El escribiente

28 de Marzo de 2021 11:06

A un ladrido de la humanidad

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A un ladrido de la humanidad es el primer libro de cuentos de Martín Kobse. Surgidos de su hábito de esperar de la realidad algún disparador, en estos 11 cuentos ella misma es la protagonista con sus personajes y sus sentimientos.

A un ladrido de la humanidad (Gogol – 2021) es el primer libro de Martín Kobse. En él encontramos cuentos que provienen de la propia experiencia y de las buenas lecturas del autor. Para acceder a estas historias no hay que salirse de la realidad. Ella misma es la protagonista con sus personajes y sus sentimientos. Por eso, más que leerlos, uno participa de ellos donde se involucra el amor, el humor y, sobre todo, las  vivencias. El propio Kobse lo explica: “Son historias de ficción que yo las escribo a partir de un disparador que siempre tiene que ver con la realidad, una imagen, una noticia, algo que me cuentan”.

-Entonces, ¿a estos cuentos los ves como parte de tu realidad, de tu verdad o como consecuencia de ella, de lo que te toca vivir a diario?

- Los temas tienen que ver con mi vida. Yo no puedo escribir sobre cosas que no conozco. Sí me gustaría, quizás en un próximo libro, crear personajes totalmente distintos a mí. Quizás como desafío literario, me gustaría crear un personaje que no tenga nada que ver conmigo.

Entre los cuentos que encontramos en el libro, hay uno que es muy caro al autor. Se trata de Un billete de Navidad, que está inspirado en la vida de su abuelo. “Es el cuento que yo siempre quise escribir y no pude. Pero ahora salió. Se trata de la historia de mi abuelo cuando llegó a la Argentina. Esa historia yo la escuché toda la infancia. No había vez que nos juntáramos con la familia y mi abuelo no la contara con cierta resignación, pero que tienen un final muy feliz”. explica el autor.

Si bien la ficción difiere un poco de los hechos reales, la historia narra cuando su abuelo llega a la Argentina como mucho otros inmigrantes. La idea era prosperar y volver a su país, Yugoslavia, con su familia. Tenía 18 años y en Europa había una gran hambruna luego de la Primera Guerra Mundial. Kobse se entusiasma con la historia, “Su idea era ganar algo de dinero y regresar. Nunca estuvo en sus planes quedarse por acá. Viene con un gran amigo, su amigo de la infancia. Acá mi abuelo se compra un billete de Navidad. Pero para poder comprárselo tuvo que gastarse todo lo que tenía, que no era mucho (él era lavacopas). Y luego, le dio cierto remordimiento, cargo de conciencia por el hecho de gastarse casi todo lo que tenía en un billete. Al verlo así, su amigo se lo compra. Y pasó lo que imaginamos, sale ese billete y el amigo se saca la grande” cuenta.

Finalmente decide regresar a Europa y durante la despedida, el ganador “le presenta a mi abuelo una chica, quien sería luego mi abuela” sostiene Kobse. Y agrega, “Yo no lo sabía, pero mi abuelo era un muy buen narrador e ironizaba mucho sobre eso.  Finalmente tiene, para mi abuelo, un final muy feliz. Él prosperó y formó su familia acá y tuvo una linda vida, y en Europa vino la segunda Guerra Mundial y este nuevo millonario tuvo que ir al frente a pelear, muere ahí y se pierde todo lo que había ganado”.

-¿Por qué creés que no podías contarla?

- A veces no encontrás  el tono. Lo contás pero no te deja satisfecho. Hubo muchos borradores antes que esta versión y no me conformaban los resultados. Quizás por eso de que estaba tan bien contada por mi abuelo que no sabía cómo hacerlo. Por supuesto que el cuento difiere en algo con la historia y eso me gusta de la ficción. Con estos cuentos me dicen: “Che, yo no sabía tal cosa”, y la verdad es que nunca existió, por eso no lo sabías.

