Símbolos que vienen de la Edad Media

La simbología, dicen, nació en el antiguo Egipto. Tuvo se apogeo en la Edad Media y hoy a los símbolos se los piensa como Simbolismo fonético. Todavía hoy conllevan algo de inexpresable, así como una fuerte relación con el arte.

El simbolismo de los colores tiene relación con los siete planetas conocidos.

5 de Diciembre de 2021 08:36

Existe una fascinación por los símbolos. Viene de mucho tiempo atrás y son innumerables los textos que se dedican a ellos: a enumerarlos y otros a analizarlos comparándolo con distintos sistemas. Juan Carlos Cirlot asegura que “lo esencial es la captación, la identificación cultural del símbolo, la intelección de sí mismo, no su interpretación a la luz de una situación dada”. 

El estudioso también aclara en su diccionario de símbolos que “una lanza es una lanza”, esté guardada en una vitrina o en cualquier otro lado. Es decir que lo que cambia puede ser la significación emocional o intelectual del observador. Entonces, el objeto admite significaciones secundarias.

La simbología data de las primeras informaciones que se tienen de los egipcios. Fue la gran ciencia de la Antigüedad e inspiró todo el arte y la ciencia de la Edad Media. Como dice Carlos Fisas en su Curiosidades y anécdotas de la Historia Universal (Planeta – 1994) “No caigamos en el error de creer que la Edad Media fue una época de tinieblas, como tantas veces se dice y se escribe, no caigamos tampoco en la idealización de la misma tan cara a los románticos y a los productores de Hollywood”.

Los libros de Carlos Fisas son productos de sus lecturas.

El símbolo tuvo su tiempo, pero su eco aún se escucha. Devenido en simbolismo fonético y conceptualizado por distintos pensadores, hoy cruza muchos caminos. Valen estos párrafos para volver al libro de Fisas y algunos ejemplos de los símbolos de la Edad Media.

- Simbólicamente, los números han ofrecido un importante soporte de producciones simbólicas: “El número 1 se asigna a Dios único y eterno, el 2 es símbolo de la dualidad, carne y espíritu, luz y oscuridad, derecha e izquierda, hombre y mujer, etc. La Trinidad está representada por el número 3, como es natural, a la par que representa también la trinidad humana de cuerpo, alma y espíritu. El 4 representa los cuatro evangelistas, las cuatro virtudes, los cuatro puntos cardinales, las cuatro estaciones, las cuatro letras del nombre de Adán y los cuatro miembros del cuerpo: dos brazos y dos piernas. El 7 es el número místico por excelencia y su tradición viene de muy lejos, recuérdese el candelabro judío de siete brazos, los siete planetas, los siete días de la semana, las siete maravillas del mundo, etc. También es significativo el simbolismo que se atribuye al número 12: 12 apóstoles, 12 signos del zodíaco, 12 meses del año, 12 tribus de Israel… En cuanto al número 13, de mal augurio, parece que se atribuye su mala fama a la Santa Cena con Cristo y los 12 apóstoles, uno de los cuales traicionó al Señor”.

- El simbolismo del color es de lo más universalmente reconocido y usado en liturgias, heráldicas, alquimia, arte y otras disciplinas: “El simbolismo de los colores, tan importantes en la heráldica y que tienen relación con los siete planetas conocidos entonces. El negro o sable representa Saturno y evoca la tristeza; el rojo o gules, asociado a Marte, es un color de la caridad o de la victoria; el blanco o plata es la Luna, simboliza la pureza y la franqueza; el amarillo, oro, es el Sol, la inteligencia, la sensatez; el verde, sinople, Venus, la esperanza; el azul, azur, Júpiter, evoca el cielo, y el violeta, púrpura, Mercurio. (El amarillo y el blanco no se consideran colores sino metales”.

Cada arma utilizada en combate poseía un significado especial.

- Los orígenes del simbolismo animalístico se relacionan estrechamente con el totemismo y con la zoolatría. En ellos se contempla sus cualidades, sus actividades, formas y color, así como relación con el ser humano. Por ejemplo: “El pelícano, que se creía que se abría el vientre para alimentar a sus hijos, representaba la Redención; el águila, que mira al sol cara a cara y mata a sus polluelos si no lo hacen, enseñaba a renegar de los hijos si éstos no servían a Dios; la tórtola, simple y casta, viuda inconsolable, representaba la Iglesia y, por fin, el rey de los animales, el león, tenía varios significados, pues se le atribuían costumbres muy curiosas, como, por ejemplo, que dormía con los ojos abiertos, lo que significaba que la muerte de Cristo no era más que aparente; cuando veía a un hombre por primera vez temblaba, pues Dios hecho hombre se humilló; el león perseguido al huir borraba con su cola sus huellas, lo que significaba que Dios, en la Encarnación, había burlado al diablo; por su parte la leona pare a sus hijos muertos, que solo vuelven a la vida al cabo de tres días, lo cual es un signo de la Resurrección”. 

- Las armas siempre se vieron como las oponentes a los monstruos, por eso cada arma utilizada en esos combates poseía un significado especial. Pero más allá de eso, las armas del caballero también tenían su significado simbólico: “La espada tiene una hoja clara, que significa la pureza del caballero, tiene dos filos correspondientes a las leyes humanas y divinas, termina en punta para matar a los enemigos de la Santa Iglesia, la empuñadura tiene forma de cruz, que besa el caballero antes de entrar en batalla y cuando se siente morir, o bien un pomo redondo, que significa el mundo al que debe servir el caballero”.

Los números han ofrecido un importante soporte de producciones simbólicas.

Para que el símbolo se desarrolle y tome forma de mito se necesitan otros pasos. Pero coinciden como fuente. Coinciden en acercarnos al origen y a la palabra. Los Antiguos se expresaban a través de símbolos y mitos. Trascendieron así los tiempos porque el símbolo nos remite a lo atemporal, por más que edad histórica y cultura influyan y condicionen hoy a algunos de ellos, pero no a lo inexpresable que conllevan.

El propio Carlos Fisas asegura que su libro, así como los restantes de divulgación histórica que posee, son producto de sus propias lecturas (otro gran logro de la obra es el número importante de bibliografía que propone al final). Es decir, es un trabajo de divulgación, no de investigación histórica. Pero bien vale la información para pensar en la memoria de la historia. 

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