La historia de María suma nuevas voces: denuncias previas, secuelas psicológicas y pedido de protección

La madre de la joven denunció que la orden de restricción no logró evitar nuevas agresiones y advirtió sobre el deterioro emocional de su hija. Además, aseguró que, tras la difusión del caso, otras mujeres contaron haber atravesado situaciones similares con el mismo hombre.

La historia de María suma nuevas voces: denuncias previas, secuelas psicológicas y pedido de protección

29 de Octubre de 2026 08:23

Por Redacción 0223

PARA 0223

María, de 19 años, sufrió una violenta agresión que le dejó una profunda herida en la frente y volvió a poner en evidencia una historia de violencia de género que, según denuncia su familia, se extendió durante meses. 

Su madre asegura que la joven era víctima de golpes y amenazas por parte de su expareja, en una relación de la que le resultaba difícil salir. Tras conocerse el caso, otras mujeres también señalaron haber sufrido episodios similares por parte del mismo hombre.

Una agresión que encendió las alarmas

De acuerdo con el relato de Adriana, la madre de María, durante una nueva discusión, el hombre habría agarrado a su hija del pelo, la habría arrojado al suelo y golpeado con los puños. También, según denunció, la habría atacado con una tabla.

En medio de la agresión, la joven habría alcanzado un cuchillo y le habría dado una puñalada en el pie para intentar que la soltara. Sin embargo, cuando intentó escapar, su expareja la habría perseguido con un palo y golpeado en la frente.

Después del ataque, "el hombre rompió el teléfono celular de la joven contra el piso", contó en diálogo con 0223.

María recibió múltiples puntos de sutura y actualmente continúa con curaciones diarias y tratamiento con antibióticos para prevenir una infección. Los estudios médicos realizados no habrían detectado fracturas.

Mientras intenta recuperarse de las lesiones, permanece acompañada por su familia y sus amigas, que se organizan para que no esté sola y puedan pedir ayuda en caso de una nueva situación de riesgo.

Una orden de restricción que no alcanzó para protegerla

Uno de los principales reclamos de Adriana apunta al funcionamiento de las medidas de protección. María contaba con una orden de restricción, pero su madre sostiene que no se estaba cumpliendo y que la familia no recibió una respuesta adecuada frente a la gravedad de los hechos.

“Sentimos que en la comisaría tomaron muy a la ligera lo que pasó y que no le dieron la importancia necesaria”, manifestó en conversaciones con este medio.

Según su testimonio, cuando acudieron a denunciar la situación, les señalaron que la joven también habría incumplido la restricción al volver a encontrarse con su expareja. Esa circunstancia hizo que se sintieran juzgados en lugar de acompañados. “¿Tengo que esperar a que la lastime y termine en coma, con problemas neurológicos o incluso muerta para que tomen medidas?”, cuestionó.

La madre también contó que su hija había recibido una alerta ciudadana, pero que el hombre le rompió el celular durante el episodio. Esa situación dificultó que pudiera contar con un medio propio para solicitar asistencia inmediata. Por ahora, sus amigas se turnan para acompañarla y mantenerse atentas ante cualquier eventualidad.

Las secuelas psicológicas: miedo, llanto y un vínculo del que no podía salir

Detrás de las lesiones físicas, la familia advierte un deterioro emocional que se habría manifestado mucho antes de la última agresión.

Adriana recordó que comenzó a notar cambios en el comportamiento de su hija, que antes era tranquila y afectuosa. María empezó a contestar de manera diferente y, según contó su madre, lloraba con frecuencia.

Uno de los momentos que más la alarmó ocurrió cuando recibió una llamada de su hija en la que le dijo que "no quería seguir viviendo". Durante esa conversación, la joven le habría contado los episodios de violencia que estaba atravesando.

“Él me ama. Él va a cambiar por mí”, era, según su madre, la explicación que daba cuando la familia le pedía que terminara la relación. Adriana y su esposo intentaron convencerla de que se alejara de su expareja porque temían que las agresiones fueran cada vez más graves.

La madre considera que María necesita acompañamiento psicológico para poder salir de ese vínculo. Actualmente, la joven está asistiendo a terapia.

Los cambios de conducta, el llanto persistente, el miedo y la dificultad para alejarse de una pareja agresora son señales que pueden aparecer en contextos de violencia sostenida. La dependencia emocional, las amenazas y el temor a las consecuencias de una separación pueden dificultar que una víctima rompa el vínculo. Por eso, el acompañamiento debe centrarse en su seguridad y bienestar, sin culpabilizarla por haber regresado con su agresor.

La exposición de imágenes agravó el sufrimiento

A la violencia física se sumó una situación de exposición pública a través de redes sociales. La madre aseguró que, después del episodio, el hombre" publicó una versión en la que sostenía que su hija se había cortado con un vidrio". También afirmó que difundió fotografías de María "en ropa interior y llorando".

La publicación de esas imágenes habría provocado una fuerte reacción emocional. Según Adriana, desde se comunicaron desde el área de contención para mujeres con su hija para brindarle asistencia porque estaba muy ansiosa y lloraba constantemente.

La difusión de imágenes íntimas o de contenido humillante sin consentimiento puede constituir una forma adicional de violencia y generar consecuencias psicológicas, como angustia, vergüenza, miedo y sensación de pérdida de control sobre la propia intimidad.

En este caso, la familia sostiene que la exposición profundizó el sufrimiento de María cuando todavía intentaba recuperarse de las heridas físicas.

Otras mujeres denunciaron situaciones similares

Tras la difusión pública del caso varias mujeres comenzaron a contar que también habrían sufrido episodios de violencia por parte del mismo hombre.

La madre mencionó particularmente a una mujer identificada por sus iniciales como B. C., quien, según dijo, habría presentado denuncias y obtenido una medida de restricción. También aseguró que esa mujer sufrió agresiones durante el embarazo.

Adriana afirmó que conoce esa situación porque B. C. es amiga de su hija mayor. Sobre las demás mujeres que se habrían comunicado o manifestado públicamente, señaló que no tiene información precisa acerca de si todas formalizaron denuncias.

“Tiene 19 años, un bebé y ganas de vivir”

La preocupación de Adriana no termina con la recuperación física de su hija. Su mayor temor es que las agresiones vuelvan a ocurrir y que las medidas de protección no alcancen para evitar una nueva situación de peligro.

“Mi hija tiene 19 años, un bebé y ganas de vivir”, expresó, al insistir en que necesita que la denuncia avance y que las autoridades intervengan para garantizar su seguridad.

La familia y las amigas se convirtieron, por el momento, en su principal red de contención. Sin embargo, Adriana reclama que esa responsabilidad no recaiga exclusivamente sobre su entorno y que exista una respuesta institucional acorde con el riesgo que denuncia.

El caso expone una problemática que va más allá de una lesión física: el impacto psicológico de la violencia sostenida, las dificultades para abandonar una relación abusiva, la exposición de la intimidad y la preocupación por la protección de quienes denuncian.

Mientras María continúa con sus curaciones y su tratamiento psicológico, su familia espera que los hechos sean investigados y que las medidas de protección se hagan efectivas. El reclamo es que su historia no quede reducida a una herida visible, sino que permita atender también el miedo, el sufrimiento emocional y los antecedentes denunciados por otras mujeres.

Si sufrís violencia de género o conocés a alguien que esté atravesando una situación similar, podés comunicarte con la Línea 144, gratuita, confidencial y disponible las 24 horas, todos los días, en todo el país. Ante una situación de emergencia, llamá al 911.

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