El peligroso mensaje de Milei: "Ganar es lo único que importa"

En una entrevista, el presidente Javier Milei exaltó la idea de que “ganar es lo único que importa”, apelando al fútbol y al concepto de mérito individual. Sin embargo, el mensaje omite factores estructurales clave y deja flotando una concepción peligrosa para la convivencia democrática, donde el resultado parece justificarlo todo.

Fútbol, mérito y poder: Milei y la trampa de reducir todo al resultado

26 de Enero de 2026 08:30

Por Redacción 0223

PARA 0223

Las palabras del presidente Javier Milei en la entrevista con Luis Majúl vuelven a encender una señal de alarma que va más allá del fútbol, o de la admiración personal por figuras como Sebastián Verón o Carlos Salvador Bilardo. El problema no es a quién admira el mandatario, sino el mensaje que construye y proyecta hacia la sociedad cuando eleva a dogma la idea de que “ganar no es lo más importante, sino lo único que importa”.

En su relato, Milei celebra a Verón como “un elegido”, una “cabeza no convencional”, y exalta a Bilardo como la máxima expresión del mérito: esfuerzo, trabajo, obsesión, acumulación de conocimiento. El bilardismo, dice, sería una filosofía donde el resultado justifica todo. La lectura es lineal, seductora y peligrosa: el éxito aparece como una consecuencia casi natural del talento individual y del sacrificio personal, desconectado de cualquier contexto social, colectivo o estructural.

Ese enfoque omite -deliberadamente o no- una verdad incómoda: el mérito individual no nace en el vacío. El esfuerzo, el talento y la competencia están profundamente condicionados por la herencia, la clase social, las oportunidades de origen y, muchas veces, por las conexiones. No todos parten del mismo lugar ni corren la misma carrera. Presentar el triunfo como una cuestión puramente individual es ignorar las desigualdades de base y trasladar la culpa del fracaso exclusivamente a quienes no llegan.

 

El uso del fútbol como metáfora refuerza esa distorsión. Porque, aun en el ejemplo que elige Milei, el fútbol es un deporte esencialmente colectivo. No existen los campeones solitarios. Ni Verón ni Bilardo ganaron solos. Detrás de cada logro hubo equipos, cuerpos técnicos, clubes, estructuras, contextos históricos y sociales que hicieron posible esos éxitos. Incluso el bilardismo -tan citado como sinónimo de pragmatismo extremo- se sostuvo siempre en la organización colectiva, en el rol de cada jugador y en una idea de grupo por encima del individuo.

Las expresiones del mandatario no son casuales: forman parte de una cruzada feroz que él y su sector emprenden contra los referentes actuales de la Selección Argentina como Messi, Tapia y todo aquél que forme parte de la AFA. Elegir la escuela de La Plata no nace de un repollo, es parte de una estructura sistemática orquestada contra la gestión actual del fútbol argentino.

Pero además, cuando el presidente afirma que “ganar es lo único que importa”, el mensaje trasciende la cancha y se filtra en la vida social, económica y política. Legitima una lógica donde el resultado justifica los medios, donde el que queda afuera es descartable y donde la empatía, la solidaridad o la cooperación pasan a ser valores secundarios, casi ingenuos. En una Argentina atravesada por la desigualdad, esa narrativa no sólo es incompleta: es riesgosa.

El liderazgo presidencial no es neutral. Las ideas que se transmiten desde el poder moldean sentidos comunes. Y cuando se glorifica una visión extrema del mérito individual sin reconocer las condiciones que lo hacen posible, se corre el riesgo de construir una sociedad más fragmentada, más cruel y menos consciente de sus propias injusticias. Ganar puede ser importante. Pero cuando se lo convierte en lo único que importa, el costo colectivo suele ser demasiado alto.