Cómo Mar del Plata se está convirtiendo silenciosamente en pionera del ecourbanismo
Con el empuje combinado de la conciencia medioambiental, la soberanía alimentaria y la resiliencia comunitaria, cada vez más residentes de Mar del Plata eligen plantar.
Por Redacción 0223
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Aunque Mar del Plata es más conocida por sus playas, su arquitectura y su bullicioso turismo veraniego, algo más silencioso -pero igualmente transformador- está creciendo por encima de nuestras cabezas y entre nuestros edificios. Literalmente.
En azoteas, balcones, solares vacíos e incluso terrenos abandonados, está floreciendo un nuevo movimiento: los huertos urbanos y las cubiertas verdes. Lejos de ser una tendencia limitada a capitales hipster como Berlín o Copenhague, esta revolución de base está echando raíces aquí mismo, en la costa atlántica de Argentina.
Las plantas y verduras están presentes en todas partes, incluidas en las slots online. Esta alternativa de entretenimiento permite que los jugadores se diviertan en Internet con diferentes temáticas y elementos visuales.
Con el empuje combinado de la conciencia medioambiental, la soberanía alimentaria y la resiliencia comunitaria, cada vez más residentes de Mar del Plata eligen plantar en lugar de pavimentar. ¿Cuál es el resultado? Una ciudad más verde, más sana y más sostenible: un tomate, una planta de albahaca y un cubo de compostaje cada vez.
Del gris al verde: ¿Por qué ahora?
La idea de plantar en zonas urbanas no es nueva, pero los últimos años han creado la tormenta perfecta para un cambio a gran escala:
● El cambio climático sigue poniendo a prueba las infraestructuras de Mar del Plata, lo que obliga a buscar soluciones de refrigeración natural
● El activismo juvenil ha llevado la conciencia medioambiental al primer plano del discurso público
● El aumento de los precios de los alimentos ha hecho que cultivar en casa no sólo sea idealista, sino práctico
Al mismo tiempo, las redes sociales, los tutoriales de YouTube y los grupos de jardinería de WhatsApp han hecho que sea más fácil que nunca empezar a plantar, independientemente de si se vive en un rascacielos o en una modesta casa de la periferia.
El nacimiento de un movimiento local
Una de las pioneras de esta transformación es la Cooperativa VerdeMar, una iniciativa marplatense nacida en 2020 que empezó recuperando un solar abandonado en el Barrio Don Bosco. Lo que comenzó como un pasatiempo de fin de semana se ha convertido en una huerta comunitaria autosustentable que produce hortalizas, hierbas y hasta plantas medicinales, todo cultivado orgánicamente y distribuido entre los vecinos.
La cofundadora Lara Espíndola, bióloga de 31 años, explica: "No se trata sólo de comida. Se trata de sanar la tierra, reconectar con ella y transformar el espacio público en algo bello y útil".
VerdeMar ofrece ahora talleres gratuitos sobre compostaje, huertos verticales, conservación de semillas y sistemas de riego DIY, todo ello desde un espacio vecinal construido con materiales reciclados. Pero no son los únicos.
Azoteas verdes en alza
En el centro de la ciudad, una versión más tranquila de la misma revolución se está produciendo más arriba. En el barrio de Stella Maris, los vecinos de un edificio de cinco plantas decidieron convertir su terraza en un tejado verde. Con la ayuda de un arquitecto local, plantaron flores autóctonas, hierbas y pequeños árboles frutales.
¿Los beneficios? Temperaturas interiores más bajas en verano (hasta 5 °C menos), mejor aislamiento en invierno, aumento del valor de la propiedad y un espacio para actividades comunes como yoga u observación de las estrellas. Es un modelo que podría -y debería- reproducirse en docenas de edificios de Mar del Plata.
Los beneficios medioambientales son reales
Mar del Plata sufre el "efecto isla de calor urbano", un fenómeno en el que el hormigón y el asfalto absorben e irradian calor, elevando las temperaturas de la ciudad y empeorando la contaminación atmosférica. Los tejados verdes y los jardines mitigan este efecto de forma natural, a la vez que:
● Reducen la escorrentía de las aguas pluviales
● Absorben CO₂ y producen oxígeno
● Fomentan la biodiversidad atrayendo a polinizadores como abejas y mariposas
● Ayudar a los ciudadanos a gestionar los residuos mediante el compostaje
En una ciudad costera como Mar del Plata, donde las inundaciones son una preocupación creciente, estas microintervenciones se están convirtiendo en soluciones macro.
Agricultura urbana y justicia alimentaria
La inseguridad alimentaria no es sólo un problema de pobreza rural. En algunas zonas de Mar del Plata, sobre todo en la periferia de la ciudad, familias enteras viven con un acceso irregular a los productos frescos. Por eso son tan importantes iniciativas como Huerta Comunitaria Las Margaritas, en Batán.
Con unas pocas hectáreas y un equipo de voluntarios, esta huerta comunitaria suministra frutas y verduras a los comedores populares cercanos e incluso a las escuelas locales. El proyecto también empodera a las mujeres ofreciéndoles formación y empleo en agricultura sostenible.
Si se amplían con apoyo municipal, proyectos como éste podrían convertirse en la columna vertebral de un nuevo sistema alimentario local que reduzca la dependencia de las cadenas de suministro externas y ponga alimentos sanos en manos de quienes más los necesitan.
El papel de la ciudad y sus limitaciones
Hasta la fecha, la Municipalidad de General Pueyrredon ha dado muestras limitadas pero prometedoras de interés por el ecourbanismo. Un programa piloto de 2022 distribuyó plantones y kits de compostaje a las escuelas, y una ordenanza de 2023 fomentó los techos verdes en las nuevas construcciones, pero estas medidas siguen sin contar con fondos suficientes y se promueven de manera inconsistente.
Lo que se necesita ahora es una política integral de agricultura urbana que incluya:
● Incentivos fiscales para la infraestructura verde
● Subvenciones para huertos comunitarios
● Protección jurídica de los espacios verdes informales
● Integración en la planificación urbana y el desarrollo inmobiliario
Si ciudades como Rosario pueden convertirse en modelos mundiales de agricultura urbana, ¿por qué no Mar del Plata?
Del nicho a la norma
Lo que antes se consideraba excéntrico o marginal se está convirtiendo en sentido común. Los tejados verdes ya no son sólo un elemento «ecológico» de los hoteles boutique, sino que los demandan los vecinos y los promotores inmobiliarios. Los huertos comunitarios ya no son sólo para activistas: son centros de resiliencia, educación y solidaridad.
La belleza de este movimiento es que es escalable e inclusivo. Cualquiera que tenga un balcón, un patio o incluso el alféizar de una ventana puede abrir un huerto. Y cada planta marca la diferencia: en la temperatura, en el estado de ánimo, en las emisiones.
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