosas para contar, tenía emociones para transmitir, imágenes en la poesía, etc.,  pero no era consciente de esta dimensión del lenguaje”.

Luisa Valenzuela (El mañanaLibro que no muerde)

“El tema también a veces está latente, pero primero surge quizás una necesidad de saber, de comprender. Hay una frase de Martín Buber que a mí me encanta y la repito siempre que puedo, que es: ‘Al crear, descubro”, que se refiere a esa necesidad de descubrir algo que me lleva a crear y a escribir”.

El libro continúa y los textos y las experiencias abundan. Clase magistral de periodismo, sobre todo de cómo preparar una entrevista, también puede leerse como una guía de modos a la hora de encarar la página en blanco. Todo estaba por ser dicho y se dijo. Quedan ganas de más, porque al decir de la propia Hopenhayn, “Las aquí transcriptas son como retazos de una vida, de algunas ideas, de algunos textos. Manías y anhelos. Creencias y destituciones. No son entrevistas que pretendan abarcar una trayectoria ni retratar a un autor. Más que un racconto de lo realizado, son estampas de la creación literaria, vista desde una ventana entreabierta por una corriente de empatía”.

 

 

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