Martín Kobse no se considera un escritor de tiempo completo. Según explica, sostiene mucho respeto por aquellos que se dedican a la literatura como una tarea permanente. “No es mi caso, yo tengo otras actividades y no me siento todos los días a escribir, no tengo una rutina. Por eso marco esa diferencia entre lo que es un escritor que se dedica permanentemente a eso y alguien que lo hace como una actividad que no es prioritaria. Esto no quiere decir que no me guste, que no me genere pasión y que no quiera seguir haciéndolo. Lo que yo sí tengo, por ahí, es una actitud de escritor, que tal vez es por mi profesión de periodista: estoy siempre atento  a lo que va sucediendo, observando, escuchando tratando de encontrar dónde puede haber una historia” argumenta.

-A esa actividad parcial, como la llamás, vos la ejercés a mano. Es decir, tus textos primero son escritos con lapicera sobre un cuaderno, para luego pasar por un teclado. ¿Cuál es la diferencia que sentís en eso?

- Es una sensación. Simplemente eso. Pero para mí es fundamental. Porque yo encuentro una contundencia cuando termino la frase a mano que no está cuando la escribo en el teclado. Nota mayor precisión, mayor elocuencia. La puntuación. Me acerca mucho más a la exactitud  que pretendo al escribir a mano. Después sigue todo igual. Al pasarlo ya viene una corrección y a esa le seguirán varias más. Me gusta ver el párrafo como queda a mano, con el tamaño de mi letra, veo todo con más claridad en el papel.

A un ladrido de la humanidad  comienza con un epígrafe de Osvaldo Soriano, donde reflexiona sobre los lectores, los gustos literarios y la actitud al momento de escribir. La elección no es casual. Soriano es una clara influencia en Kobse, pero más clara aún en estos cuentos que conforman el libro. El juego entre realidad y ficción, las historias y sus personajes pueden desprenderse de ahí tranquilamente. “Soriano me hizo entender  cómo se podía hacer la literatura. Si bien yo ya leía y escribía, él me hizo entender que acá, y con esto, se podía hacer trampa. Es decir, modificar algo real con la ficción. Además me marcó un camino. Quiero decir, el primer libro que leí de Soriano fue Triste solitario y final a los 17 años y él lo menciona a Raymond Chandler. Entonces empecé a leer al detective Marlowe y de ahí fui a Hammett y él lo menciona a Hemingway, es decir, fue un disparador para mí, para ir de lectura en lectura. Entonces yo estoy muy agradecido a Osvaldo Soriano a quién conocí y pude confirmar también su generosidad” sostiene.

-¿Pensás a la literatura como un medio o como un fin?

- Yo pienso a la literatura de ficción como un entretenimiento, como un pasatiempo, como algo que te permite atenuar los efectos de la soledad. Para mí no existe el aburrimiento ni la soledad si tengo un buen libro. Después, con el tiempo, si vos rastreás, lo que leés te va dejando huellas y entonces un lector va siendo lo que va leyendo, también.

El arte de tapa  del libro es de Valentina Sansalone, quien ilustró también alguno de los cuentos.  Según el propio autor fue una decisión muy acertada, ya que su aporte artístico “ha enriquecido el libro”.

En uno de los textos se afirma: “Los escritores usan historias de la vida real para construir tramas de sus cuentos o novelas”. Sin dudas una de las premisas del Martín Kobse escritor. Las dudas sobre qué es lo real y qué lo aportado por la imaginación del autor ciertamente enriquecen la experiencia lectora. Siempre a través del poder de la palabra, el camino es por ahí. O como dice el propio autor, “Seguramente como yo me imagino a estos personajes del libro ellos no se lo imaginan igual, entonces en ese pacto que no está firmado pero que existe entre escritor y lector hay algo maravilloso, algo mágico que yo disfruto mucho, y eso justifica el hecho de que sigamos escribiendo”. 

 

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